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Salud

Incertidumbre sobre los resultados de la nueva normativa que revolucionó a los médicos residentes

La actualización del reglamento que rige el sistema de residencias médicas en Argentina ha generado críticas y reservas en varias provincias, que aguardan conocer los alcances y la implementación de esta nueva normativa del Ministerio de Salud de la Nación.

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Editorial

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La decisión del Ministerio de Salud de la Nación de modificar el reglamento que rige el sistema de residencias médicas ha generado cautela y críticas en varias provincias argentinas. Si bien en algunos distritos se busca garantizar las condiciones actuales de los residentes, en otros se cuestiona la medida por considerarla una «flexibilización laboral encubierta».

Según el nuevo reglamento, los profesionales de la salud que ingresen o estén cursando una residencia podrán optar entre dos formas de remuneración: una abonada por la institución donde ejerzan sus funciones, y otra a cargo de la cartera nacional, como hasta ahora. Ambas seguirán financiándose con fondos nacionales, pero en el caso de las instituciones podrán mejorar la oferta del Estado con recursos propios.

Nicolás Kreplak, ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires, criticó la decisión del Ministerio de Salud de la Nación, al considerar que «habilita un régimen en el que los residentes pueden trabajar sin aportes jubilatorios ni cobertura social a cargo del Estado. Esto no es libertad, es flexibilización laboral encubierta».

Por su parte, Marcelo García Dieguez, profesor asociado de la Universidad Nacional del Sur y exdirector de Talento Humano del Ministerio de Salud de la Nación, afirmó que si bien la nueva resolución introduce «algunos avances» en acercar el sistema de residencias al ámbito universitario, también trae «disposiciones preocupantes» como el aumento de la carga horaria en guardias y cambios significativos en las condiciones contractuales.

En definitiva, esta nueva normativa no se ocupa de los «problemas estructurales» del sistema de formación de posgrado, como la falta de incentivos para ingresar a las residencias, el desinterés por las especialidades prioritarias y el alto número de profesionales sin formación de posgrado dentro del sistema de salud.

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