En la vorágine de la vida actual, es común experimentar síntomas como aceleración del corazón, mente abrumada y tensión corporal. Sin embargo, detrás de estos signos se esconden dos condiciones que, si bien comparten algunas similitudes, requieren enfoques de manejo diferenciados: el estrés y la ansiedad.
Según expertos consultados por la revista TIME, el estrés suele estar relacionado con demandas externas que superan la capacidad de respuesta de una persona, mientras que la ansiedad puede surgir sin una causa aparente y prolongarse en el tiempo, afectando el día a día de quien la padece.
Si bien ambos activan mecanismos similares en el cuerpo, la clave radica en el origen y la duración de los síntomas. Mientras el estrés tiene un carácter transitorio, la ansiedad puede instalarse sin un detonante identificable, lo que dificulta su gestión.
Para manejar el estrés, el primer paso es reconocer su causa y adoptar estrategias específicas, como dividir tareas abrumadoras, salir a caminar o establecer límites. En el caso de la ansiedad, las técnicas se enfocan en calmar el sistema nervioso y modificar patrones de pensamiento, a través de prácticas como la respiración profunda, el mindfulness y la actividad física.
Las expertas coinciden en que, si los síntomas persisten o interfieren en la vida cotidiana, buscar ayuda profesional es fundamental para recuperar el bienestar. «Nombrar lo que sientes es más poderoso de lo que crees. Te da un punto de partida», afirma Nina Westbrook, terapeuta y fundadora de la comunidad digital Bene.