El debate entre dieta y actividad física tiene un ganador claro
Durante años, la comunidad científica ha debatido cuál es el factor más determinante para evitar el sobrepeso: ¿la calidad de lo que comemos o la cantidad de movimiento que realizamos? Un extenso seguimiento realizado en Reino Unido durante siete años proporciona una respuesta contundente: ninguno de estos elementos funciona tan bien de manera aislada como cuando se implementan en conjunto.
La investigación, que incluyó a casi 7.300 adultos británicos con una edad promedio de 49 años al inicio del estudio, fue publicada en noviembre de 2025 en JAMA Network Open. Los hallazgos sugieren que quienes modificaron únicamente su régimen alimentario o incrementaron su ejercicio lograron resultados modestos en la contención del aumento de peso. Sin embargo, cuando ambas variables se mejoraban simultáneamente, los beneficios se multiplicaban significativamente.
Más allá del número en la balanza
Uno de los aspectos más reveladores de este estudio es que no se enfoca simplemente en cuántos kilos se pierden o se ganan. Como explican los investigadores, existe una diferencia crucial entre distintos tipos de grasa corporal. No es lo mismo perder peso subcutáneo, es decir, la grasa bajo la piel, que reducir la grasa visceral, aquella que se acumula alrededor de los órganos internos.
Esta distinción es fundamental desde una perspectiva médica. La grasa visceral está fuertemente asociada con condiciones metabólicas peligrosas como la diabetes tipo 2, la enfermedad del hígado graso no alcohólico y las patologías cardiovasculares. Por eso, el objetivo no debería ser solo «verse más delgado», sino también mejorar la composición corporal interna.
Resultados concretos del enfoque combinado
Cuando los participantes mejoraron tanto su alimentación como sus patrones de actividad física, los resultados fueron notables. A lo largo de los siete años de seguimiento, aquellos que implementaron ambos cambios ganaron aproximadamente dos kilogramos menos de peso en comparación con quienes no alteraron sus hábitos. Pero lo más importante fue la reducción de grasa visceral: estos participantes acumularon alrededor de 150 gramos menos de esta grasa peligrosa.
Aunque pueda parecer una cantidad pequeña, en términos de salud metabólica representa una diferencia significativa. Esa reducción de grasa visceral se traduce en un menor riesgo de desarrollar enfermedades crónicas en el futuro.
La dieta mediterránea como referencia
En el estudio, cuando se hablaba de «mejorar la dieta», los investigadores hacían referencia específicamente a adoptar patrones más cercanos a la dieta mediterránea, reconocida internacionalmente por sus beneficios cardiovasculares. Esta aproximación alimentaria enfatiza el consumo de frutas, verduras, legumbres, pescado y grasas saludables, mientras reduce el consumo de alimentos ultraprocesados y grasas saturadas.
El contexto actual: un desafío real
Los autores del estudio reconocen que vivimos en entornos que, paradójicamente, desalientan tanto la alimentación saludable como la actividad física. Las ciudades modernas están diseñadas para la comodidad sedentaria, y la industria alimentaria promueve constantemente productos de bajo valor nutricional. A pesar de estos obstáculos, la investigación demuestra que realizar cambios sostenidos, aunque sean modestos, genera beneficios tangibles para la salud a mediano y largo plazo.
Implicaciones para la mediana edad
Resulta particularmente relevante que este estudio se enfoque en adultos de mediana edad. Esta etapa de la vida es crítica, pues es cuando muchas personas comienzan a experimentar cambios metabólicos que facilitan la acumulación de peso. Implementar mejoras en la alimentación y la actividad física durante estos años puede ser preventivo, evitando la progresión hacia enfermedades metabólicas y apoyando un envejecimiento más saludable.
La conclusión es clara: no se trata de elegir entre dieta o ejercicio, sino de entender que ambos son componentes complementarios de una estrategia integral para mantener un peso saludable y, más importante aún, para proteger la salud metabólica a través de la reducción de grasa visceral.