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La adicción biológica al azúcar: un desafío de salud pública

Según la neurocientífica Nicole Avena, el azúcar cumple con los criterios de sustancia de abuso, aunque aún no es reconocido oficialmente como adictivo. Este ingrediente representa un problema de salud pública al estar presente en alimentos ultraprocesados y bebidas azucaradas.

Autor
Editorial

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La preferencia humana por lo dulce no es casual. Desde la infancia, el organismo está biológicamente programado para buscar sabores azucarados como señal de energía y seguridad, un mecanismo evolutivo clave para la supervivencia de los cazadores-recolectores. Sin embargo, en la actualidad, esta predisposición se convierte en un problema de salud pública en un entorno dominado por alimentos ultraprocesados y bebidas azucaradas.

La neurocientífica Nicole Avena, experta en el estudio del azúcar como sustancia adictiva, advierte que el consumo de este ingrediente puede activar en el cerebro los mismos circuitos de recompensa que algunas drogas. «Nuestro cerebro no sabe si nos estamos inyectando heroína o comiendo un pastelito», señaló.

Estudios clínicos han confirmado que las personas que consumen de manera habitual productos ricos en azúcar presentan conductas comparables a las de adicciones: tolerancia, antojos intensos y malestar al reducir la ingesta. El azúcar estimula la liberación de dopamina en el núcleo accumbens, una de las regiones cerebrales vinculadas al placer y a la motivación.

Además del impacto en el sistema nervioso, el consumo excesivo de azúcar aumenta en más de un 30% el riesgo de morir por enfermedades cardiovasculares. Asimismo, se lo relaciona con caries, enfermedades de encías, hígado graso, deterioro cognitivo y trastornos neuropsiquiátricos como la depresión y el TDAH.

Según Avena, el azúcar cumple con los 11 criterios de la Asociación Americana de Psiquiatría para ser considerado una sustancia de abuso, pero todavía no cuenta con el reconocimiento oficial de organismos como la OMS o la propia APA. «La única razón por la que el azúcar no se reconoce como una sustancia adictiva es porque importantes organizaciones no la avalaron como tal», afirmó.

Para reducir el consumo y la dependencia, la neurocientífica propone medidas como eliminar productos con azúcar añadido de la despensa, elegir comidas equilibradas, registrar antojos, sustituir con opciones más saludables y mantener un descanso adecuado. «Cuanto menos azúcar consumas, menos antojos tendrás», resumió.

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