Cada 28 de julio se conmemora el Día Mundial contra la hepatitis, una jornada dedicada a visibilizar esta enfermedad que representa un desafío sanitario global.
Según la Organización Mundial de la Salud, la hepatitis es una inflamación del hígado que puede presentarse en forma aguda o crónica. En muchos casos, la enfermedad transcurre sin síntomas evidentes durante meses o incluso años, lo que dificulta su detección temprana.
En 2024, aproximadamente 287 millones de personas vivían con hepatitis B o C crónica en el mundo. La campaña de este año lleva el lema «Hepatitis: desglosémosla» y busca derribar las barreras que impiden el acceso a servicios sanitarios que pueden salvar vidas.
La Organización Panamericana de la Salud describe la hepatitis viral como una «amenaza silenciosa». Cada 30 segundos fallece una persona en el mundo por complicaciones derivadas de hepatitis crónica, incluyendo cirrosis y cáncer de hígado. En las Américas, 10 millones de personas conviven con hepatitis B o C crónica.
Un dato preocupante: solo el 21% de las personas con hepatitis B en la región ha recibido diagnóstico, y apenas el 4,4% accede a tratamiento. En América Latina y el Caribe, únicamente el 26% de los casos diagnosticados de hepatitis C ha recibido tratamiento.
Qué es la hepatitis y qué tipos existen
La hepatitis es la inflamación del hígado, un daño que puede alterar el funcionamiento de este órgano vital. Existen varios tipos y múltiples causas que pueden originarla.
La enfermedad puede manifestarse como infección aguda, de corto plazo, o crónica, de largo plazo. Se considera crónica cuando el proceso persiste más de seis meses.
Existen cinco virus causantes: A, B, C, D y E. Los virus A y E generalmente provocan hepatitis agudas, mientras que B, C y D pueden causar tanto formas agudas como crónicas. La hepatitis viral puede derivar en enfermedad hepática grave y cáncer de hígado.
A nivel mundial, aproximadamente 240 millones de personas tienen infección por hepatitis B y 80 millones por hepatitis C, con casi 1,4 millones de muertes anuales atribuidas a hepatitis viral.
Cómo se contagia la hepatitis
Las vías de transmisión varían según el tipo de virus. La hepatitis A y E se transmiten principalmente por agua o alimentos contaminados con materia fecal. La hepatitis E también puede adquirirse consumiendo carne de cerdo, ciervo o mariscos insuficientemente cocidos.
Las hepatitis B, C y D se transmiten por contacto con sangre de personas infectadas. Los virus B y D también pueden propagarse a través de otros fluidos corporales, como al compartir agujas o mantener relaciones sexuales sin protección. Es importante destacar que el virus C se transmite con muy baja eficacia por vía sexual.
La mejora en los controles de sangre ha reducido significativamente el riesgo de contraer hepatitis B o C mediante transfusiones.
Un aspecto crucial en la prevención de hepatitis B crónica es el diagnóstico durante el embarazo y el acceso a tratamiento para evitar la transmisión de madre a hijo. Ampliar las pruebas, medicamentos y vacunas forma parte de la respuesta regional necesaria.
Cuáles son los síntomas de la hepatitis
Una de las dificultades principales es que muchas personas no presentan síntomas. Cuando estos aparecen, suelen ser leves o similares a un cuadro gripal. Entre los síntomas inespecíficos se encuentran el malestar general, el cansancio y las náuseas.
En una infección aguda, estos signos pueden comenzar entre dos semanas y seis meses después del contagio.
Cuando la enfermedad es más evidente, puede aparecer ictericia, que es la coloración amarilla de la piel y las mucosas. Esta manifestación frecuentemente se acompaña de orina oscura y heces claras o amarillentas.
En las infecciones crónicas, los síntomas pueden tardar años en manifestarse o ser mínimos. En muchas ocasiones, el diagnóstico se realiza de forma casual al realizar análisis por otros motivos.
Prevención, diagnóstico y tratamiento
La hepatitis crónica puede causar cirrosis, insuficiencia hepática y cáncer de hígado. La cirrosis aumenta el riesgo de cáncer de hígado, y sin tratamiento en hepatitis B o C, también incrementa el riesgo de insuficiencia hepática.
Para confirmar el diagnóstico se utilizan análisis de sangre. En muchos casos es necesaria una biopsia hepática para establecer el diagnóstico definitivo.
Existen vacunas efectivas contra la hepatitis A y B. No existe vacuna contra la hepatitis C. Según especialistas, las hepatitis virales se pueden prevenir cuidando los medios por los que se transmiten.
La OMS sostiene que ya existen vacunas eficaces, diagnósticos precisos y tratamientos curativos para la hepatitis C, además de terapias de largo plazo o de por vida para la hepatitis B. Los tratamientos orales seguros pueden curar la hepatitis C, y la vacuna contra la hepatitis B está disponible para adultos y niños.
Las medidas de prevención incluyen higiene en alimentos y agua, sexo con protección y no compartir agujas.
La advertencia final es contundente: sin medidas urgentes, para 2040 la hepatitis viral podría causar más muertes anuales que la malaria, la tuberculosis y el VIH/sida combinados. El aumento de la mortalidad es inevitable si persisten las deficiencias de los sistemas de salud y las barreras de acceso a servicios esenciales.