El fenómeno que sorprendió a bañistas en las costas bonaerenses el pasado lunes no fue un tsunami convencional ni una simple tormenta. Se trató de un meteotsunami: olas generadas por cambios abruptos en la presión atmosférica que pueden alcanzar amplitudes considerables sin previo aviso sísmico o meteorológico evidente.
Lo interesante es que este evento reciente tiene antecedentes documentados. El 15 de enero de 2022 marcó un hito en la oceanografía regional: científicos de instituciones públicas argentinas registraron por primera vez la coincidencia simultánea de un tsunami oceánico tradicional y un meteotsunami atmosférico en el Atlántico Sur. Este fenómeno dual transformó las costas de Argentina y Uruguay, dejando evidencia clara de cómo el océano responde tanto a fuerzas lejanas como a perturbaciones atmosféricas locales.
La conexión entre ambos eventos es fascinante: la erupción del volcán Hunga Tonga–Hunga Ha’apai en el Océano Pacífico generó ondas atmosféricas que viajaron miles de kilómetros hasta alcanzar el Atlántico Sur. Estas ondas, al encontrarse con un frente cálido local, desencadenaron los meteotsunamis que fueron registrados en la región por primera vez bajo estas condiciones específicas.
El estudio, publicado en la revista Pure and Applied Geophysics, fue coordinado por Walter Dragani, Iael Pérez, Fernando Oreiro y Marcos Saucedo, investigadores del Servicio de Hidrografía Naval, el Conicet, el Instituto Franco-Argentino para el Estudio del Clima y sus Impactos, la Facultad de Ingeniería de la UBA y el Servicio Meteorológico Nacional.
Fernando Oreiro, investigador del SHN y coautor del trabajo, explicó la diferencia entre ambos eventos: «En 2022 se dio una extraña combinación de fenómenos que llevaron a los meteotsunamis en costas de Argentina y Uruguay». Mientras que aquel evento fue producto de la convergencia entre la erupción volcánica distante y cambios de presión atmosférica regional, el meteotsunami del lunes 12 fue generado exclusivamente por condiciones locales: variaciones en la presión atmosférica sin intervención de eventos volcánicos remotos.
Descifrando las ondas gemelas: un desafío científico
El equipo de investigadores enfrentó un interrogante complejo: ¿cómo distinguir entre ondas producidas por un volcán y aquellas que nacen en la atmósfera local? Esta pregunta fue fundamental para separar los efectos de la erupción de Tonga de los fenómenos que ocurren naturalmente en la región.
El mecanismo involucra ondas de gravedad atmosférica (AGWs), que se generan cuando el aire cálido asciende y desplaza al aire frío, creando vibraciones que recorren tanto la atmósfera como la columna de agua. Estas ondas tienen la capacidad de modificar significativamente el nivel del mar.
Para resolver el enigma, los investigadores desplegaron una red estratégica de instrumentos a lo largo de la costa atlántica y el Río de la Plata:
- Mareógrafos digitales para medir cambios en el nivel del agua
- Estaciones meteorológicas para registrar variaciones de presión atmosférica
- Análisis comparativo de registros en puntos clave de la costa
- Simulaciones globales de tsunamis y ondas atmosféricas para validar observaciones
El análisis se concentró en datos del 15 al 18 de enero de 2022, ajustando la sensibilidad de los dispositivos según las características de cada zona costera.
Lo que revelaron las mediciones en la costa
Los resultados fueron reveladores. En Mar del Plata, San Clemente del Tuyú y La Paloma, las olas más significativas aparecieron aproximadamente una hora antes de la llegada prevista del tsunami oceánico. Esta diferencia temporal fue crucial para identificar que los meteotsunamis locales fueron el protagonista principal en estas zonas.
Las amplitudes máximas registradas fueron:
- La Paloma (Uruguay): 0,38 metros
- Mar del Plata: 0,32 metros
- San Clemente del Tuyú: 0,27 metros
- Colonia (Uruguay, en el Río de la Plata): 0,22 metros
Sin embargo, en Puerto Deseado y Bahía Blanca, las perturbaciones coincidieron temporalmente con la llegada del tsunami oceánico, indicando un origen diferente al de las olas observadas en el norte. Esta variabilidad geográfica demuestra que no existe un único mecanismo generador, sino una combinación compleja de factores.
La zona del Río de la Plata mostró gran variabilidad en la intensidad y dirección de las ondas atmosféricas, lo que refleja la complejidad de la interacción entre fenómenos oceánicos y atmosféricos en estuarios.
El fenómeno de resonancia: amplificación de ondas
Un concepto clave para entender por qué algunas zonas experimentaron olas más altas que otras es el fenómeno de resonancia de Proudman. Este principio físico establece que cuando la velocidad de una onda atmosférica coincide con la velocidad de propagación de una onda en aguas poco profundas, la amplitud se amplifica significativamente.
Esta coincidencia de velocidades ocurrió en determinados puntos de la costa, lo que explica las diferencias notables en las alturas de onda observadas entre distintas localidades. Es un mecanismo similar al que ocurre cuando se empuja un columpio en el momento exacto de su oscilación natural.
Limitaciones y recomendaciones para futuras investigaciones
A pesar de los hallazgos significativos, los investigadores identificaron una limitación crítica: la superposición de señales. Cuando múltiples tipos de ondas ocurren simultáneamente, resulta extremadamente difícil identificar el origen exacto de cada perturbación.
Los científicos recomendaron enfáticamente instalar más mareógrafos en la costa patagónica. Actualmente existen solo tres estaciones para más de dos mil kilómetros de litoral, una cobertura claramente insuficiente. Estos dispositivos son esenciales para medir con precisión la altura del agua y detectar cambios anómalos.
La presencia de un meteotsunami remoto débil sería prácticamente imperceptible sin una red densa de instrumentos, ya que podría confundirse fácilmente con otras ondas más energéticas.
Implicaciones para la seguridad costera
Los hallazgos demuestran que fenómenos distantes y locales pueden interactuar de manera compleja, generando efectos extremos en el Atlántico Sur. Esta conclusión tiene implicaciones significativas para la planificación de infraestructuras costeras y la seguridad de poblaciones que habitan en estas regiones.
Los investigadores proponen profundizar el estudio de cómo se relacionan la atmósfera y el océano en esta región específica, con el objetivo de desarrollar capacidades predictivas que permitan anticipar eventos que alteran la vida en la costa y la actividad humana. La comprensión de estos mecanismos es fundamental para implementar sistemas de alerta temprana efectivos y proteger a comunidades costeras de sorpresas oceanográficas.