Un video que se volvió viral en las últimas horas destapó una situación preocupante en una clínica privada de Miramar, donde un paciente de Pami fue trasladado en un ascensor que estaba clausurado por la Municipalidad de General Alvarado. Las imágenes, filmadas el 6 de agosto, muestran al ascensor con la faja de “clausura preventiva” colocada por las autoridades, pero eso no impidió que un enfermero lo utilizara para mover al afiliado.
Lo más llamativo del caso es que la secuencia completa fue captada en el primer piso de la clínica, y el denunciante, que envió el material a la redacción de 0223, asegura que esto es solo la punta del iceberg. Según su relato, la clínica arrastra problemas serios que van más allá del ascensor: falta de insumos médicos, equipos rotos, ausencia de materiales de limpieza y sueldos atrasados para el personal.
“El 80% del personal está en condiciones laborales precarias, en negro. Pami debería hacer auditorías en ese hospital”, razonó el hombre, dejando en evidencia un reclamo que no es nuevo en la zona. La situación plantea un interrogante incómodo: ¿cómo es posible que una obra social como Pami no tenga controles más estrictos sobre las clínicas privadas que atienden a sus afiliados?
El caso no es aislado. En los últimos meses, los jubilados y afiliados a Pami han denunciado múltiples fallas en el sistema, desde oficinas que cierran sin aviso hasta falta de cobertura para operaciones. Este video, sin embargo, agrega un componente de riesgo físico directo: usar un ascensor clausurado por fallas no es solo una irregularidad administrativa, es un peligro concreto para la salud de los pacientes.
La pregunta que queda flotando es si las autoridades municipales y provinciales van a tomar cartas en el asunto, o si este tipo de prácticas seguirán repitiéndose sin consecuencias. La clínica, por ahora, no emitió ningún comunicado oficial, y el video sigue circulando como una prueba más de que el sistema de salud privado, al menos en Miramar, necesita una revisión urgente.
Mientras tanto, los vecinos de la localidad balnearia esperan que esta denuncia no quede en el olvido. La salud de los pacientes no puede depender de la buena voluntad de un enfermero que, a pesar de todo, hace su trabajo en condiciones que rayan lo inaceptable. La pelota está del lado de los funcionarios, que deberían explicar por qué una clínica con este nivel de irregularidades sigue operando con normalidad.