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El autismo afecta igual a mujeres y varones, revela estudio sueco

Nuevas evidencias desafían la creencia de que el autismo es tres veces más frecuente en varones. Un extenso seguimiento poblacional sueco revela que la brecha diagnóstica obedece más a sesgos de detección que a diferencias biológicas reales.

Autor
Editorial

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La prevalencia del trastorno del espectro autista (TEA) podría ser prácticamente idéntica entre hombres y mujeres, según hallazgos recientes que cuestionan décadas de estimaciones clínicas. Un análisis longitudinal de gran escala realizado en Suecia y Estados Unidos, publicado en una revista médica de renombre internacional, siguió a más de dos millones y medio de individuos nacidos entre 1985 y 2022, arrojando resultados que redefinen la comprensión sobre cómo se distribuye este trastorno del neurodesarrollo en la población.

Durante años, la comunidad médica ha sostenido que por cada mujer diagnosticada con autismo había aproximadamente tres varones. Este patrón se mantenía relativamente consistente cuando se observaban únicamente poblaciones infantiles, donde los diagnósticos se concentraban mayormente antes de los diez años. Sin embargo, el nuevo estudio sueco propone una perspectiva radicalmente distinta al examinar trayectorias de vida más prolongadas.

Datos clave del análisis sueco

La investigación examinó registros de 2,7 millones de personas desde el nacimiento hasta los 37 años de edad. Los resultados indicaron que el 2,8% de los participantes recibió diagnóstico de autismo, con una edad promedio de diagnóstico de 14 años. Algunos hallazgos particulares incluyen:

  • Tasas diagnósticas elevadas en niños de 10 a 14 años, manteniendo la predominancia tradicional de varones
  • Un «efecto de alcance» en adolescentes mujeres de 15 a 19 años, donde aumentan significativamente los diagnósticos femeninos
  • Equiparación casi perfecta de la relación varón-mujer hacia los 20 años, aproximándose a una proporción 1:1

Este fenómeno sugiere que no se trata de una diferencia biológica real, sino de un problema sistémico en la detección y diagnóstico durante las etapas tempranas de desarrollo.

¿Por qué el autismo se diagnostica más tarde en mujeres?

Las explicaciones tradicionales apuntan a que las niñas y adolescentes desarrollan mejores habilidades sociales y de comunicación en promedio, lo que permite que los signos autistas pasen desapercibidos para padres, educadores y profesionales de la salud. Este fenómeno se conoce como «enmascaramiento» o «máscara social», donde las mujeres logran adaptarse superficialmente a las expectativas sociales, ocultando dificultades subyacentes.

Sin embargo, el editorial que acompaña la investigación enfatiza que la brecha diagnóstica no puede explicarse únicamente por factores biológicos. Las prácticas actuales de evaluación, los criterios diagnósticos y los sesgos de género en los sistemas de salud y educación juegan un papel fundamental. Las herramientas de cribado tradicionales fueron desarrolladas observando principalmente a varones, lo que puede resultar en una menor sensibilidad para identificar presentaciones autistas típicamente femeninas.

Consecuencias del infradiagnóstico en mujeres

La falta de diagnóstico temprano o tardío tiene implicaciones graves para la salud mental y el bienestar. Las personas autistas no diagnosticadas enfrentan dificultades severas, incluyendo mayor riesgo de depresión, ansiedad y comportamientos suicidas. Sin un diagnóstico formal, estas mujeres no acceden a apoyos específicos, adaptaciones educativas ni intervenciones que podrían mejorar significativamente su calidad de vida.

El estudio no profundizó en factores genéticos, ambientales ni en condiciones comórbidas como trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) o discapacidad intelectual, que podrían influir en quién recibe diagnóstico y cuándo. A pesar de estas limitaciones, los resultados proporcionan evidencia sólida de que los sistemas actuales están fallando en reconocer el autismo en muchas mujeres hasta etapas avanzadas de la vida, si es que lo reconocen alguna vez.

Implicaciones para la práctica clínica y educativa

Si el autismo es efectivamente tan frecuente en mujeres como en varones cuando se observa el curso de vida completo, los sistemas de salud y educación deben revisar urgentemente sus herramientas de detección y sus sesgos implícitos. Esto incluye:

  • Actualizar escalas de evaluación que reflejen mejor cómo se manifiesta el autismo en mujeres y niñas
  • Capacitar a profesionales sobre presentaciones autistas menos visibles o atípicas
  • Implementar protocolos de cribado que contemplen el enmascaramiento social
  • Extender la evaluación diagnóstica más allá de la infancia temprana

El diagnóstico temprano y preciso es fundamental para habilitar apoyos específicos, adaptaciones educativas y un abordaje integral de la salud mental. Estos hallazgos reabren el debate sobre cómo diseñar circuitos de atención que contemplen adecuadamente los perfiles femeninos en el espectro autista, presionando a los modelos actuales de evaluación para que evolucionen hacia una mayor inclusividad y equidad de género.

La investigación sueca representa un punto de inflexión importante en la comprensión del autismo, demostrando que la brecha diagnóstica entre géneros no refleja una realidad biológica, sino una falla sistémica en cómo identificamos y apoyamos a las personas autistas.

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Editorial