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Miliaria en épocas de calor: qué es y cómo proteger a bebés y niños

Cuando las temperaturas se disparan, la piel de los más pequeños enfrenta riesgos particulares. El sarpullido por calor es una reacción frecuente que requiere atención y prevención adecuada.

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Editorial

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Durante los períodos de temperaturas elevadas, la piel experimenta una serie de reacciones que merecen especial atención, particularmente en poblaciones vulnerables como bebés, menores de edad y adultos mayores. En el contexto actual, con alertas meteorológicas por calor extremo y máximas cercanas a los 35 grados centígrados, resulta fundamental comprender qué sucede en la dermis cuando el cuerpo intenta regular su temperatura mediante la transpiración.

La miliaria o sudamina es una afección dermatológica que surge cuando los conductos encargados de transportar el sudor hacia la superficie cutánea se obstruyen. Esta obstrucción provoca que la transpiración quede atrapada bajo las capas de la piel, generando inflamación e irritación localizada. Según especialistas en dermatología, este mecanismo es particularmente problemático en recién nacidos y lactantes, cuyo sistema de regulación térmica aún se encuentra en desarrollo.

La presentación clínica de esta afección incluye la formación de pequeñas vesículas transparentes similares a gotas de agua, que tienden a romperse con facilidad. Estas lesiones se acompañan de enrojecimiento variable y sensaciones de picazón que pueden intensificarse según el grado de transpiración continua. En casos más severos, los pacientes reportan sensaciones de ardor o quemazón en las zonas afectadas, lo que genera considerable incomodidad, especialmente cuando persiste la sudoración.

La localización de estas lesiones varía según la edad del afectado. En bebés y lactantes, las manifestaciones cutáneas aparecen frecuentemente en el cuello, los hombros y el pecho. En cambio, en niños mayores y adultos, el sarpullido tiende a concentrarse en zonas de pliegues corporales como axilas, ingles, codos y muslos, donde la acumulación de humedad es más probable.

Factores que favorecen la aparición del trastorno

Existen múltiples condiciones que incrementan el riesgo de desarrollar esta afección cutánea:

  • Exposición prolongada al calor excesivo
  • Humedad ambiental elevada
  • Sudoración abundante sin secado adecuado
  • Prendas de vestir ajustadas que impiden la ventilación
  • Actividad física intensa en ambientes cálidos
  • Fiebre prolongada en enfermedades infecciosas
  • Inmadurez de los conductos sudoríparos en recién nacidos

Clasificación clínica de la miliaria

Los especialistas reconocen tres variantes clínicas según la profundidad de la obstrucción en la estructura de la piel:

  • Miliaria cristalina: La forma más superficial, caracterizada por vesículas sin enrojecimiento asociado. Es frecuente en recién nacidos y adultos durante las primeras fases de la afección.
  • Miliaria rubra: La presentación más común en la práctica clínica, que incluye enrojecimiento evidente, pápulas inflamadas y picazón intensa. Esta variante tiene mayor potencial para complicarse con infecciones bacterianas secundarias.
  • Miliaria profunda: La forma menos frecuente, que se manifiesta con lesiones más firmes y profundas. Suele asociarse a episodios repetidos y conlleva mayor riesgo de alteraciones en la capacidad de sudoración.

Complicaciones potenciales que requieren vigilancia

El principal riesgo derivado de esta afección es el agotamiento por calor, que puede desarrollarse cuando la obstrucción de los conductos sudoríparos impide la disipación adecuada del calor corporal. Cuando las zonas afectadas pierden su capacidad de transpiración, la regulación térmica se ve comprometida, aumentando significativamente el riesgo de hipertermia.

Además, existe la posibilidad de que se desarrollen infecciones bacterianas secundarias cuando las vesículas se rompen y la piel se expone a contaminación. Estos cuadros infecciosos requieren atención médica inmediata para evitar progresión hacia infecciones más severas.

Estrategias de prevención y cuidado

Para minimizar el riesgo de desarrollar esta afección durante épocas de calor intenso, los dermatólogos recomiendan un conjunto de medidas preventivas:

  • Permanecer en ambientes frescos y bien ventilados, preferiblemente con aire acondicionado durante las horas de máximo calor
  • Utilizar prendas holgadas confeccionadas en algodón, que permite la transpiración y evita la retención de humedad
  • Evitar ropa ajustada que restrinja la circulación de aire en la piel
  • Mantener la piel seca mediante secado suave y frecuente, especialmente en pliegues corporales
  • Abstenerse de aplicar productos grasos que obstruyan aún más los conductos sudoríparos
  • Usar lociones calmantes únicamente si la picazón persiste y bajo recomendación profesional

El tratamiento fundamental se basa en reducir la temperatura corporal y mantener la piel en condiciones de sequedad. Estas medidas simples pero efectivas suelen ser suficientes para resolver la mayoría de los casos sin necesidad de intervenciones farmacológicas complejas.

Cuándo consultar con un profesional

Es recomendable buscar evaluación médica cuando el sarpullido no mejora después de aplicar medidas preventivas básicas, o cuando aparecen signos de complicación como fiebre, dolor intenso, hinchazón progresiva o presencia de pus. En poblaciones de riesgo como bebés, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas, una evaluación médica oportuna es fundamental para prevenir complicaciones.

Afortunadamente, la mayoría de los casos presenta un pronóstico muy favorable y se resuelve completamente al limitar la exposición al calor y la humedad ambiental. Sin embargo, en individuos predispuestos, los episodios pueden repetirse durante los meses de verano, por lo que la prevención continua y el cuidado meticuloso de la piel resultan esenciales para mantener la salud cutánea durante todo el año.

Autor
Editorial