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Hepatitis C en Argentina: 800 casos anuales y la importancia del testeo temprano

La hepatitis C avanza sin dar señales durante años, pero un simple análisis de sangre puede cambiar el destino de quien la porta. Con tratamientos orales que curan en pocas semanas, la detección temprana se vuelve la herramienta más poderosa contra esta infección silenciosa.

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Editorial

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La hepatitis C sigue siendo una amenaza silenciosa en la Argentina. Según los registros epidemiológicos nacionales, cada año se notifican entre 700 y 800 casos de esta infección viral que ataca directamente al hígado y que, en muchos casos, avanza durante décadas sin manifestar síntomas.

Se trata de una enfermedad causada por un virus que se transmite por contacto con sangre infectada. Cuando la infección se cronifica, puede desembocar en complicaciones severas como cirrosis o carcinoma hepatocelular, dos de las consecuencias más graves que preocupan a los especialistas.

Un problema que excede las fronteras

La situación argentina es un reflejo de lo que ocurre a nivel mundial. Se calcula que alrededor de 50 millones de personas conviven con una infección crónica por el virus de la hepatitis C en todo el planeta.

Lo más preocupante es el ritmo de contagio: se producen aproximadamente 1,8 millones de nuevas infecciones cada año, lo que equivale a unos 4.900 casos nuevos por día en el mundo. La hepatitis viral, considerando en conjunto los tipos B y C, provoca cerca de 1,34 millones de muertes anuales, en su mayoría vinculadas a cirrosis y cáncer de hígado derivados de infecciones crónicas que nunca recibieron tratamiento.

Quiénes deben hacerse el análisis

Desde el Ministerio de Salud recomiendan realizarse el test de sangre al menos una vez a partir de los 18 años, incluso en ausencia total de síntomas. Pero hay grupos que requieren especial atención:

  • Personas que recibieron transfusiones de sangre, hemoderivados o cirugías antes de 1992.
  • Pacientes en tratamiento de hemodiálisis.
  • Quienes se realizaron tatuajes, piercings o procedimientos invasivos con material no esterilizado.
  • Personas que compartieron material para consumo de drogas inyectables o inhaladas.

Sin vacuna, la prevención es la clave

La médica Elena Zevallos, directora médica nacional de Ospedyc, fue clara al respecto: no existe todavía una vacuna contra la hepatitis C. Por eso, las medidas de prevención se centran en evitar el contacto con sangre no analizada, exigir material descartable o debidamente esterilizado en procedimientos médicos y tatuajes, y no compartir objetos personales como máquinas de afeitar.

La especialista remarcó que el diagnóstico precoz transforma por completo el pronóstico de la enfermedad. «Detectarla a tiempo cambia el panorama por completo. Un análisis de sangre de rutina permite diagnosticarla antes de que genere daños irreparables y dar paso a los tratamientos antivirales actuales», afirmó Zevallos.

Los tratamientos disponibles en la actualidad se administran por vía oral y consiguen curar a más del 95% de los pacientes en un lapso de entre 8 y 12 semanas. La ecuación parece simple: un test accesible y un tratamiento efectivo pueden evitar años de sufrimiento y muertes evitables.

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Editorial