Durante una jornada dedicada a reflexionar sobre el rol del sector sanitario en la prevención y atención de la violencia machista, se presentó un informe regional que analiza las respuestas europeas ante este fenómeno. El documento advierte que la capacidad de los sistemas de salud para atender a mujeres y niñas víctimas de agresiones resulta notoriamente insuficiente en gran parte del continente.
El panorama europeo presenta excepciones relevantes. Apenas una docena de naciones en la región cuenta con marcos políticos comprehensivos que habilitan acciones sanitarias específicas contra la violencia hacia las mujeres. Entre estos países se encuentra España, cuyo Sistema Nacional de Salud ha desarrollado protocolos y estrategias que merecen reconocimiento, aunque también generan responsabilidades adicionales para mantener y profundizar estos avances.
La Atención Primaria como puerta de entrada
Los centros de atención primaria funcionan como espacios privilegiados donde muchas mujeres establecen su primer contacto con instituciones sanitarias capaces de brindar apoyo. Este nivel de atención resulta fundamental para la detección temprana de situaciones de riesgo y para ofrecer una respuesta integral centrada en la seguridad y recuperación de las afectadas.
La efectividad de estos espacios depende de varios factores convergentes. La capacitación especializada del personal sanitario, la coordinación fluida con recursos judiciales, forenses y de servicios sociales, y la disponibilidad de protocolos estandarizados garantizan respuestas coherentes, empáticas y orientadas hacia la protección real de las víctimas. Iniciativas recientes incorporan programas específicos de detección temprana de violencia de género dentro de los planes de acción comunitaria para el período 2025-2027.
Salud mental: el eslabón frecuentemente ignorado
Durante años, los sistemas sanitarios han abordado la salud mental de las mujeres sin considerar los contextos de violencia que subyacen en muchos cuadros clínicos. Esta brecha representa una falla significativa en la calidad asistencial. Reconocer a las víctimas de agresiones machistas como población prioritaria en salud mental implica reorientar la formación profesional y los protocolos de intervención.
La violencia machista actúa como determinante social de la salud con alcances profundos y duraderos. No constituye un fenómeno marginal sino un factor que condiciona la salud física, psicológica, sexual y social de millones de mujeres. Sus efectos se manifiestan en alteraciones del sueño, deterioro de la salud mental, incremento del riesgo cardiovascular, disminución de la capacidad laboral y afectación de proyectos vitales. El impacto acumulativo y transversal de estas violencias resulta comparable al de otros determinantes reconocidos como la pobreza o la precariedad laboral.
Deudas históricas del sistema sanitario
Las instituciones de salud cargan con responsabilidades pendientes hacia las mujeres. Durante décadas, la atención se ha dispensado bajo condiciones de desigualdad, con síntomas ignorados o subestimados y temas incómodos relegados a la invisibilidad, como la salud mental o las transiciones hormonales.
Abordar la violencia machista desde la salud pública significa reconocer que la salud integral de las mujeres importa en toda su complejidad y diversidad, en cada etapa de la vida, sin tabúes. Esto incluye garantizar autonomía, derechos sexuales y reproductivos, maternidad segura y acceso sin obstáculos a servicios de interrupción del embarazo.
Advertencias sobre retrocesos ideológicos
En ciertos espacios europeos emergen discursos que cuestionan los avances logrados en materia de violencia de género, señalando nuevamente a las mujeres y sus derechos como objeto de controversia. Estas narrativas negacionistas ponen en riesgo tanto la salud como la vida de las afectadas y representan un retroceso preocupante.
Frente a esta realidad, la respuesta institucional no puede ser la pasividad ni la indiferencia. Se requiere compromiso sostenido, fundamentación en evidencia científica y cooperación transnacional para fortalecer sistemas de protección y atención que funcionen sin fallas ni invisibilidades.