La discusión sobre dónde se informan las mujeres acerca de métodos anticonceptivos ya no se plantea como una pulseada entre el mundo digital y el consultorio. Un relevamiento nacional de la Asociación Médica Argentina de Anticoncepción (AMAdA) sugiere que ambos espacios conviven y cumplen funciones distintas: las plataformas acercan inquietudes, mientras que la consulta profesional conserva la potestad de transformar esa inquietud en una decisión adecuada.
El dato que dispara la reflexión es una brecha llamativa. Mientras el 71,7% de los profesionales considera frecuente o muy frecuente que sus pacientes lleguen con información buscada en redes, apenas el 33,1% de las mujeres reconoce haber usado esas plataformas para informarse sobre anticoncepción. La percepción médica y la declaración de las usuarias no coinciden del todo.
Un estudio con números que invitan a matizar
La investigación reunió respuestas de 314 especialistas en salud sexual y reproductiva y de 2.055 mujeres de entre 15 y 50 años de todo el país. Los cuestionarios se realizaron durante 2025: los profesionales completaron un formulario autoadministrado y las mujeres participaron de una encuesta telefónica nacional.
Para Lorena Bozza, médica tocoginecóloga y presidenta de AMAdA, el fenómeno tiene una lectura posible: “Los profesionales vemos que una parte cada vez mayor de la consulta consiste en interpretar, contextualizar y despejar información que la paciente ya trajo consigo. Pero eso no significa que las redes hayan reemplazado al profesional en la decisión final”.
Lo que los médicos perciben y lo que las mujeres declaran
Entre los especialistas, la impresión de que las redes forman parte del antes de la consulta es fuerte. El 67,5% identificó ese hábito en mujeres de 20 a 29 años y el 61,5% entre adolescentes de 15 a 19. Sin embargo, al consultar directamente a las usuarias, el panorama cambia: el 66,9% afirmó que no utiliza redes sociales para informarse sobre métodos anticonceptivos.
La diferencia abre una pregunta sobre la visibilidad de esos contenidos dentro del consultorio. Aunque lleguen menos mujeres de las que los médicos suponen con información de redes, esos casos pueden quedar especialmente presentes en la experiencia profesional y distorsionar la percepción general.
Instagram y TikTok: vidriera de contenidos, no receta final
Los especialistas ubican a Instagram (80%) y TikTok (72%) al frente del consumo de contenidos sobre anticoncepción. Más atrás aparecen Google o herramientas de inteligencia artificial (44%), YouTube (15%) y WhatsApp (13%).
Entre las mujeres que sí dijeron buscar información, Instagram fue la red más mencionada (26,18%), seguida por TikTok (17,57%) y Facebook (8,95%). Como la respuesta permitía seleccionar más de una opción, los porcentajes no deben sumarse.
La diferencia importa porque separa dos instancias que suelen confundirse. Las redes pueden disparar una inquietud o acercar el nombre de un método, pero ver contenido sobre anticoncepción no deriva necesariamente en una decisión, y menos aún en una elección adecuada para todas las personas.
La calidad de la información, una asignatura pendiente
El 20,49% de las encuestadas consideró que toda la información disponible en redes sobre salud sexual y reproductiva es de buena calidad, y el 34,99% opinó que la mayor parte lo es. Pero el 37,57% respondió que no sabía cómo calificarla, mientras que el 6,96% sostuvo que predominan los contenidos de mala calidad.
Silvia Ciarmatori, expresidenta de AMAdA, advirtió que la lógica de la viralización suele favorecer los relatos con mayor capacidad de generar reacción. “Los videos que se viralizan en redes sociales no son los que informan sobre los beneficios de los métodos anticonceptivos, sino aquellos que hablan de malas experiencias personales o efectos adversos”, señaló.
Una experiencia individual puede ser el inicio de una pregunta válida, pero no reemplaza una evaluación clínica. Edad, antecedentes personales y familiares, condiciones de salud, expectativas sobre el método y posibilidad de sostenerlo son variables que pueden modificar una indicación.
El consultorio sigue siendo el lugar de la decisión
Los datos muestran que el contacto con profesionales de salud sigue siendo extendido. El 95,3% de las 2.055 mujeres consultadas había realizado una consulta sobre anticoncepción. Entre quienes recibieron información, el 41,7% la calificó como muy buena y el 49,1% como buena: en conjunto, el 91% hizo una valoración positiva.
