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Long COVID y riesgo neurológico: hallazgos sobre tau cerebral

Un análisis científico revela que personas con secuelas neurológicas del COVID prolongado presentan niveles significativamente aumentados de tau en sangre. Este hallazgo abre interrogantes sobre el riesgo futuro de deterioro cognitivo en esta población.

Autor
Editorial

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La proteína tau y su rol en el deterioro cerebral

El cerebro humano depende del funcionamiento óptimo de sus células nerviosas para mantener procesos cognitivos, motores y sensoriales. Cuando estas células sufren daño progresivo, se desencadena un proceso de deterioro neuronal que afecta memoria, razonamiento y coordinación motora. La enfermedad de Alzheimer se caracteriza precisamente por la acumulación anormal de ovillos de tau y depósitos de beta amiloide, proteínas que interfieren con la comunicación neuronal y aceleran la muerte celular.

Cuando la proteína tau adopta una conformación patológica, abandona su función protectora y se convierte en agente destructivo. Este cambio estructural compromete la integridad de las células cerebrales, iniciando un ciclo de daño progresivo que caracteriza a las enfermedades neurodegenerativas.

Conexión inesperada entre COVID prolongado y marcadores de Alzheimer

Una investigación publicada en eBioMedicine del Stony Brook WTC Health and Wellness Program ha documentado un hallazgo preocupante: individuos con síntomas neurológicos persistentes tras infección por COVID-19 presentan elevaciones significativas de tau plasmático. Los síntomas neurológicos reportados incluyen:

  • Cefaleas recurrentes
  • Vértigo y desequilibrio
  • Alteraciones en gusto y olfato
  • Confusión mental o «niebla cognitiva»

Este descubrimiento sugiere que el COVID prolongado podría desencadenar cambios cerebrales comparables a los observados en trastornos neurodegenerativos, planteando interrogantes sobre el riesgo a largo plazo de estas poblaciones.

Metodología y resultados cuantitativos del estudio

Los investigadores analizaron muestras de plasma recolectadas antes y después de la infección por COVID-19, midiendo específicamente pTau-181 (tau fosforilada), una variante anormal asociada con demencia. El análisis comparó a 227 personas con secuelas neurológicas posagudas por COVID-19 (N-PASC) contra 227 controles que no desarrollaron síntomas persistentes.

Los resultados fueron contundentes: los niveles de tau aumentaron un 59% en promedio en el grupo con N-PASC comparado con sus propios valores previos a la infección. En contraste, el grupo control no mostró elevaciones significativas de tau después de la pandemia. La evaluación se realizó con una media de 2,2 años posteriores a la infección, permitiendo clasificar estos cambios como daño postagudo de curso prolongado.

Implicaciones para el deterioro cognitivo futuro

Un hallazgo particularmente relevante fue que participantes con síntomas neurológicos persistentes durante más de 18 meses mostraron incrementos aún mayores de tau. Según los investigadores, esta progresión podría «anticipar un empeoramiento de la función cognitiva conforme las personas envejecen».

Sean Clouston, profesor en el Departamento de Medicina de Familia de Stony Brook University, explicó que la presencia de tau en sangre en niveles elevados constituye un marcador de daño cerebral persistente. Sin embargo, enfatizó la necesidad de cautela: aún se desconoce si este aumento de tau seguirá una trayectoria biológica similar al Alzheimer u otros procesos neurodegenerativos distintos.

Limitaciones y próximos pasos investigativos

Los autores reconocen que se requieren investigaciones adicionales para establecer si la elevación de tau se traduce necesariamente en mayor riesgo de deterioro cognitivo clínico. Un paso fundamental será validar los hallazgos mediante técnicas de neuroimagen que confirmen si los aumentos de tau en sangre reflejan incrementos equivalentes dentro del tejido cerebral.

Xiaohua Yang, autora principal del programa de investigación, subrayó que la ventana temporal de análisis (entre 6 meses y 4 años post-infección) permitió caracterizar estas alteraciones como verdadero daño prolongado vinculado al coronavirus, descartando cambios transitorios.

Los investigadores también advirtieron que la cohorte estudiada (respondedores del World Trade Center) tuvo mayor exposición ambiental que la población general, por lo que los hallazgos podrían diferir en grupos menos expuestos ambientalmente.

Implicaciones para la salud pública y el desarrollo terapéutico

Benjamin J. Luft, director del programa e infectólogo de Stony Brook University, destacó que el impacto a largo plazo del COVID-19 podría manifestarse años después como enfermedades crónicas, incluyendo alteraciones neurocognitivas análogas a las del Alzheimer. Este hallazgo representa una de las primeras evidencias de que un virus podría contribuir a la producción anómala de tau con el transcurso del tiempo.

Las implicaciones prácticas son significativas: estos resultados sugieren la necesidad de repensar los mecanismos biológicos subyacentes a las enfermedades neurodegenerativas e informar el diseño de vacunas y tratamientos que prevengan la persistencia del daño viral en el sistema nervioso central.

Autor
Editorial