El hantavirus vuelve a cobrar vidas en la provincia de Buenos Aires. Una niña de apenas 10 años falleció por esta enfermedad viral en la localidad rural de Chas, dentro del partido de General Belgrano, generando una onda de preocupación en la comunidad y reactivando los protocolos de alerta sanitaria regional. Las autoridades municipales confirmaron el diagnóstico tras coordinación con organismos sanitarios provinciales y registros del Sistema Integrado de Información Sanitaria Argentino (SISA).
El Gobierno Municipal expresó su dolor en un comunicado oficial, reconociendo la magnitud de la tragedia que enluta a toda la comunidad. Inmediatamente se desplegaron tareas de contención, incluyendo desmalezamiento, fumigación y desratización en las áreas indicadas por los protocolos epidemiológicos, complementadas con vigilancia activa y seguimiento de los contactos cercanos de la menor fallecida como parte de un bloqueo sanitario destinado a evitar nuevos contagios.
Una enfermedad transmitida por roedores silvestres
El hantavirus es una zoonosis viral causada por el género Orthohantavirus, cuya transmisión al ser humano ocurre principalmente por inhalación de aerosoles contaminados. Estos aerosoles provienen de la orina, saliva o heces de roedores silvestres, siendo la vía respiratoria la principal puerta de entrada del patógeno. La exposición es particularmente frecuente durante tareas de limpieza en espacios cerrados ubicados en zonas rurales, donde la presencia de estos animales es más común.
En Argentina, la manifestación clínica predominante es el síndrome cardiopulmonar por hantavirus (SCPH), que comienza de forma abrupta con fiebre, síntomas generales y digestivos, evolucionando hacia dificultad respiratoria e hipotensión con una elevada tasa de mortalidad que oscila entre el 10% y el 32%.
Cifras preocupantes en 2025
Los números que arroja el Boletín Epidemiológico nacional resultan alarmantes. Durante 2025 se notificaron 77 casos confirmados, de los cuales 23 terminaron en fallecimiento, representando una letalidad del 29,8%. Esta cifra es notablemente superior a la observada en temporadas previas, lo que ha generado inquietud en los círculos sanitarios.
El caso de la niña de General Belgrano se suma a una serie de muertes recientes en la provincia bonaerense:
- Un hombre de 33 años en Mar del Plata a comienzos de año
- Un adolescente de 14 años en San Andrés de Giles
- Un hombre de 59 años en Chacabuco, fallecido el 15 de diciembre
Estacionalidad marcada y concentración de riesgos
El hantavirus muestra una fuerte estacionalidad en territorio argentino, concentrándose entre septiembre y abril, con un pico habitual entre noviembre y enero. Este patrón coincide con el incremento de actividades rurales y la mayor presencia de roedores en los ambientes. La letalidad cercana al 28-30% en la temporada 2025-2026 es más elevada que en varias temporadas precedentes, generando preocupación entre las autoridades.
Una de las hipótesis que analiza la comunidad científica es la subnotificación de casos leves, lo que podría explicar por qué los cuadros más graves aparecen sobrerrepresentados en las estadísticas actuales, sesgando hacia arriba los porcentajes de mortalidad reportados.
Medidas de prevención: la mejor defensa disponible
Ante la ausencia de vacuna o tratamiento antiviral específico, la prevención y el saneamiento ambiental se posicionan como las herramientas fundamentales para reducir el riesgo de contagio. Las autoridades sanitarias recomiendan un conjunto de acciones concretas:
- Evitar el contacto directo con roedores y sus nidos
- Sellar posibles ingresos a las viviendas
- Ventilar ambientes cerrados durante al menos 30 minutos antes de iniciar tareas de limpieza
- Utilizar barbijo N95 al ingresar en sectores con riesgo de presencia de roedores
- Limpiar pisos y superficies con solución de cloro
- Mantener el hogar ordenado y cortar el pasto regularmente
- Ubicar depósitos de leña y huertas a distancia de las viviendas
- Reforzar la higiene en campamentos y espacios rurales
El panorama nacional muestra un incremento sostenido de casos con incidencia elevada en áreas rurales, particularmente durante los meses de mayor actividad agrícola y ganadera. Los datos del Ministerio de Salud de la Nación evidencian que la concentración de infecciones se acentúa entre septiembre y abril, con máximos entre noviembre y enero, cuando las tareas rurales y la presencia de roedores potencian el riesgo de exposición.
Sin opciones de vacunación o medicamentos antivirales específicos disponibles, la prevención emerge como la única herramienta efectiva para contener esta enfermedad emergente. El saneamiento ambiental, la vigilancia epidemiológica y la educación sanitaria en comunidades rurales resultan imprescindibles para reducir la incidencia y mortalidad asociada a esta zoonosis que continúa cobrando vidas en territorio argentino.