La hepatitis A, una infección viral que causa inflamación del hígado, ha experimentado un preocupante rebrote en Argentina. Durante el primer semestre de 2025 se registraron 69 casos confirmados, aproximándose al total de 70 reportados en todo 2024. Esta alarmante tendencia ascendente ha encendido las alertas del Ministerio de Salud, que declaró al país en zona de brote.
La doctora Gabriela Poblete, experta en enfermedades infecciosas, explicó a Infobae que el aumento de casos es significativo, ya que en los últimos años el promedio rondaba los 31 casos anuales. «Veníamos de entre 20 y 55 casos, y ahora saltamos a 69 en 2024. Y en 2025, ya se superó la cifra registrada el año anterior para esta misma época», detalló la especialista.
El virus de la hepatitis A se transmite por la ingesta de agua o alimentos contaminados con materia fecal, o por el contacto cercano con personas infectadas. Si bien no es una enfermedad crónica, puede desencadenar complicaciones graves, especialmente en niños no vacunados.
Antes de que la vacuna se incorporara al Calendario Nacional de Vacunación en 2005, el virus de la hepatitis A era la principal causa de insuficiencia hepática fulminante en menores de 10 años en el país. Desde entonces, la aplicación sistemática de una dosis a los 12 meses de vida logró reducir drásticamente la tasa de contagios.
Sin embargo, en la última década se han observado brotes intermitentes que afectan principalmente a adultos jóvenes, en particular varones de entre 20 y 39 años. Las cifras de 2025 vuelven a ubicar al país en una situación de riesgo.
El análisis molecular de las muestras recolectadas revela la circulación de dos clados diferenciados del subgenotipo IA, uno asociado a viajes a Bolivia y otro vinculado a casos entre hombres que tienen sexo con hombres. Además, se identificó por primera vez en Argentina un caso del genotipo IIIA, relacionado también con antecedentes de relaciones sexuales entre hombres.
Frente a este escenario, las autoridades sanitarias insisten en sostener la cobertura de vacunación en los menores de un año y en fortalecer las campañas dirigidas a grupos específicos de adultos. La vigilancia genómica, por su parte, permite detectar rutas de transmisión e introducción de nuevos genotipos, con el objetivo de anticipar y controlar brotes más amplios.
La vacuna contra la hepatitis A sigue siendo la principal herramienta de prevención, con una eficacia superior al 95% al mes de aplicada. Además de la población infantil, se recomienda la vacunación de grupos en situación de riesgo, como varones que tienen sexo con otros varones, mujeres trans, trabajadores sexuales y personas con enfermedades hepáticas.
Frente a este rebrote, las autoridades sanitarias insisten en la importancia de mantener las prácticas de higiene y saneamiento, así como la notificación oportuna de casos, como estrategias clave para controlar la propagación del virus de la hepatitis A.