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Tecnología inteligente detecta fragilidad en adultos mayores mediante análisis de marcha

Un dispositivo wearable innovador integrado con inteligencia artificial puede detectar sutiles indicadores de fragilidad en adultos mayores analizando su patrón de marcha, abriendo nuevas posibilidades para la detección temprana y prevención de complicaciones graves.

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Editorial

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Un avance tecnológico promete cambiar el enfoque en la atención geriátrica

Investigadores de la Universidad de Arizona han desarrollado una solución innovadora para abordar uno de los desafíos más críticos en la medicina geriátrica: la detección temprana de fragilidad en adultos mayores. Se trata de una funda de malla de apenas dos pulgadas de ancho, equipada con sensores diminutos y algoritmos de inteligencia artificial, que se coloca alrededor de la parte baja del muslo para monitorizar continuamente los patrones de movimiento.

La fragilidad representa un estado de vulnerabilidad física caracterizado por la pérdida progresiva de fuerza, velocidad y resistencia. Este deterioro expone a los mayores a riesgos significativos: caídas frecuentes, lesiones graves, hospitalizaciones prolongadas y complicaciones que afectan su calidad de vida. Aproximadamente el 15% de los estadounidenses mayores de 65 años padecen esta condición, aunque muchos casos no se diagnostican hasta que ocurre un evento adverso.

Del enfoque reactivo al preventivo

El paradigma tradicional en medicina geriátrica ha sido esperar a que suceda una caída o una hospitalización para evaluar la fragilidad. Philipp Gutruf, subdirector de ingeniería biomédica en la Universidad de Arizona, explica que el objetivo de este desarrollo es invertir esa lógica: pasar de un modelo reactivo a uno preventivo. «Este dispositivo permite a los clínicos intervenir temprano, evitando potencialmente resultados costosos y peligrosos», señala.

La funda funciona de manera elegante y discreta. Registra simultáneamente la aceleración, simetría y variabilidad de los pasos, datos que son procesados por algoritmos de IA integrados en el mismo dispositivo. Los resultados del análisis se transfieren luego vía Bluetooth a un dispositivo inteligente, permitiendo que los profesionales de la salud accedan a información valiosa sobre el estado funcional del paciente.

Eficiencia energética e inteligencia distribuida

Un aspecto destacable de esta tecnología es su eficiencia en el procesamiento de datos. Kevin Kasper, investigador principal del proyecto, explica que el análisis continuo de IA evita que el dispositivo consuma excesiva energía o acumule enormes volúmenes de información. Sin esta optimización, la monitorización continua y de alta fidelidad requeriría recargas frecuentes y conexiones intensivas a internet, lo que limitaría su practicidad.

Los ensayos preliminares han arrojado resultados prometedores. Pruebas en dos grupos pequeños de personas mayores (uno de 16 participantes y otro de 14) demostraron que la funda de malla funcionaba de manera comparable a los métodos estándar actuales para evaluar fragilidad, tales como:

  • Pruebas de fuerza de agarre
  • Análisis de la marcha clínica
  • Pruebas de sentado a pie en pie

Además, los investigadores probaron la durabilidad del dispositivo durante períodos prolongados de 10 días, confirmando su capacidad para capturar y analizar datos de manera consistente a lo largo del tiempo.

Potencial transformador para comunidades desatendidas

La verdadera relevancia de esta tecnología radica en su aplicabilidad en contextos de recursos limitados. Kasper subraya que «estamos poniendo un laboratorio al paciente, viva donde viva», lo que la convierte en una solución ideal para monitorización remota en comunidades rurales o con acceso restringido a servicios de salud especializados.

Sin embargo, antes de que este dispositivo pueda implementarse clínicamente, requiere validación en estudios más amplios con poblaciones más grandes y diversas. Los investigadores reconocen que los ensayos actuales, aunque alentadores, son preliminares y necesitan expansión para garantizar su seguridad y eficacia en diferentes contextos clínicos.

Este desarrollo representa un ejemplo tangible de cómo la convergencia entre ingeniería biomédica e inteligencia artificial puede generar soluciones prácticas para desafíos reales en la medicina geriátrica, priorizando la prevención y mejorando la calidad de vida de nuestros mayores.

Autor
Editorial