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VIH en América Latina: el simposio que expuso las deudas pendientes de la región

Mientras las nuevas infecciones por VIH crecen en América Latina, el simposio de Fundación Huésped se convirtió en un espacio clave para analizar por qué la evidencia científica no siempre se traduce en políticas públicas efectivas.

Autor
Editorial

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El panorama sanitario de América Latina frente al VIH es, cuando menos, paradójico. Mientras el mundo celebra una caída del 40% en las nuevas infecciones entre 2010 y 2024, la región va en sentido contrario con un preocupante aumento del 13%. Este escenario fue el telón de fondo del XXIII Simposio Científico Regional de Fundación Huésped, que durante tres jornadas en Buenos Aires reunió a más de miles de asistentes en un debate que trascendió lo estrictamente clínico.

El encuentro no fue un congreso más. Con más de 80 actividades, logró articular una conversación inusual donde la ciencia, la práctica médica, el activismo y los derechos humanos compartieron escenario. Médicos, investigadores y referentes comunitarios de toda la región y el mundo se dieron cita para discutir desde los nuevos tratamientos hasta los dilemas que plantea la tecnología aplicada a la salud.

La epidemiología marcó la urgencia. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) estimó en 2024 unas 4,2 millones de nuevas infecciones por sífilis entre personas de 15 a 49 años en las Américas, un 15% más que en 2022. Estos datos no son fríos números: representan la punta de un iceberg de desigualdades que persisten en el acceso a la prevención y el diagnóstico.

Tres décadas de HAART y la promesa de las terapias inyectables

Uno de los momentos más emotivos del simposio fue la sesión dedicada a los 30 años de HAART, la terapia antirretroviral de gran actividad que cambió la historia del VIH. Pedro Cahn, director científico de Fundación Huésped, junto a Javier Hourcade Bellocq de México, lideraron una presentación que no solo celebró el aniversario sino que abrió preguntas incómodas sobre el presente y futuro del tratamiento.

Las terapias de larga duración se robaron la atención. Raphael Landovitz, de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), presentó una plenaria sobre inyecciones de acción prolongada, mientras que otro simposio se enfocó en el paso «de la evidencia a la acción» con CAB-RPV LA. La pregunta que resonó en varios paneles fue directa: si la ciencia ya ofrece herramientas más flexibles, ¿por qué la implementación regional avanza tan lento?

El panel sobre los próximos 10 años de antirretrovirales, con voces de la industria, dejó en claro que las nuevas terapias inyectables representan una de las mayores expectativas, aunque también plantean interrogantes sobre acceso, seguimiento y costos que no se resuelven en el laboratorio.

Prevención: las deudas que no se saldan

La agenda preventiva tuvo un tono más incómodo que celebratorio. La mesa «Prevención: las deudas pendientes» abordó la transmisión vertical del VIH, las oportunidades perdidas en vacunación y el debate sobre PrEP y DoxiPEP, dos herramientas con evidencia sólida pero con una expansión desigual en la región.

El desfasaje entre conocimiento y acción también apareció en el bloque sobre infecciones de transmisión sexual (ITS). Sífilis, mpox, ITS extragenitales y el rol del testeo comunitario fueron los ejes de una discusión que puso sobre la mesa el concepto de la «última milla»: esa distancia que separa las políticas formales de la llegada real a las personas.

IA, ESI y poblaciones invisibilizadas

La inteligencia artificial aplicada a la salud ocupó un lugar central, un tema que hace años era marginal en estos congresos. Jhemel Garay de Bolivia, Carina Lion y Enzo Ferrante de la UBA analizaron los usos posibles en entornos rurales, los dilemas de la IA generativa y los riesgos de reproducir sesgos o automatizar exclusiones sin marcos claros de responsabilidad.

La salud trans tuvo un desarrollo sostenido con al menos tres bloques específicos sobre atención multidisciplinaria: terapias hormonales, interacciones con PrEP, salud anal, salud mental, complicaciones por siliconas líquidas y riesgo cardiovascular. El enfoque evitó reducir todo a lo clínico, articulando hospitales, universidades y organizaciones comunitarias.

El panel «Sexo, drogas y rock and roll» abrió debates que suelen quedar fuera del lenguaje médico tradicional: chemsex, trabajo sexual y cómo habilitar esas conversaciones en los servicios de salud. La Educación Sexual Integral (ESI) también tuvo su capítulo con una mesa sobre los 20 años de activismos para mantener viva la ley, conectando los debates biomédicos con la formación y la capacidad de decidir.

Una región con desafíos propios

La convivencia entre ciencia de frontera y obstáculos concretos fue otro rasgo distintivo. En la misma grilla que incluyó anticuerpos monoclonales y GP120, hubo talleres de salud mental, cannabis medicinal, calidad de vida en mayores de 50 años con VIH y narrativas desde la ficción. Esta heterogeneidad no fue un desvío sino una declaración de método.

Pedro Cahn resumió la perspectiva del encuentro: «Nuestra región tiene desafíos propios que requieren respuestas coordinadas y pensadas para las particularidades de las Américas. Los problemas actuales se enfrentan con más evidencia, más cooperación y más comunidad».

El simposio cerró con una escena doble: por un lado, la evidencia de que existen herramientas nuevas, tratamientos más flexibles y tecnologías capaces de modificar la atención; por otro, la persistencia de deudas que vuelven sobre la misma pregunta: cuánto de todo ese conocimiento logra convertirse en políticas, prácticas y acceso real.

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