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RedSaludArgentina

Sandoz y Henlius: la jugada millonaria que redefine el mercado de biosimilares

La industria farmacéutica global mira hacia los biosimilares como una vía clave para ampliar el acceso a tratamientos biológicos. El reciente acuerdo entre Sandoz y Henlius, valuado en hasta US$314 millones, marca un paso firme en esa dirección.

Autor
Editorial

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La movida de Sandoz no es menor: la farmacéutica suiza acaba de sellar un acuerdo con la china Shanghai Henlius Biotech para quedarse con los derechos de tres biosimilares que están en pleno desarrollo. El negocio, que arranca con un desembolso inicial de hasta US$77 millones, podría escalar a US$314 millones si se van cumpliendo los hitos pactados. Una apuesta fuerte, sin dudas.

¿Qué significa esto en criollo? Que los biosimilares dejaron de ser una promesa para convertirse en un pilar estratégico dentro de la industria. No es casualidad: estos productos, que son versiones casi idénticas de medicamentos biológicos ya existentes, prometen bajar costos y ampliar el acceso a tratamientos que hoy resultan carísimos.

El acuerdo incluye tres productos bien puntuales, cada uno apuntando a un área sensible:

  • Evolocumab: un biosimilar del famoso Repatha de Amgen, usado para bajar el colesterol LDL. Un mercado enorme, sobre todo con la epidemia de problemas cardiovasculares que azota al mundo.
  • Belimumab: el conocido Benlysta de GSK, que se usa para tratar el lupus. Una enfermedad autoinmune que afecta a millones de personas, y donde las opciones accesibles son escasas.
  • Cetuximab: el Erbitux, clave en el tratamiento del cáncer colorrectal y otros tumores. Acá la pelea es contra el reloj, y cada alternativa suma.

La estructura del pago es interesante: US$77 millones al inicio, US$160 millones atados a avances en el desarrollo y US$77 millones más si se logran objetivos comerciales. O sea, el riesgo se reparte. Sandoz no pone toda la carne al asador de una, y Henlius se asegura un socio con experiencia global para llevar sus productos al mercado.

Para entender la magnitud, hay que recordar que los biosimilares no son genéricos comunes. Mientras un genérico copia una molécula química chica y simple, un biosimilar replica una molécula biológica gigante y compleja, hecha con biotecnología. Demostrar que es igual de seguro y efectivo que el original es un camino largo y lleno de exigencias regulatorias. No es para cualquiera.

Pero el juego vale la pena. Para los laboratorios, es la chance de meterse en mercados de alto valor cuando las patentes de los originales expiran. Para los sistemas de salud, es una oportunidad de oro para ampliar la oferta y presionar los precios a la baja. Y para los pacientes, es la posibilidad de acceder a tratamientos biológicos que antes quedaban fuera de su alcance.

Esta alianza entre una suiza y una china también muestra cómo se está reconfigurando el mapa de la industria. Ya no alcanza con inventar moléculas nuevas; hoy la innovación también pasa por desarrollar alternativas biotecnológicas a lo que ya existe. Y en ese tablero, las alianzas transfronterizas son la jugada maestra: una pone la ciencia, la otra la llegada a los mercados.

El acuerdo entre Sandoz y Henlius es, en definitiva, una señal más de que los biosimilares llegaron para quedarse. Y si todo sale como se espera, los primeros en festejar van a ser los pacientes que hoy esperan por tratamientos más accesibles.

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Editorial