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Incendios en Patagonia: contaminación equivalente a un año de transporte

Investigadores argentinos cuantificaron el impacto ambiental de los masivos incendios que afectaron Patagonia norte hace años. Los resultados sorprenden: el humo generó contaminación equivalente a doce meses de emisiones vehiculares e industriales.

Autor
Editorial

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Durante el verano de 2017-2018, más de un millón de hectáreas ardieron en provincias como La Pampa, Mendoza, Buenos Aires, Río Negro y San Luis. Una combinación de sequía extrema y tormentas eléctricas desencadenó uno de los peores escenarios ambientales de las últimas décadas en Argentina. Las autoridades provinciales catalogaron la situación como la peor tragedia ambiental en veinte años, y el impacto se extendió mucho más allá de las zonas afectadas directamente.

Un equipo de investigadores del Instituto de Altos Estudios Espaciales Mario Gulich, dependiente de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) y la Universidad Nacional de Córdoba, se propuso medir con precisión el alcance real de la contaminación. Los resultados fueron contundentes: en apenas tres meses, los incendios liberaron más contaminantes que los autos, camiones, fábricas y refinerías de todo el país en un año entero.

Cifras que hablan por sí solas

El análisis reveló números alarmantes. Los incendios emitieron 1.314,37 kilotoneladas de monóxido de carbono, lo que representó entre el 58% y el 92% de las emisiones anuales del transporte. Además, liberaron 241,99 kilotoneladas de compuestos orgánicos volátiles, equivalentes al 64-80% de lo que emite el sector vehicular en un año completo.

Pero quizás lo más preocupante fue la cantidad de material particulado fino (PM2.5): los incendios emitieron hasta cinco veces más partículas que todas las fuentes habituales de contaminación combinadas. El metano, por su parte, superó ampliamente las emisiones de las refinerías nacionales.

Cómo se midió el impacto

Los científicos emplearon tecnología de punta para cuantificar el fenómeno. Utilizaron modelos sofisticados como APIFLAME para estimar emisiones diarias basándose en datos satelitales sobre áreas quemadas, complementados con información de los satélites Terra y Aqua de la NASA. El modelo meteorológico WRF y el sistema de transporte químico CHIMERE permitieron simular cómo se dispersaba el humo en la atmósfera.

El equipo analizó tres escenarios distintos, variando la altura de las columnas de humo en 2.500 y 5.000 metros, para comprender cómo la altitud influye en la dispersión de contaminantes. Los resultados confirmaron que el humo viajó cientos de kilómetros, cruzando provincias enteras hasta alcanzar el océano Atlántico, afectando la visibilidad y la calidad del aire en localidades muy distantes de los focos originales.

Recomendaciones para el futuro

Los investigadores proponen incluir los incendios forestales en los inventarios nacionales de emisiones, algo que hasta ahora no se hacía de manera sistemática. También sugieren mejorar los sistemas de alerta y monitoreo de la calidad del aire, especialmente en la Patagonia, donde actualmente faltan estaciones de medición que permitan validar los modelos en tiempo real.

Consideran necesario actualizar los modelos con datos locales más precisos y aprovechar nuevas versiones de productos satelitales disponibles. Esta información es crucial para prepararse ante futuros eventos de magnitud similar.

La perspectiva del ciclo natural

Especialistas en silvicultura señalan una distinción importante: las emisiones de incendios forestales forman parte del ciclo natural del carbono. La vegetación que se quema puede ser reabsorbida por nuevos bosques que crecen en el mismo sitio o en otras áreas, bajo manejo forestal adecuado. En contraste, las emisiones derivadas de combustibles fósiles agregan contaminantes que no se reciclan en la atmósfera, ya que provienen de reservas subterráneas antiguas. Esto significa que mientras el carbono de los incendios estuvo previamente en las plantas, el de los combustibles fósiles se introduce desde fuera del ciclo natural, aumentando permanentemente la carga contaminante.

Efectos en la salud de la población

La exposición prolongada al humo de incendios genera síntomas respiratorios y cardiovasculares. Las personas pueden experimentar ardor en los ojos, goteo nasal, tos, flema y dificultad para respirar debido a la irritación de las vías aéreas. Quienes padecen enfermedades cardíacas pueden sufrir dolor en el pecho, palpitaciones y fatiga, mientras que los pacientes con afecciones pulmonares experimentan síntomas agravados como sibilancia y molestia torácica.

Ante estas circunstancias, las recomendaciones incluyen permanecer en interiores, evitar esfuerzo físico y consultar con un médico si los síntomas persisten. En casos de dificultad severa para respirar o dolor torácico, se debe buscar atención médica urgente de inmediato.

Autor
Editorial