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Maternidad real: lactancia, angustia posparto y destete sin culpa

La lactancia no se mide en mililitros. Detrás de cada toma hay hormonas, cansancio, dudas y mandatos. Una especialista propone correr el foco del bebé hacia la madre y acompañar el proceso completo, desde el primer contacto hasta el destete.

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Editorial

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La lactancia materna suele contarse desde el bebé: cuánto come, cuánto engorda, si se prende bien. Pero hay una protagonista que queda corrida del relato: la madre. Así lo planteó Paola de los Santos, puericultora y psicóloga social conocida en redes como Pao Lactancia, durante una entrevista en la que desarmó uno de los mandatos más pesados de la maternidad: que una buena madre es la que amamanta.

Para la especialista, la maternidad no se mide en mililitros de leche. Se mide en presencia, contacto y disponibilidad emocional. Y esa frase, simple en apariencia, choca de frente con una cultura que todavía evalúa a las mujeres por cómo alimentan a sus hijos.

La glándula mamaria: un órgano más del cuerpo

De los Santos arrancó por lo básico: explicar qué es la glándula mamaria. La definió como un órgano del cuerpo femenino, comparable al páncreas o al pulmón. «Es un órgano, entonces debería funcionar bien por default, más o menos. Le pueden pasar cosas», señaló.

El problema, según la puericultora, es que la mayoría de las mujeres llega al parto sin información sobre cómo funciona su propio cuerpo en ese contexto. «No sabemos nada. Las mujeres y los hombres», dijo. Esa ignorancia no es una falla individual, sino la consecuencia de una educación que casi nunca habla de lactancia.

Por eso recomendó informarse antes del parto y, sobre todo, garantizar el contacto piel a piel en los primeros minutos de vida. «Lo más importante es que tu bebé esté lo antes posible en contacto con tu piel. Ni siquiera digo con tu teta, con tu piel», precisó.

Ese contacto temprano activa un equilibrio hormonal compartido. El recién nacido reconoce el olor de las glándulas que rodean la areola, que tiene el mismo aroma que el líquido amniótico. Además, la areola y el pezón se oscurecen durante el embarazo, y los bebés distinguen mejor los contrastes entre claro y oscuro. También escuchan el latido del corazón y el ruido de la sangre materna. «Todo por el pecho es lo más parecido a estar adentro del cuerpo de mamá, que es lo que acaban de perder», expresó.

Cuando el bebé no se prende: alternativas y tiempo

Hay una situación que, según De los Santos, no se habla lo suficiente: que el bebé no logre prenderse al pecho en las primeras horas o días. La especialista desaconsejó introducir objetos en la boca del recién nacido antes de la primera toma, porque los bebés graban patrones de succión y cambiarlos después cuesta más.

Pero aclaró que si el bebé no come, existen alternativas: «Hay medidas alternativas, como usar una jeringa con el dedo para alimentarlo hasta que pueda prenderse». También mencionó los casos de bebés prematuros o con condiciones de salud específicas que no pueden succionar desde el primer momento. En esos casos, la lactancia avanza de manera progresiva, con leche materna administrada por sonda.

«En principio la mayoría de los bebés se pueden prender de la mayoría de las tetas», sostuvo, aunque reconoció que las excepciones existen y que, cuando aparecen, lo más importante es pedir ayuda a una puericultora a la brevedad.

El entorno también juega un papel concreto. Para la especialista, el bebé debe estar cerca de la madre, no en la cuna, porque para un recién nacido la distancia equivale a desaparición. «Para las bebitas y los bebés, cuando no están en contacto piel a piel con la mamá, para ellos desaparecemos», afirmó.

Angustia posparto: no es fracaso, es biología

Una parte central de la conversación giró en torno a la dimensión emocional de la lactancia. ¿Puede una madre sentir angustia mientras da la teta? De los Santos fue afirmativa: «Es real y puede no estar tan feliz también».

La explicación es fisiológica. La bajada hormonal que experimenta una mujer tras el parto, con el descenso abrupto de estrógenos y otras hormonas que durante el embarazo se mantuvieron muy altas, produce cambios de humor intensos e impredecibles. Llorar y reírse en el mismo lapso de tiempo no es una señal de inestabilidad, sino una consecuencia de ese descenso.

La expectativa social de que una madre luzca repuesta y sonriente en los días posteriores al parto choca de frente con esa realidad biológica. Y ahí aparece la culpa, ese sentimiento que muchas mujeres viven en silencio.

A nivel físico, el costo también es concreto. La leche materna se produce a partir de la sangre filtrada de la madre, lo que implica un consumo constante de calcio, hierro y energía. «Van consumiendo tus horas de energía, tu energía mental, tu energía emocional, tu energía física. Es muy agotador criar y amamantar», aseveró.

En cuanto al descanso, fue categórica: la privación de sueño puede derivar en cuadros psiquiátricos graves si la madre no tiene un entorno que le garantice momentos de recuperación.

Nadie está obligada a amamantar

De los Santos fue contundente al cerrar el debate sobre la obligación de amamantar: «No estás obligada a amamantar, no sos mejor mamá si amamantas».

Aclaró que la leche humana es el alimento natural de la especie y tiene beneficios para la salud de la madre y del bebé. Pero existen contextos en los que la lactancia no puede sostenerse, independientemente de la voluntad de la madre:

  • Violencia doméstica.
  • Falta de red de apoyo.
  • Ausencia de acceso a una puericultora.
  • Licencias laborales cortas.

Las recomendaciones internacionales indican seis meses de lactancia exclusiva y, a partir de allí, hasta los dos años o más, combinada con alimentación complementaria. Sin embargo, la especialista subrayó que se trata de una elección, no de una obligación.

El destete también es un duelo

Sobre el destete, el proceso por el cual el bebé deja de tomar el pecho, explicó que en la mayoría de los casos lo inicia la madre, muchas veces por el regreso al trabajo. Ese momento implica un duelo que, a su juicio, «se minimiza absolutamente».

La recomendación fue consultar a una puericultora para que el proceso se adapte a la edad y la situación particular de cada bebé. «A mí no me importa por qué querés dejar de dar la teta. A mí me importa acompañarte en tu deseo y sostenerte emocionalmente», cerró De los Santos.

La lactancia, entonces, no es una prueba de amor ni una competencia. Es un proceso atravesado por hormonas, cansancio, mandatos y decisiones. Y las madres, como cualquier persona, necesitan información, acompañamiento y, sobre todo, permiso para no poder.

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Editorial