El síndrome urémico hemolítico (SUH) sigue siendo una de las amenazas más serias para la salud infantil en Argentina, aunque los números recientes invitan a un optimismo cauteloso. Según el Ministerio de Salud de la Nación, en lo que va de 2026 se registraron apenas 73 casos en todo el país, la cifra más baja de los últimos diez años para este período. Esto representa 39 casos menos que el promedio del quinquenio 2021-2025.
La fecha del 19 de agosto no es casual: se conmemora el Día Nacional de Lucha contra el SUH, una jornada que busca mantener en agenda una patología que, si bien muestra una curva descendente, puede dejar secuelas permanentes. La Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) insiste en que sigue siendo la principal causa de insuficiencia renal aguda en la infancia y la tercera de insuficiencia renal crónica en niños y niñas del país.
Qué es el SUH y por qué afecta tanto a los chicos
El SUH se caracteriza por una tríada de síntomas: daño renal agudo, anemia hemolítica y trombocitopenia. La causa más frecuente en Argentina es la bacteria Escherichia coli productora de toxina Shiga (STEC), que ingresa al organismo mediante alimentos o agua contaminados, contacto con animales o transmisión de persona a persona por manos sucias.
Los datos del Boletín Epidemiológico Nacional N° 807 confirman que la baja no es un hecho aislado. En 2025 se notificaron 209 casos, con una incidencia de 0,44 por cada 100.000 habitantes, la más baja del período 2015-2025. El descenso también se observa en el grupo de menores de cinco años, uno de los más vulnerables.
La distribución por edades muestra un patrón claro: el grupo de dos a cuatro años concentró el 43% de los casos, seguido por los niños de un año con el 30% y el segmento de cinco a nueve años con el 18%. La tasa más alta de incidencia acumulada se dio entre los bebés de un año: 8,6 casos cada 100.000 habitantes de esa edad.
Factores de riesgo: qué hay detrás de los contagios
El análisis epidemiológico de los casos notificados entre 2019 y 2025 revela datos contundentes sobre las vías de transmisión:
- Contacto directo con animales: presente en el 50% de los casos con información disponible.
- Consumo de carne picada: el 42% de los afectados había comido preparaciones con este ingrediente.
- Carne cruda o mal cocida: 18% de los casos.
- Agua no segura: 17% de los registros.
También se identificaron como factores el consumo de lácteos sin pasteurizar, vegetales crudos mal lavados y jugos no pasteurizados. Las aguas recreacionales no seguras aparecen como otro antecedente relevante en la cadena de contagio.
Síntomas y evolución: cuándo consultar
Los síntomas iniciales incluyen diarrea (a veces con sangre), dolor abdominal, vómitos, fiebre y decaimiento. Si la enfermedad avanza, pueden aparecer palidez, disminución de la orina y alteraciones en la sangre, como baja de glóbulos rojos y plaquetas. En casos graves, se presentan complicaciones neurológicas como convulsiones.
El Comité Nacional de Nefrología de la SAP aporta datos que dimensionan el riesgo: la mortalidad ronda el 3%, con el sistema nervioso central como principal causa de muerte. El 70% de los pacientes se recupera por completo, pero un 4% queda con secuelas neurológicas y el 30% sufre algún grado de compromiso renal.
Los especialistas son tajantes: ante diarrea con sangre, disminución de la orina o decaimiento marcado en un niño, hay que acudir al médico de inmediato. La automedicación está totalmente desaconsejada, ya que tanto los antibióticos como los antidiarreicos pueden aumentar el riesgo de complicaciones.
Prevención: la única herramienta disponible
No existe tratamiento específico para el SUH; la atención se centra en controlar síntomas y sostener las funciones vitales, lo que puede requerir internación, diálisis y transfusiones. Por eso, la prevención es la clave. Las recomendaciones de las autoridades sanitarias son claras:
- Cocinar completamente las carnes, especialmente la picada, hasta que no queden partes rojas ni jugosas. La bacteria muere a más de 70 °C.
- Evitar la carne picada en menores de 5 años.
- Separar alimentos crudos y cocidos para impedir la contaminación cruzada.
- Lavar frutas y verduras con agua potable y desinfectarlas con lavandina apta si es necesario.
- Mantener la cadena de frío y consumir solo productos pasteurizados.
- Usar agua segura para beber, cocinar y lavar utensilios.
- Lavarse las manos con agua y jabón antes de comer, después de ir al baño, cambiar pañales o tocar animales.
La licenciada Agustina Basso, del Colegio de Nutricionistas de la Provincia de Buenos Aires, remarca que son «pequeños cuidados en la manipulación, preparación y conservación de los alimentos» los que marcan la diferencia, sobre todo para proteger a los más chicos.
Vigilancia reforzada
El Ministerio de Salud actualizó el Manual de Normas y Procedimientos de Vigilancia y Control para las infecciones por STEC, con el objetivo de mejorar la detección precoz e identificar las fuentes de infección. La nueva versión incorpora tres eventos diferenciados: SUH por STEC, diarrea por STEC e infección asintomática por STEC.
El plan articula a los equipos de epidemiología jurisdiccionales, los organismos de control de alimentos y el Laboratorio Nacional de Referencia de la ANLIS Malbrán. También optimiza los sistemas de alerta temprana y la capacitación continua de los equipos de epidemiología y bromatología.
La tendencia descendente es alentadora, pero los especialistas coinciden en que no hay margen para la relajación. El SUH también puede afectar a embarazadas, adultos mayores y personas inmunodeprimidas. Mantener las campañas de prevención y educación alimentaria es la única forma de sostener estos números y, sobre todo, de proteger a los que más sufren las consecuencias: los niños.