Los allegados de Silvia Nancy González han organizado una nueva movilización para el próximo sábado 30 de mayo a las 11 de la mañana en las inmediaciones del Instituto de Obra Médico Asistencial (IOMA) ubicado en Mar del Plata. La convocatoria busca mantener en la agenda pública un caso que ha generado profunda indignación en la comunidad local y entre múltiples afiliados a la obra social.
A treinta días del deceso de Silvia, sus familiares continúan demandando que la institución asuma responsabilidad por lo ocurrido. El mensaje que acompaña la convocatoria es contundente: «murió esperando una cama». Esta frase resume la angustia de una familia que considera que la negligencia administrativa y la falta de gestión adecuada fueron determinantes en el desenlace fatal.
La movilización no es aislada. Los allegados han realizado múltiples acciones de protesta y han difundido denuncias a través de redes sociales donde denuncian abiertamente la «negligencia, abandono y deshumanización» que caracterizó la atención brindada. El objetivo es que la convocatoria se replique en toda la provincia, reconociendo que el caso de Silvia representa una problemática más amplia que afecta a numerosos afiliados.
La dirección donde se concentrarán los manifestantes es Independencia 2742, y la familia invita explícitamente a docentes, auxiliares de salud, enfermeros, policías y cualquier afiliado que desee sumarse a esta lucha por mejoras en las prestaciones y garantías de atención.
Los antecedentes del caso
Silvia Nancy González tenía 56 años cuando el 27 de abril pasado sufrió un infarto. Lo que siguió fue un calvario de tres días sin recibir la derivación apropiada a un centro especializado. Inicialmente fue atendida en el Hospital Interzonal General de Agudos (HIGA), donde los médicos solicitaron su traslado urgente a una Unidad Coronaria.
Sin embargo, la obra social autorizó un traslado que resultaba impracticable: derivarla a un hospital en Berisso, a más de 350 kilómetros de distancia. Ante esta decisión, la familia rechazó categóricamente la propuesta, considerándola inadecuada para el estado crítico de la paciente.
Como alternativa, Silvia fue trasladada a un sanatorio privado que, según la denuncia de sus familiares, no contaba con la infraestructura necesaria ni con una terapia intensiva de calidad. Agravando la situación, la familia debió asumir gastos adicionales: pagaron por la alimentación de la paciente y diversos estudios que requerían traslados especiales.
El 30 de abril estaba programado un nuevo traslado a Berisso, pero los médicos del sanatorio cancelaron la operación debido al riesgo extremo que presentaba el cuadro de Silvia, quien se encontraba intubada. Esta información crítica no había sido comunicada oportunamente a la familia ni a IOMA.
Ante la urgencia y la falta de respuestas, la familia exigió una derivación inmediata a un centro de mayor complejidad. Finalmente, por la tarde fue trasladada a La Plata, donde falleció ese mismo día. Un mes después, el dolor persiste, pero también la determinación de que casos similares no vuelvan a repetirse.