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Osteointegración: la cirugía que devuelve sensación al pisar

Una técnica de vanguardia transforma la experiencia de quienes viven con amputaciones de miembros inferiores. Al anclar la prótesis directamente en el hueso, se elimina el incómodo encaje tradicional y se abre la posibilidad de recuperar sensaciones perdidas.

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Editorial

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La osteointegración representa un cambio paradigmático en la rehabilitación de personas con amputaciones de extremidades inferiores. Este procedimiento quirúrgico de avanzada implica la fijación de un implante metálico de titanio poroso directamente al hueso residual, lo que permite conectar la prótesis sin necesidad del incómodo encaje o cono tradicional. El resultado es una mejora sustancial en la movilidad, comodidad y, lo más notable, en la capacidad de percibir el contacto con el suelo durante la marcha.

Millones de personas en todo el mundo conviven con amputaciones, siendo las de miembros inferiores tres veces más frecuentes que las de brazos. Durante décadas, la única alternativa disponible ha sido el uso de prótesis convencionales con encaje, un sistema que genera múltiples complicaciones. Irritaciones en la piel del muñón, lesiones por fricción, sudoración excesiva y dolor constante son problemas cotidianos que muchos pacientes deben tolerar, lo que en numerosos casos los lleva a abandonar el uso de su prótesis y depender de muletas o sillas de ruedas.

La técnica de osteointegración ofrece una solución radicalmente diferente. El implante se ancla dentro del fémur o la tibia, según el tipo de amputación, y se conecta directamente a la pierna ortopédica mediante un conector transcutáneo que atraviesa la piel por una pequeña abertura. De esta manera, se elimina por completo el cono que caracteriza a las prótesis tradicionales, junto con todos los problemas que conlleva.

En Argentina, esta tecnología ha ganado terreno de manera acelerada. El doctor Erik Pebe Pueyrredón, especialista en Ortopedia Oncológica y jefe del servicio de Ortopedia y Traumatología del Instituto Alexander Fleming, es uno de los pioneros en implementar esta técnica localmente. Ha realizado 13 de las 17 operaciones de este tipo efectuadas hasta la fecha en el país. En abril de 2024, su equipo realizó la primera osteointegración bilateral transfemoral en la región, un hito que posicionó a Argentina en la vanguardia de esta tecnología a nivel latinoamericano.

A nivel mundial, la osteointegración cuenta con una trayectoria de tres décadas. La primera cirugía se realizó en Suecia en 1990, y desde entonces se han practicado entre 2.500 y 3.000 procedimientos. Australia lidera en experiencia acumulada, mientras que países como Holanda, Estados Unidos, Alemania, Inglaterra, Canadá, Chile y Brasil también han adoptado la técnica con resultados prometedores.

Candidatos ideales y requisitos para la intervención

No todos los pacientes son candidatos para este procedimiento. Se recomienda especialmente para personas entre 18 y 70 años que presenten amputaciones causadas por lesiones traumáticas o tumores, así como aquellos con muñones cortos que resultan difíciles de equipar o que experimentan cambios frecuentes de tamaño.

La osteointegración está particularmente indicada en casos donde el encaje tradicional genera:

  • Irritaciones crónicas y lesiones recurrentes en la piel del muñón
  • Infecciones persistentes del área de contacto
  • Erupciones y dermatitis por transpiración excesiva
  • Dolor en puntos de presión, especialmente en el apoyo isquiático
  • Incomodidad incluso en posición sedente

Sin embargo, existen contraindicaciones importantes. No se recomienda en embarazadas, pacientes diabéticos o con enfermedad vascular periférica severa, ni en quienes padecen infecciones óseas activas, trastornos mentales no controlados o estén en tratamiento quimioterápico que comprometa sus defensas inmunológicas.

Ventajas que transforman la vida cotidiana

Las mejoras que experimenta quien se somete a osteointegración son múltiples y significativas. La prótesis se coloca y retira con extraordinaria facilidad, sin necesidad de ajustes constantes durante el día. El hueso del muñón se fortalece y engrosa, previniendo la osteoporosis por desuso, mientras que la movilidad articular se recupera completamente sin las restricciones que impone el cono.

Otros beneficios incluyen:

  • Mayor estabilidad y seguridad al caminar, gracias a la fijación ósea
  • Reducción significativa del esfuerzo físico requerido para la marcha
  • Eliminación de la transpiración excesiva en climas cálidos
  • Posibilidad de andar en bicicleta y sentarse cómodamente sin molestias
  • Recuperación de la osteopercepción o sensación de pisada, permitiendo sentir las vibraciones del suelo a través del implante

Esta última característica es particularmente revolucionaria. Las vibraciones transmitidas desde el piso hasta el hueso osteointegrado mejoran la fluidez del movimiento y estimulan la recalcificación ósea, creando un ciclo beneficioso que fortalece la estructura ósea residual.

El proceso quirúrgico y la recuperación

La intervención quirúrgica tiene una duración promedio de tres a cuatro horas. La recuperación comienza a las tres semanas con carga parcial gradual, extendiéndose hasta seis u ocho semanas para alcanzar la carga completa. Transcurridos estos dos meses, el paciente ya puede desempeñarse de manera independiente sin restricciones significativas.

El éxito del procedimiento depende de un trabajo multidisciplinario riguroso. La rehabilitación es absolutamente crucial y requiere supervisión cercana por especialistas. El equipo debe incluir fisioterapeutas, técnicos en órtesis y prótesis, y médicos especialistas que supervisen cada etapa del proceso. La higiene del estoma (la abertura por donde se exterioriza el implante) es fundamental para prevenir infecciones, requiriendo un cuidado comparable al de un implante dental.

Un testimonio de transformación

Morena Villalba experimentó en carne propia esta transformación. En mayo de 2022, debió someterse a amputación de su pierna izquierda debido a una fibromatosis agresiva recurrente, un tumor benigno que reaparece continuamente. Durante años utilizó una prótesis convencional que le provocaba ampollas, quemaduras e incomodidad constante.

Cuando en abril de 2025 accedió a la osteointegración, su vida cambió radicalmente. A los 40 días ya caminaba con bastones canadienses, y a los tres meses corría, saltaba y se desempeñaba totalmente independiente. La facilidad para colocar y retirar la prótesis eliminó la preocupación por cambios de peso que afectaban el encaje, así como la necesidad de reemplazar constantemente liners y rodilleras.

Lo más significativo para Morena fue recuperar la sensación de pisada. «Camino mucho mejor ahora, ya que puedo sentir lo que piso porque el vástago dentro de mi tibia está conectado con los nervios de mi pierna», comenta. Esta recuperación sensorial le permitió incluso manejar un automóvil con embrague, algo imposible con el encaje tradicional que limitaba la flexión de rodilla. Todas sus actividades previas ahora las realiza con mayor comodidad, sin sufrir sudoración ni las lesiones que caracterizaban su experiencia anterior.

El doctor Pebe Pueyrredón enfatiza que la cirugía sin una rehabilitación adecuada, un correcto armado de componentes externos y seguimiento médico continuo no logra sus objetivos. El procedimiento busca recuperar calidad de vida, objetivo que solo se alcanza mediante un trabajo coordinado e interdisciplinario sostenido en el tiempo.

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