La boca de un adolescente habla más de lo que parece. Un informe clínico de la Academia Estadounidense de Pediatría (AAP) sostiene que el examen dental en esta etapa de la vida funciona como una verdadera ventana al bienestar general, capaz de anticipar problemas que van mucho más allá de una caries.
La doctora Cora Collette Breuner, coautora del documento y profesora de pediatría en el Hospital Infantil de Seattle, lo resume con claridad: la salud bucal adolescente permite detectar enfermedades crónicas en etapas tempranas o identificar cuadros que necesitan atención odontológica urgente. El pediatra, además, puede orientar sobre prevención de lesiones deportivas con protectores bucales bien ajustados.
El informe, titulado Salud Bucal para Adolescentes, enumera una serie de señales que los profesionales pueden leer en la boca de sus pacientes:
- Bulimia: quienes padecen este trastorno tienen cinco veces más chances de sufrir erosión irreversible del esmalte por el contacto con el ácido estomacal.
- Drogas recreativas: la marihuana, el éxtasis y la metanfetamina favorecen la caries, en parte porque resecan la boca.
- Tabaquismo: fumar inflama las encías y eleva el riesgo de cánceres orales.
- Infecciones de transmisión sexual: pueden manifestarse como garganta enrojecida, úlceras o crecimientos en la cavidad bucal.
- Conductas de riesgo: andar en patineta o en bicicletas eléctricas sin protector bucal puede terminar en fracturas y pérdida de piezas dentales.
A esto se suma un combo de desafíos propios de la edad. La adolescencia trae mayor riesgo de problemas dentales vinculados al crecimiento, como la extracción de muelas del juicio impactadas, la necesidad de ortodoncia o el uso de protectores por movimientos mandibulares inadecuados.
Y si el cepillado y el hilo dental brillan por su ausencia, aparecen los clásicos de siempre: caries, mal aliento y encías inflamadas. La investigadora principal, la doctora Susan Fisher-Owens, profesora de pediatría en la Universidad de California en San Francisco, remarca que esta etapa es clave para instalar hábitos saludables, como cepillarse dos veces por día y visitar al dentista con regularidad.
El pediatra, cuenta Fisher-Owens, puede preguntar por dolor, sangrado de encías, sequedad bucal y cambios en los patrones de alimentación e hidratación durante un control físico de rutina. Son preguntas simples que abren la puerta a diagnósticos tempranos.
El informe también pone el foco en una desigualdad que duele: muchos adolescentes quedan fuera del sistema odontológico, entre ellos quienes están sin hogar, en hogares de crianza, detenidos en instituciones juveniles o son inmigrantes y refugiados. Para Fisher-Owens, todo adolescente merece un hogar dental y atención preventiva regular, y fortalecer los lazos entre médicos y odontólogos permite detectar problemas antes y mejorar los resultados sanitarios.