El envejecimiento poblacional dejó de ser un tema de laboratorio para convertirse en una cuestión de Estado. El 23º Congreso Mundial de la Asociación Internacional de Geriatría y Gerontología (IAGG), celebrado en Ámsterdam, fue el escenario donde cerca de 4000 especialistas trazaron las líneas que definirán cómo viviremos nuestros años dorados. Y las conclusiones van mucho más allá de la genética o los hábitos individuales.
El lema del encuentro, “Envejecer bien en un mundo globalizado”, no fue casualidad. La discusión giró en torno a cómo adaptar los sistemas sanitarios, las infraestructuras urbanas y las políticas públicas a una realidad demográfica inédita: para 2050, todo el continente americano tendrá más personas mayores de 60 años que menores de 14.
Cambio climático: el nuevo enemigo de la vejez
Uno de los ejes más contundentes fue el impacto del clima en la población mayor. La doctora egipcia Shereen Hussein, de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, fue tajante: los adultos mayores y las personas con discapacidad figuran entre los grupos más vulnerables frente a olas de calor, inundaciones e incendios. Y no es un tema menor: los sistemas de atención a largo plazo dependen de infraestructura, energía y agua que el cambio climático pone en jaque.
El doctor José Jáuregui, primer argentino en presidir la IAGG, profundizó en esta mirada con un ejemplo local que duele: “En Argentina, durante una inundación, muchas personas mayores no murieron ahogadas, sino de frío, tras pasar la noche sumergidas en agua”. La falta de estructuras específicas para proteger a los mayores en catástrofes es, según él, una deuda global.
La hipoxia: el mecanismo oculto del envejecimiento
Otro de los aportes más innovadores llegó del italiano Luigi Ferrucci, geriatra y epidemiólogo, quien puso sobre la mesa un concepto que promete revolucionar la investigación: la hipoxia tisular, es decir, la insuficiencia relativa de oxígeno en los tejidos, como mecanismo central del envejecimiento biológico.
Según Ferrucci, la disminución progresiva de oxígeno desencadena una cascada de disfunciones celulares que acelera el deterioro en todos los órganos. “En el cerebro en particular es tremendamente deleterio”, advirtió Jáuregui, quien explicó que anemias prolongadas no tratadas o el tabaquismo pueden precipitar el deterioro cognitivo al privar a los tejidos de un insumo esencial.
Ejercicio, nutrición y vitalidad: el trípode de la prevención
El belga Iván Bautmans, experto en biogerontología, aportó una mirada práctica: la clave está en mantener la “capacidad de vitalidad”, el principal determinante fisiológico de la capacidad funcional en la vejez. La actividad física es fundamental, pero con un matiz que Jáuregui no dejó pasar: “El ejercicio extremo, dependiendo del momento de la persona, a veces es deletéreo también”.
La inflamación crónica de bajo grado, la fatiga y la resistencia muscular aparecen como biomarcadores útiles para detectar riesgos y actuar de forma preventiva. En este punto, la nutrición juega un rol protagónico: “La malnutrición en todas sus concepciones es el punto crítico de lo que debería ser una buena política de estado de salud”, sentenció Jáuregui.
América Latina: la red social como fortaleza
Frente al escenario de los países desarrollados, donde el sistema sanitario es robusto pero el aislamiento social crece, América Latina presenta una ventaja inesperada: la fuerte red de sociabilidad. La interacción social frecuente contribuye al bienestar en la vejez, un activo que los especialistas recomiendan no descuidar mientras se fortalecen los sistemas de salud.
Jáuregui, con la mirada puesta en las Zonas Azules como Cerdeña, resumió la fórmula: vida activa, bajo estrés e integración comunitaria. “Viven menos estresadas, lo que resulta fundamental a la hora del envejecimiento y la inflamación crónica que lo acompaña”, comparó.
Un cambio de liderazgo con sello argentino
El congreso también marcó un hito institucional: Jáuregui finalizó su gestión de cuatro años al frente de la IAGG y le cedió el cetro a la Dra. Hilde Verbeek, de la Universidad de Maastricht. Su balance es contundente: “Fue un trabajo orientado a los países con menos desarrollo de conocimiento gerontológico, hicimos un trabajo importante en África y Latinoamérica”.
Verbeek, por su parte, dejó clara su agenda: reducir la brecha entre el conocimiento y la práctica en la atención a largo plazo, especialmente para personas con demencia. “Persiste una brecha entre este conocimiento y la práctica actual”, admitió.
El encuentro dejó en agenda próximos hitos, como el 22º Congreso Argentino de Gerontología y Geriatría en Mar del Plata, donde se esperan nuevas novedades. La longevidad ya no es un concepto abstracto: es un motor de transformación que exige respuestas concretas y urgentes.