Francia, un país donde el tabaquismo ha sido tradicionalmente parte de la cultura y la imagen nacional, está dando un paso importante en la lucha contra el consumo de cigarrillos. A partir del 1 de julio, se prohibirá fumar en parques, recintos deportivos, playas, paradas de autobús y en un perímetro alrededor de todas las escuelas.
La medida, impulsada por el Ministerio de Salud, busca «promover la desnormalización» del tabaquismo en la sociedad francesa, donde más del 30% de los adultos fuma a diario, una de las tasas más altas de Europa. Particularmente preocupante es la prevalencia del hábito entre los jóvenes, con un 15% de los adolescentes de 17 años fumando.
Si bien algunas voces han criticado la prohibición por considerarla «represiva» y una restricción a la libertad, el gobierno argumenta que no se trata de prohibir el tabaco en sí, sino de evitar que el humo afecte la salud de los no fumadores, especialmente de los niños y jóvenes.
La nueva normativa se suma a otras medidas implementadas en los últimos años, como la prohibición de fumar en restaurantes, bares y edificios públicos, y los constantes aumentos de impuestos a los cigarrillos, que han llevado a que un paquete cueste más de 12 euros (unos $14 dólares).
Otros países europeos, como el Reino Unido, Suecia y España, también han endurecido las regulaciones sobre el tabaco en espacios públicos, en un esfuerzo por reducir el consumo y proteger a la población de los efectos nocivos del humo.