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Las aguas subterráneas argentinas revelan su verdadera edad

Un estudio exhaustivo sobre los acuíferos argentinos expone una realidad invisible bajo nuestros pies: el agua subterránea guarda historias geológicas de magnitudes impensadas, desde recarga reciente hasta depósitos milenarios que nunca se renovarán a escala humana.

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Editorial

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Bajo la superficie argentina existe un tesoro hídrico con historias geológicas fascinantes. Investigadores del Conicet, la Comisión de Investigaciones Científicas de la provincia de Buenos Aires y universidades nacionales completaron el análisis más exhaustivo sobre las reservas de agua subterránea distribuidas en distintas regiones del país. Los hallazgos revelan una complejidad inesperada: aguas que circulan desde tiempos recientes conviven con depósitos que permanecen en el subsuelo desde hace más de un millón de años.

Daniel Martínez, doctor en geología e investigador del Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras, enfatiza que esta diversidad obliga a pensar nuevas estrategias para proteger el recurso. El estudio, publicado en la revista Groundwater for Sustainable Development, establece un rango de antigüedad que va desde pocos años hasta más de 1 millón de años, permitiendo clasificar las reservas según su capacidad de renovación.

Un mapa invisible de edades y profundidades

Argentina posee acuíferos de características muy distintas, distribuidos desde la llanura pampeana hasta la cordillera de los Andes. Las condiciones geográficas y climáticas generan variaciones significativas en la edad del agua subterránea según la región. En los acuíferos fracturados de Los Gigantes, en las Sierras Pampeanas de Córdoba, se identificaron aguas con menos de 20 años de antigüedad, mientras que en otras zonas el agua lleva milenios en el subsuelo.

La investigación abarcó siete grandes sistemas acuíferos, desde la Patagonia hasta la región pampeana y las zonas occidentales junto a los Andes. Este análisis integral permitió identificar las reservas más antiguas conocidas en Sudamérica, algunas de las cuales superan el millón de años.

Los hallazgos principales incluyen:

  • Llanura pampeana: reservas con edades entre 10 y 50 años, con presencia de aguas más antiguas mezcladas
  • Zonas cercanas a los Andes: aguas de hasta 15.000 años, recargadas por deshielo y precipitaciones
  • Acuíferos intermedios y confinados: edades entre 6.000 y 30.000 años
  • Reservorios profundos: como el Acuífero Guaraní y sistemas del Colorado y Salado, con aguas que superan el millón de años

La tecnología que revela el reloj del agua

Para determinar estas edades, los investigadores emplearon técnicas sofisticadas como tritio, carbono-14 y métodos más avanzados. Entre los procedimientos utilizados se encuentran gases antropogénicos (CFCs y SF6), gases nobles y radionúclidos de gases nobles (kriptón-81, kriptón-85), adaptados a las condiciones específicas de cada acuífero.

El análisis isotópico funciona como una huella digital del agua, revelando diferencias fundamentales entre aguas jóvenes y antiguas. Algunas de las reservas más viejas se formaron durante épocas frías como el Pleistoceno, mientras que otras aún más antiguas provienen de períodos áridos del Mioceno. En acuíferos alimentados por deshielo, la composición isotópica refleja la temperatura en que ocurrió la recarga original.

Este conocimiento es crucial para entender la historia climática del país escrita en el subsuelo, permitiendo leer cómo eran las condiciones ambientales cuando se formó cada depósito de agua.

Renovables y no renovables: una clasificación que cambia todo

El estudio establece una distinción fundamental: los acuíferos antiguos se consideran recursos no renovables porque su recarga es tan lenta que el agua extraída nunca se repondrá a escala humana. Esta clasificación transforma la forma en que debe pensarse la explotación de estos recursos.

Para los acuíferos no confinados (aquellos que reciben recarga directa de la superficie), la gestión sostenible requiere conocer con precisión cuánta agua almacenan e implementar programas de monitoreo constante. Esto implica medir periódicamente los niveles y la calidad del agua para evitar la sobreexplotación y garantizar que el recurso pueda renovarse.

En contraste, extraer agua de reservas milenarias representa una explotación de un recurso que no se renovará en escalas de tiempo adecuadas, por lo que debe realizarse de manera racional y limitada a situaciones excepcionales.

Propuestas concretas para proteger el futuro hídrico

Los investigadores enfatizan que conocer el tiempo y el recorrido del agua es la clave para la protección de las reservas subterráneas. Proponen implementar un programa nacional de monitoreo de los niveles freáticos como medida fundamental.

Las recomendaciones incluyen:

  • Priorizar los acuíferos con gran volumen y recarga activa para el suministro regular
  • Monitorear con mayor frecuencia y precaución los acuíferos según su tiempo de residencia
  • Analizar sustancias potencialmente contaminantes según las características de cada sistema
  • Limitar la aplicación de contaminantes en zonas vulnerables
  • Controlar los volúmenes de extracción en acuíferos susceptibles a sobreexplotación

El cambio climático y la resiliencia del agua subterránea

Respecto al impacto del cambio climático, Martínez señala que las aguas subterráneas poseen una resiliencia notable debido al prolongado tiempo que permanecen en los acuíferos. Considerando que este tiempo varía desde años hasta cientos de miles de años, los cambios en la precipitación no se advertirán hasta después de mucho tiempo.

Sin embargo, existen diferencias importantes según la ubicación del acuífero. Los sistemas con menor tiempo de residencia son más sensibles y vulnerables, como aquellos alojados en conos aluviales y valles de zonas cordilleranas, o los acuíferos someros en áreas medanosas o costeras. En contraste, los acuíferos confinados profundos no mostrarán efectos observables en escalas temporales extensas.

Este estudio integral representa un avance significativo en la comprensión del patrimonio hídrico subterráneo argentino, proporcionando las bases científicas necesarias para tomar decisiones informadas sobre la gestión y protección de un recurso cada vez más valioso.

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Editorial