La confianza también aparece al comparar fuentes de información. El 97% mencionó a los profesionales como opción preferida para orientarse sobre anticoncepción. Google o las herramientas de inteligencia artificial fueron señalados por el 10% y las redes sociales, por el 9%. Como las participantes podían elegir más de una respuesta, las preferencias pueden coexistir.
Para Daniela Faranna, ginecóloga del Hospital Santojanni y vicepresidenta de AMAdA, el punto no pasa solo por recomendar una opción. “La anticoncepción no es solo elegir un método, es un acto médico. Requiere una consulta con historia clínica, donde identificamos factores de riesgo, hacemos un asesoramiento integral y después damos seguimiento”, sostuvo.
Información no siempre equivale a cuidado
El aumento de las infecciones de transmisión sexual plantea una tensión que los resultados del estudio ayudan a dimensionar: incluso entre mujeres que accedieron a una consulta profesional, el conocimiento disponible no siempre se convierte en una conducta preventiva sostenida.
“En la Argentina, las infecciones de transmisión sexual continúan aumentando. Sin embargo, explicar este fenómeno únicamente por falta de información o por dificultades económicas resulta insuficiente. Estamos frente a una transformación profunda de la sexualidad, de los vínculos y de la percepción del riesgo”, afirmó Bozza.
La especialista señaló que, en la consulta, muchas mujeres expresan temor a que la otra persona pierda el interés o no vuelva a contactarlas si plantean el uso del preservativo. En esos casos, la decisión queda atravesada por la necesidad de aceptación, el miedo al rechazo y relaciones de poder desiguales. “Saber que el preservativo protege no significa necesariamente sentirse en condiciones de pedirlo”, resumió.
El desafío tampoco se limita a los más jóvenes. Bozza mencionó a quienes retoman vínculos afectivos o sexuales después de una separación o tras décadas de una pareja estable, sin haber incorporado el preservativo como práctica habitual. En esos casos puede pesar la confianza en la otra persona, una baja percepción de riesgo, el estigma y dificultades para conversar sobre infecciones de transmisión sexual.
Un cambio de época que exige nuevas estrategias
Frente a ese escenario, la especialista planteó que las campañas no deberían limitarse a repetir la indicación de usar preservativo. Propuso vincular la prevención con el autocuidado, el placer, el consentimiento y la posibilidad de conversar sobre los límites y las decisiones dentro de cada vínculo.
“Cuidarse no debería interpretarse como desconfianza ni como una barrera para el placer: es una manera de ejercer la autonomía y cuidar tanto la propia salud como la de las demás personas”, sostuvo.
El Día Mundial de la Anticoncepción, que se conmemora cada 26 de septiembre con el apoyo de agencias de la ONU como el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), encuentra a la Argentina ante un aumento de las infecciones de transmisión sexual.
El Boletín Epidemiológico Nacional registró más de 46.000 casos de sífilis en 2025, un 75% más que en 2022. En el plano global, la OMS estima que más de un millón de personas de entre 15 y 49 años contrae cada día una ITS curable. Aun así, el uso sistemático del preservativo alcanza apenas al 14% de la población sexualmente activa en el país.
“En el consultorio advertimos un cambio de época vinculado con el abandono del preservativo. Son conductas de riesgo que no siempre responden a la falta de información y que tampoco encuentran suficiente correlato en las redes sociales. Atraviesan distintas franjas etarias, no solo a los más jóvenes”, señaló María Elisa Moltoni, médica ginecóloga del Hospital Británico de Buenos Aires y ex presidenta de AMAdA.
El estudio no invita a descartar las plataformas digitales ni a convertirlas en sustituto de la consulta. El desafío es otro: que la información disponible en redes y buscadores sea identificable, comprensible y esté respaldada por fuentes confiables, mientras que la decisión conserve un espacio de evaluación personalizada.
Para las sociedades científicas y los profesionales, las redes aparecen como un territorio donde intervenir con contenido basado en evidencia, conocimiento médico y seguridad. Para muchas usuarias, puede ser el primer paso de una búsqueda. “La consulta médica, en cambio, sigue siendo el lugar donde esa inquietud puede transformarse en una decisión informada”, remató Bozza.