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Un hospital de Mar del Plata recorta de nueve a tres las visitas para operarse de cataratas

Una queja de un paciente bastó para que Oftalmología revisara todo el circuito de cataratas y lo achicara a la mitad. Detrás de ese logro hay una década de trabajo silencioso en gestión, con el foco puesto en escuchar a quienes están en la trinchera de cada procedimiento.

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Editorial
Un hospital de Mar del Plata recorta de nueve a tres las visitas para operarse de cataratas

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Hay innovaciones que no nacen en un laboratorio ni dependen de un aparato costoso. A veces alcanza con que alguien del otro lado del mostrador levante la mano y diga lo que ve. Eso fue lo que pasó en el Hospital Privado de Comunidad (HPC) de Mar del Plata, que llevó su experiencia en gestión a la XVI Jornada Nacional del Foro Colaborativo Latinoamericano de Calidad y Seguridad en Salud.

Por primera vez, el director de la institución, Pablo Malfante, expuso en una mesa junto a referentes de otros nosocomios de peso del país. La consigna del encuentro fue simple y potente: contar qué funciona, qué no y qué se puede copiar entre instituciones.

El Foro Colaborativo Latinoamericano trabaja desde hace 16 años junto al Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria (IECS), ligado al Hospital Italiano de Buenos Aires. De la movida participan organizaciones sanitarias de varios países, incluidas algunas de Brasil y Colombia con larga trayectoria en modelos de gestión.

En esta edición, Malfante compartió panel con representantes del Hospital Italiano, el Hospital Alemán, el Hospital Universitario Austral y el Hospital Privado Universitario de Córdoba. El auditorio, cabe aclarar, no era menor: directores, gerentes y responsables de instituciones de salud de toda la región.

La anécdota que destrabó un circuito eterno

El ejemplo más contundente que llevó el HPC a la jornada surgió de un comentario suelto. Un paciente señaló que, para llegar al quirófano por una cirugía de cataratas, tenía que pasar nueve veces por el hospital. La observación encendió una alarma en el equipo de Oftalmología.

Al revisar el recorrido completo, los propios protagonistas detectaron que varios estudios podían hacerse en una misma jornada en lugar de repartirse en visitas separadas. Con ese ajuste, el proceso bajó de nueve a tres concurrencias: una para la consulta, otra para completar los pasos previos y una tercera para la operación.

Lo interesante es de dónde salió la solución. No vino de un despacho directivo, sino de secretarias, médicos y residentes que conocían el circuito de memoria y se animaron a rediseñarlo. Ese es, justamente, el corazón del programa de mejora continua que el HPC desarrolla desde hace unos diez años con el respaldo de la Fundación Médica de Mar del Plata, encargada de fijar las políticas generales de la organización.

«Eso es lo que nos da la mejora continua: las herramientas para que no todo tenga que venir dictaminado desde un lugar, sino que el mismo sector observe cómo trabaja y proponga mejoras», explicó Malfante.

Escuchar al que sabe hacer el trabajo

El caso de las cataratas no es un detalle menor. Menos visitas significan menos traslados, menos días perdidos y una experiencia menos desgastante para quien ya está atravesando un momento delicado por su salud visual. La modificación organizativa impacta de lleno en la calidad de vida del paciente.

Pero para que eso ocurra hace falta una condición que no siempre se da en las estructuras jerárquicas: que la gestión escuche. «Uno tiene que entender que, por más que esté gestionando una organización, no tiene por qué saber todo y puede aprender muchísimo de otras personas que están haciendo algo hace un montón de tiempo», sostuvo el director.

La mejora continua, además, no se agota en lo administrativo. También abarca la infraestructura, la tecnología y la organización de los espacios. La Fundación Médica de Mar del Plata impulsa desde hace años reformas edilicias en distintas áreas, con el desafío de adaptar edificios antiguos al ritmo de una organización que no deja de crecer.

Ordenar los espacios, según Malfante, también mejora los procedimientos y la circulación de pacientes y trabajadores. Y no es un dato menor si se tiene en cuenta la escala del HPC:

  • Alrededor de 800.000 consultas anuales.
  • 15.000 cirugías por año.
  • Entre 12.000 y 14.000 egresos anuales.
  • Una planta de aproximadamente 1.600 trabajadores.

Sostener ese volumen exige algo más que protocolos: requiere una cultura donde cada sector pueda detectar oportunidades de mejora y proponer soluciones sin esperar instrucciones de arriba. «Somos personas cuidando personas y creo que la premisa es que el cuidador tiene que estar bien para brindar lo mejor de sí», resumió Malfante.

La experiencia que el HPC presentó en la jornada nacional apunta justamente a eso: consolidar una forma de trabajar donde los cambios se reflejen en una atención más segura, eficiente y centrada en las necesidades reales de los pacientes. A veces, el primer paso es tan simple como escuchar a quien advierte que nueve visitas son demasiadas.

Autor
Editorial