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Aditivos alimentarios bajo sospecha: riesgos de cáncer y diabetes

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Editorial

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La industria alimentaria utiliza decenas de conservantes para mantener productos frescos y seguros en las estanterías, pero investigaciones recientes sugieren que algunos de estos aditivos podrían aumentar significativamente el riesgo de desarrollar cáncer y diabetes tipo 2. Dos estudios realizados en Francia, basados en datos de más de 170.000 participantes seguidos durante hasta 14 años, han generado inquietud en la comunidad científica internacional.

El proyecto NutriNet-Santé, iniciado en 2009, representa el primer análisis global que examina la conexión entre estos aditivos alimentarios y enfermedades crónicas graves. Los investigadores compararon meticulosamente los reportes dietéticos en línea de los participantes con sus registros médicos del sistema nacional de salud francés, creando una base de datos sin precedentes para este tipo de investigación.

Mathilde Touvier, directora de la investigación e investigadora principal del Instituto Nacional de Salud e Investigación Médica de Francia, enfatizó la importancia de estos hallazgos pero también advirtió sobre la necesidad de cautela. «Debemos ser muy cuidadosos con el mensaje, ya que estos resultados requieren confirmación adicional», señaló la experta, reconociendo que aunque los datos son significativos, la ciencia debe proceder con rigor antes de sacar conclusiones definitivas.

Conservantes vinculados al cáncer: qué dice la evidencia

El estudio sobre cáncer, publicado en la revista BMJ, examinó el impacto de 58 conservantes diferentes en aproximadamente 105.000 personas sin antecedentes de cáncer en 2009. De los 17 aditivos consumidos por al menos el 10% de los participantes, seis mostraron asociaciones significativas con mayor riesgo de cáncer.

Lo particularmente preocupante es que todos estos seis conservantes están clasificados como GRAS (Generalmente Reconocidos como Seguros) por la Administración de Alimentos y Medicamentos estadounidense. Entre ellos se encuentran:

  • Nitrito de sodio: Vinculado a un aumento del 32% en riesgo de cáncer de próstata. Este químico es omnipresente en carnes procesadas como tocino, jamón y embutidos.
  • Nitrato de potasio: Asociado con un 22% más de riesgo de cáncer de mama y 13% más de todos los tipos de cáncer.
  • Sorbatos (especialmente sorbato de potasio): Relacionados con 26% más riesgo de cáncer de mama y 14% más de cáncer general. Se utilizan en vinos, productos horneados, quesos y salsas.
  • Metabisulfito de potasio: Empleado en la producción de vino y cerveza, mostró un aumento del 20% en cáncer de mama y 11% en todos los tipos.
  • Acetatos: Presentes en carnes, salsas, panes y quesos, se asociaron con 25% más riesgo de cáncer de mama y 15% más de cáncer general.
  • Ácido acético: Ingrediente principal del vinagre, vinculado a un aumento del 12% en riesgo de todos los tipos de cáncer.

La Organización Mundial de la Salud ya había clasificado la carne procesada como carcinógena, con conexiones directas al cáncer de colon. Estos nuevos hallazgos refuerzan esa preocupación al identificar los aditivos específicos que podrían ser responsables de parte de ese riesgo.

La paradoja de los conservantes «naturales»

Curiosamente, la investigación también evaluó conservantes considerados más «naturales», como vitamina C, vitamina E y extractos de plantas como el romero. Touvier explicó que cuando estas sustancias se aíslan de su contexto original en frutas y verduras completas, sus efectos en la salud pueden cambiar drásticamente.

«La hipótesis es que la microbiota intestinal digiere estas sustancias de manera diferente cuando están aisladas», comentó la investigadora. Solo dos conservantes antioxidantes mostraron relación con cáncer en el estudio, sugiriendo que la forma en que procesamos y aislamos los ingredientes importa tanto como el ingrediente en sí.

Implicaciones para la salud pública

El Dr. David Katz, especialista en medicina preventiva que no participó en la investigación, utilizó estos hallazgos para reforzar un mensaje más amplio: «Estos resultados subrayan la importancia crítica de consumir alimentos frescos, integrales y mínimamente procesados, particularmente vegetales».

Aunque los investigadores advierten que se requiere confirmación adicional antes de cambiar regulaciones, el patrón que emerge es claro: la dependencia de la industria alimentaria en aditivos químicos para prolongar la vida útil de productos merece un escrutinio mucho mayor. Para los consumidores conscientes de su salud, estos hallazgos ofrecen una razón más para priorizar alimentos frescos y naturales sobre productos ultraprocesados.

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