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RCP obligatoria en el Concejo: una medida que salva vidas puertas adentro

El Concejo Deliberante podría convertirse en un espacio cardioprotegido. Un proyecto propone que todos sus trabajadores, sin excepción, se capaciten en RCP. La medida, que ya tiene consenso político, espera informes técnicos para avanzar. ¿Por qué es clave que los edificios públicos den el ejemplo?

Autor
Editorial

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La iniciativa que busca imponer la capacitación obligatoria en Reanimación Cardiopulmonar (RCP) para todo el personal del Concejo Deliberante está dando pasos firmes. La Comisión de Salud dio luz verde al análisis del proyecto, que ahora aguarda los informes del Ejecutivo municipal para definir su futuro. La propuesta, presentada por el concejal Ricardo Liceaga Viñas (UCR + Nuevos Aires), apunta a que nadie que trabaje en el legislativo quede afuera de una formación que, en momentos críticos, puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

El corazón del proyecto es claro: que la capacitación alcance a todos los agentes, ya sean de planta permanente, personal político, contratados o cualquier otra figura que preste funciones en el recinto. La idea es que no queden grietas ni excepciones. Para eso, se establece que la formación sea obligatoria y se realice dentro de los seis meses posteriores al ingreso de cada trabajador, con una renovación cada dos años para mantenerse al día con los protocolos vigentes.

¿Quiénes dictarían los cursos? El proyecto contempla dos caminos posibles: el Ente Municipal de Deportes y Recreación (Emder), a través de su Instituto Arístides Hernández, o la Secretaría de Salud municipal. Ambas áreas cuentan con profesionales idóneos para llevar adelante la tarea, lo que le daría un marco de seriedad y respaldo técnico a la iniciativa.

Liceaga Viñas fue contundente al explicar el porqué de la obligatoriedad: “Todos sabemos la importancia de estos cursos, pero cuando se dictan no tienen la participación que necesitarían”. Y agregó: “Tal vez, a través de una ordenanza que establezca una obligatoriedad, lograríamos que todo el personal pueda capacitarse”. Una lectura que pone el foco en un problema recurrente: la falta de compromiso con la formación voluntaria.

El concejal también remarcó la necesidad de una actualización periódica, ya que las técnicas y protocolos de RCP evolucionan constantemente. No se trata solo de aprender una vez, sino de mantener los conocimientos frescos y aplicables. “Es importante que todos los que trabajamos nos podamos capacitar de manera continua”, sostuvo.

Más allá de lo técnico, la propuesta tiene un componente cultural. Liceaga Viñas hizo hincapié en que la formación no solo aporta conocimientos, sino que también brinda la confianza necesaria para actuar. “Cuando llega ese momento, hay que animarse a actuar, y eso te lo van dando las capacitaciones”, señaló. Una frase que resume el verdadero objetivo: romper el miedo a intervenir.

El fundamento médico es sólido. Un paro cardiorrespiratorio es una de las principales causas de muerte súbita, y la intervención en los primeros minutos es determinante para la supervivencia. La capacitación en RCP aumenta significativamente las posibilidades de que la persona afectada llegue con vida hasta la llegada de los servicios de emergencia. En ese sentido, la iniciativa no es un simple trámite administrativo, sino una herramienta concreta para salvar vidas.

Otro punto que destaca el proyecto es el contexto del propio edificio legislativo. El Concejo recibe a diario a vecinos, instituciones educativas, adultos mayores y trabajadores municipales. Es un espacio de alta circulación de personas, donde una emergencia puede ocurrir en cualquier momento. Tener personal preparado para responder no es un lujo, es una necesidad.

Por ahora, la comisión resolvió pedir informes al Emder y a la Secretaría de Salud para avanzar en la evaluación técnica. El consenso entre los bloques es amplio, y una vez que lleguen las respuestas del Ejecutivo, el proyecto podría quedar en condiciones de ser aprobado. Si se concreta, el Concejo Deliberante daría un paso adelante en materia de prevención y seguridad, y sentaría un precedente importante para otros edificios públicos de la ciudad.

La medida, sin dudas, es un avance. Pero también abre una pregunta: si es tan importante para el personal legislativo, ¿por qué no extenderla a todas las dependencias municipales? La respuesta, quizás, esté en que este tipo de iniciativas suelen empezar por un lugar y luego contagiar al resto. Y en esto de salvar vidas, todo empuje es bienvenido.

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