La composición bacteriana del tracto digestivo durante los primeros meses de existencia juega un rol fundamental en la trayectoria de la salud infantil. Múltiples elementos intervienen en la formación de esta comunidad microbiana compleja, siendo la alimentación inicial uno de los más influyentes. La lactancia materna, recomendada como alimentación exclusiva durante los primeros seis meses de vida, aporta no solamente nutrientes y defensas inmunológicas, sino también una variedad de microorganismos que impactan directamente en la estabilidad y riqueza del ecosistema intestinal del lactante.
Una investigación publicada en una revista científica de renombre internacional analizó 507 muestras de leche materna junto con muestras fecales de 195 diadas madre-bebé durante el semestre inicial tras el nacimiento. Los hallazgos fueron reveladores: se identificaron bacterias, particularmente del género Bifidobacterium, presentes simultáneamente en la leche materna y en el intestino de los recién nacidos. Estos microorganismos cumplen funciones cruciales en la construcción y mantenimiento de la flora intestinal infantil.
El proyecto de investigación, desarrollado principalmente en Estados Unidos bajo la denominación Mothers and Infants LinKed for Healthy Growth (MILK), empleó técnicas metagenómicas sofisticadas para rastrear la transferencia directa y persistente de bacterias desde la leche materna hacia el tracto gastrointestinal de los lactantes. Las muestras fueron recolectadas entre 2014 y 2023 en dos estados norteamericanos, con énfasis especial en el período comprendido entre el primer y sexto mes posparto.
El papel vital de las bifidobacterias en el desarrollo infantil
La leche materna constituye el alimento ideal para los primeros meses y, más allá de sus nutrientes y componentes defensivos, alberga una comunidad microbiana propia y característica. Según los resultados del estudio, el microbioma intestinal desempeña funciones esenciales en la regulación del metabolismo, la maduración del sistema inmunológico y la protección contra trastornos tempranos en la infancia.
Entre los microorganismos identificados, las bifidobacterias destacan por su capacidad única para procesar oligosacáridos específicos de la leche humana y defender al bebé frente a enfermedades de índole metabólica e inflamatoria. Los investigadores principales del estudio enfatizaron que, aunque la leche materna es la fuente nutricional exclusiva recomendada, aún existen interrogantes importantes sobre la composición y función del microbioma lácteo.
Transmisión microbiana vertical: de madre a hijo
El análisis detallado de las 195 parejas madre-hijo incluyó el uso de metodología metagenómica avanzada para obtener un panorama exhaustivo de las especies bacterianas y su evolución temporal. Mediante esta aproximación, los científicos lograron comparar tanto la presencia como la persistencia de especies compartidas entre leche e intestino durante los seis primeros meses.
Los datos documentaron que la leche materna presenta una menor diversidad microbiana en comparación con las heces infantiles, aunque comparte géneros bacterianos clave como las bifidobacterias. Este enfoque permitió identificar cepas coincidentes y confirmar la transmisión microbiana vertical que ocurre durante la lactancia.
Las especies bacterianas más relevantes incluyen Bifidobacterium longum, B. breve y B. bifidum, siendo la primera particularmente significativa tanto en la leche como en el microbioma intestinal de los lactantes. Específicamente, B. longum se detectó en el 55% de las muestras de leche materna y en el 98% de los microbiomas intestinales infantiles, evidenciando su alta prevalencia y transmisión.
Persistencia bacteriana y factores que la influencian
El análisis identificó doce casos de transmisión directa de cepas idénticas entre la leche materna y el intestino del bebé, confirmando el mecanismo de transferencia madre-hijo. Además de bifidobacterias, se detectaron especies como Staphylococcus epidermidis y Streptococcus salivarius.
Un hallazgo particularmente interesante fue la presencia de bacterias propias de la cavidad oral, como Streptococcus salivarius y Veillonella parvula, en la leche materna. Este descubrimiento sugiere un fenómeno de flujo retrógrado: durante la succión, el bebé podría transferir microorganismos de su boca al conducto mamario, integrando esas especies al microbioma lácteo.
Respecto a la persistencia bacteriana a largo plazo, aproximadamente el 19% de las cepas presentes en las heces al primer mes continuaron detectándose hasta el sexto mes. Este dato sugiere que algunas bacterias transmitidas por la leche materna favorecen una estabilidad duradera del microbioma intestinal. Cabe destacar que los bebés nacidos por vía vaginal mostraron mayor persistencia de cepas en comparación con aquellos nacidos por cesárea.
Resistencia antimicrobiana: un aspecto a considerar
El análisis también reveló la transferencia de genes de resistencia a antimicrobianos a través de la leche materna, un hallazgo relevante incluso sin exposición previa a antibióticos. En el resistoma intestinal de los bebés predominó la resistencia a tetraciclinas, macrólidos y aminoglucósidos.
Aunque la diversidad de genes de resistencia fue menor en la leche materna que en las heces infantiles, ambas compartieron un número significativo de estos genes en los pares madre-hijo. Los investigadores señalaron que la posible transferencia de especies potencialmente patógenas, como Escherichia coli y Klebsiella pneumoniae, no causó enfermedad en madres ni bebés durante el período estudiado, pero evidencia la complejidad del microbioma transferido.
Limitaciones y perspectivas futuras
Entre las limitaciones metodológicas del estudio se menciona la baja carga microbiana de la leche, que dificulta el análisis detallado de cepas individuales, y la posible subestimación de la transmisión al no considerar otros reservorios bacterianos maternos. Los investigadores destacan la necesidad de estudios longitudinales prolongados para explorar cómo la microbiota y otros componentes de la leche materna influyen en la salud a largo plazo.
La coincidencia y persistencia de las bifidobacterias se asocian con mayor estabilidad del microbioma e hipotéticos beneficios en la regulación inmune y metabólica. Los científicos subrayan que la relación observada entre la composición microbiana de la leche y la del intestino infantil resulta más evidente a nivel individual que poblacional, lo que resalta la influencia de factores como la genética y la alimentación complementaria en la evolución del microbioma infantil.