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La nueva era farmacéutica: por qué producir cerca es la estrategia del futuro

Durante años, la industria farmacéutica global priorizó fabricar donde resultaba más económico. Hoy, tras las lecciones de la pandemia, la ecuación cambió: la seguridad del suministro y la capacidad de producción local se volvieron ventajas competitivas de peso.

Autor
Editorial
La nueva era farmacéutica: por qué producir cerca es la estrategia del futuro

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Durante décadas, la lógica que rigió la producción mundial de medicamentos fue simple: fabricar donde resultara más barato. Esa premisa concentró la elaboración de principios activos en unos pocos territorios, al punto que hoy apenas dos países reúnen más de la mitad de la producción global de ingredientes farmacéuticos activos.

El modelo fue eficiente desde lo económico, pero generó cadenas de suministro extensas y vulnerables. La pandemia de COVID-19 dejó al descubierto esas grietas, y los años posteriores confirmaron que incluso las economías más desarrolladas pueden sufrir faltantes de productos básicos como los antibióticos. Así, a la pregunta sobre dónde es más barato producir, se sumó otra igual de crucial: dónde es más seguro y cuánto vale asegurar el abastecimiento.

Las respuestas ya están en marcha en distintas partes del mundo. La Unión Europea avanza con una actualización de su marco farmacéutico, que incluye un paquete legislativo sobre medicamentos y una propuesta de Ley de Medicamentos Críticos orientada a garantizar el suministro y reducir la dependencia externa. En el norte de África, países como Argelia reservan sus compras públicas a proveedores extranjeros solo cuando no existe oferta nacional. Estrategias diversas, pero con un eje común: entender la producción de medicamentos como una cuestión estratégica y no meramente comercial.

En ese contexto, la Argentina cuenta con un activo que muchas veces pasa desapercibido. La industria farmacéutica nacional sostiene cerca de doscientas plantas, en su mayoría de capital local, y muchas cuentan con habilitaciones de la FDA estadounidense y la EMA europea. El sector emplea a más de 43 mil personas calificadas, exporta a más de cien países y le permitió al sistema de salud un ahorro superior a los 10 mil millones de dólares gracias a la producción local de tratamientos complejos.

No se trata de un sector que dependa de beneficios extraordinarios: compite por conocimiento, tecnología y capacidad instalada. Esa base es la que habilita el próximo paso: desarrollar plataformas biotecnológicas propias y proyectarlas al mundo. La clave no pasa por elegir entre abrirse o protegerse, sino por comprender que la seguridad del abastecimiento y la integración global son dos caras de la misma moneda.

Producir cerca dejó de ser una consigna defensiva para convertirse en una ventaja competitiva concreta. La ciencia y la industria argentinas tienen la oportunidad de ocupar ese lugar. Para lograrlo, hace falta seguir invirtiendo en conocimiento, sostener reglas previsibles y trabajar en red con la región y el resto del mundo.

Porque la próxima crisis no avisa, y la capacidad de fabricar lo esencial no se improvisa: se construye con decisión, tiempo y visión estratégica.

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