La pandemia de COVID-19 dejó al descubierto muchas falencias del sistema sanitario, pero una de las más silenciosas fue el sesgo racial de los pulsioxímetros. Esos dispositivos de pinza que se volvieron furor en los hogares, y que los médicos usaban para detectar hipoxias, fallaban estrepitosamente en pieles más oscuras. Ahora, un equipo de la Universidad de Tufts parece haber encontrado la vuelta con un dispositivo llamado ChromaSense.
El problema de fondo es la melanina. La luz roja e infrarroja que usan los oxímetros tradicionales para «leer» la sangre no atraviesa igual la piel con más pigmento. La absorción extra de luz genera lecturas erróneas, sobreestimando los niveles de oxígeno. Un estudio de 2020 en el New England Journal of Medicine citado por los investigadores mostró que hasta un 17% de los pacientes negros pueden tener niveles peligrosamente bajos de oxígeno que los dispositivos convencionales no detectan, una tasa de error tres veces mayor que en pacientes blancos.
ChromaSense no inventa la rueda, pero sí la ajusta. En lugar de medir solo la luz transmitida a través del dedo, usa una caja del tamaño de un reloj en la muñeca que mide la luz reflejada de la piel y el tejido. El paso clave es que primero mide el tono de piel de la persona y luego ajusta su nivel de luz y análisis para compensar la interferencia de la melanina. En pruebas, mostró una precisión de entre el 1,4% y el 2,9% comparado con los oxímetros estándar.
La investigadora Valencia Koomson, profesora asociada de ingeniería eléctrica e informática en Tufts, lo explica simple: si entrenás un modelo con datos que no son diversos en edad, raza y género, el rendimiento se resiente. «Un modelo aparentemente de alto rendimiento puede parecer mucho menos impresionante una vez que se divide en grupos específicos», advirtió. Esa es la clave: la diversidad en los datos de entrenamiento no es un capricho, es una necesidad clínica.
El dispositivo todavía está en fase experimental, pero los investigadores ya piensan en grande. Están trabajando para que también mida la presión arterial, y las pruebas en más de 2.300 pacientes adultos en UCI mostraron una precisión de hasta el 90% en esas lecturas. Aunque ese modelo aún no está integrado en ChromaSense, el objetivo es incorporarlo en el futuro.
Este avance no es solo tecnología, es una cuestión de equidad en salud. Durante la pandemia, muchos pacientes de piel oscura fueron dados de alta con lecturas falsamente normales, cuando en realidad necesitaban oxígeno urgente. Si ChromaSense llega al mercado, podría evitar que esa injusticia se repita. La pregunta es cuánto tardará en estar disponible y si el sistema de salud lo adoptará con la urgencia que el caso amerita.