Un estudio reciente publicado en Nature Human Behavior pone el dedo en la llaga sobre una palabra que usamos todos los días en la consulta médica: «normal». Lo que para un profesional de la salud es una forma de tranquilizar, para el paciente puede sonar como una sentencia a vivir con el problema sin buscar ayuda.
La investigación, liderada por On Amir y Seyi Lawal de la Universidad de California-San Diego, surgió a partir de quejas de pacientes sobre la menopausia. Muchas mujeres sentían que sus síntomas eran minimizados al ser calificados como «una parte normal del envejecimiento». Esto llevó a los investigadores a preguntarse si el malentendido se repetía en otras áreas de la salud.
Para comprobarlo, realizaron 14 experimentos con pacientes y profesionales sanitarios, presentando escenarios clínicos realistas que incluían desde migrañas y alergias estacionales hasta dolor dental y niveles elevados de azúcar en sangre. Los resultados fueron contundentes: cuando el médico decía «normal», los pacientes mostraban menos intención de seguir un tratamiento, incluso cuando este era necesario.
El problema radica en la interpretación de la palabra. Para el médico, «normal» significa que el síntoma es frecuente y conocido, algo que ya ha visto antes. Pero para el paciente, «normal» se traduce como «aceptable» o «no vale la pena tratarlo». Una misma palabra, dos mundos completamente distintos.
Lo curioso es que los médicos esperaban que normalizar los síntomas aumentara la adherencia al tratamiento, o al menos no tuviera efecto. La realidad fue la opuesta: los pacientes reaccionaron dejando de lado los cuidados recomendados.
La buena noticia es que hay formas sencillas de cerrar esta brecha comunicacional:
- Recomendar el tratamiento explícitamente, incluso si se usa la palabra «normal».
- Explicar qué se quiere decir con «normal»: que el síntoma es común, pero que igual requiere atención médica.
- Que el paciente pregunte qué significa exactamente esa palabra en su caso particular.
Los investigadores encontraron que ambas estrategias ayudan a que los pacientes sean más proactivos con su salud. No hay que asumir que «normal» es sinónimo de «no hacer nada».
Este estudio nos invita a repensar cómo nos comunicamos en el consultorio. Los médicos tienen la intención de aliviar la ansiedad, pero el efecto puede ser contraproducente. La claridad en la comunicación es tan importante como el diagnóstico mismo.
Para los pacientes, la recomendación es clara: si un profesional dice que un síntoma es «normal», no duden en preguntar qué implica eso para su tratamiento. La salud no es un juego de adivinanzas.