Un nuevo estudio publicado en JAMA Psychiatry pone el foco en un actor muchas veces ignorado del embarazo: la placenta. Según los investigadores, su estado de salud al final de la gestación podría estar relacionado con un mayor riesgo de que el niño desarrolle trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).
El hallazgo central apunta a una proteína llamada factor de crecimiento placentario (PlGF). Los niveles más bajos de esta sustancia durante el embarazo se vincularon con mayores probabilidades de un diagnóstico posterior de TDAH.
La investigadora principal, Serena Gumusoglu, profesora adjunta de psiquiatría, obstetricia y ginecología en la Universidad de Iowa, explicó que este trabajo suma evidencia a la hipótesis de que el riesgo neurodesarrollativo arranca en el útero. En sus palabras, la placenta puede cumplir un papel fundamental en la configuración de los resultados del neurodesarrollo.
El TDAH afecta a una porción significativa de la población infantil: hasta un 10% de los chicos estadounidenses de entre 3 y 17 años lo padecen, con dificultades para concentrarse, prestar atención y controlar sus impulsos.
Para llegar a estas conclusiones, los científicos analizaron muestras de sangre almacenadas de 176 embarazos y midieron los niveles de PlGF, una proteína que produce la placenta. Cabe recordar que los valores bajos de PlGF ya son una señal conocida de complicaciones como la preeclampsia.
Luego cruzaron esos datos con los diagnósticos posteriores de TDAH en los niños nacidos de esos embarazos. El patrón fue claro: en el primer y segundo trimestre no aparecía relación alguna, pero la situación cambiaba en el tercero.
- Tercer trimestre clave: en los embarazos que terminaron en un diagnóstico de TDAH, el PlGF no mostró el aumento típico de esa etapa.
- Magnitud del efecto: cada caída de una desviación estándar en PlGF se asoció con 2,6 veces más probabilidades de un diagnóstico posterior de TDAH.
- Sin relación con otra proteína: no se encontró vínculo entre el riesgo de TDAH y los niveles de endotelina-1, involucrada en la salud vascular durante el embarazo.
Un dato relevante es que la asociación se mantuvo incluso después de ajustar por preeclampsia, parto prematuro temprano y crecimiento fetal restringido, condiciones que ya se vinculaban tanto con niveles bajos de PlGF como con más chances de TDAH.
Para Gumusoglu, esto indica que no se trata solo de marcar embarazos «enfermos». Sus resultados apuntan a cambios placentarios sutiles en gestaciones sin diagnóstico clínico que, aun así, derivaron en diferencias neurodesarrollativas en los chicos.
La placenta, vale aclarar, es un órgano temporal que se forma en el útero durante el embarazo y se encarga de aportar oxígeno y nutrientes al feto a través del cordón umbilical.
Los propios autores piden cautela: la muestra es relativamente pequeña y proviene de un solo centro médico. Hará falta más investigación para confirmar y comprender mejor esta posible asociación.
La apuesta a futuro es ambiciosa. Si el resultado se replica en una muestra mayor y los estudios en ratones respaldan una relación causal, medir los niveles de PlGF durante el embarazo podría ayudar a identificar a los niños que se beneficiarían de un seguimiento temprano del desarrollo.
El trabajo conecta así lo que clásicamente se considera una preocupación obstétrica, como un PlGF anormal, con resultados neurodesarrollativos que se manifiestan años después en los niños.