El Ministerio de Salud de la Nación dio un paso clave al incorporar el Accidente Cerebrovascular (ACV) y la Insuficiencia Cardíaca (IC) descompensada al Sistema Nacional de Vigilancia de la Salud (SNVS 2.0) como Eventos de Notificación Obligatoria. En criollo: ahora, todos los profesionales, equipos asistenciales e instituciones de salud tienen el deber legal y sanitario de reportar cada caso confirmado, siguiendo criterios comunes para todo el país.
La movida apunta a reforzar la vigilancia epidemiológica de estas dos patologías y a mejorar la capacidad de prevención y respuesta a nivel federal. Con el ACV, por ejemplo, se notificarán los casos confirmados según criterios clínicos y epidemiológicos. Esto va a permitir estimar con mayor precisión su incidencia a nivel nacional y por provincia, caracterizar el perfil de los afectados, evaluar el uso de las Unidades de ACV y medir indicadores como la mortalidad intrahospitalaria y la discapacidad al alta.
Además, se podrán identificar oportunidades de mejora en la organización de la red asistencial y orientar la planificación de recursos humanos, tecnológicos y financieros. Y acá va un dato que no es menor: el 70% de los ACV son de origen isquémico, y si se aplican terapias de reperfusión dentro de las primeras 4,5 horas, las secuelas neurológicas se reducen un 28%. Tener información sobre los tiempos de atención y el acceso a estas terapias es fundamental para saber dónde está fallando el sistema y cómo mejorarlo.
Esta medida se suma al trabajo que ya viene haciendo el Ministerio con el Programa Nacional para el Diagnóstico y Tratamiento del Accidente Cerebrovascular (PRONAC-ACV). El registro en el SNVS 2.0 va a generar evidencia sobre el funcionamiento de la red, lo que ayuda a evaluar resultados y a decidir cómo expandirla.
En cuanto a la insuficiencia cardíaca, la vigilancia se va a centrar en las internaciones por cuadros descompensados, diferenciando las primeras de las reinternaciones. Esto va a permitir conocer la incidencia y prevalencia de la enfermedad, identificar patrones de reinternación y evaluar la calidad de la atención. También va a aportar datos para fortalecer el seguimiento de los pacientes y mejorar la adherencia a los tratamientos, algo clave para evitar nuevas descompensaciones y hospitalizaciones.
Los números son elocuentes: la IC afecta a 1 de cada 60 a 90 argentinos, y su prevalencia supera el 10% en mayores de 65 años. En 2024, se registraron 26.404 fallecimientos por esta causa. Las reinternaciones alcanzan aproximadamente el 15% a los 30 días y el 50% a los seis meses. Además, alrededor del 70% de los costos asociados a esta enfermedad están ligados a las internaciones, así que prevenir nuevas descompensaciones es clave tanto para la salud de la gente como para el bolsillo del sistema.
Históricamente, la notificación obligatoria estaba reservada casi exclusivamente a enfermedades transmisibles o brotes epidémicos. Que ahora se extienda a patologías no transmisibles graves como el ACV y la IC es un reconocimiento de que estas emergencias vasculares y cardiopatías avanzadas requieren el mismo rigor técnico y la misma capacidad de respuesta coordinada. Es un cambio de paradigma que pone a las enfermedades crónicas no transmisibles en el centro de la escena sanitaria.
En definitiva, esta decisión no es un simple trámite burocrático: es una herramienta concreta para salvar vidas y mejorar la calidad de atención. Con datos más precisos y estandarizados, el sistema de salud argentino va a poder anticiparse, corregir falencias y planificar mejor. La información, bien usada, también cura.