La investigación clínica argentina tiene una deuda pendiente con la federalización. Así lo reflejan los propios números del sector: el 88% de los ensayos clínicos se realiza en instituciones privadas y más del 79% se reparte entre la Ciudad de Buenos Aires y la provincia de Buenos Aires. El interior del país, en gran medida, queda afuera de una actividad que mueve inversión, empleo calificado y acceso temprano a tratamientos innovadores.
Para empezar a torcer esa lógica, la Administración Nacional de Establecimientos de Salud (ANES) firmó un Acuerdo Marco de Colaboración y Coordinación con la biofarmacéutica Bristol Myers Squibb Argentina S.R.L. El objetivo es claro: robustecer y expandir la investigación clínica en los hospitales nacionales que dependen de la cartera sanitaria nacional.
Vale recordar que la ANES nació con el Decreto Nº 459/25 para ordenar la gestión administrativa de cinco establecimientos clave: los hospitales Alejandro Posadas, Baldomero Sommer, Ramón Carrillo y Laura Bonaparte, más el INAREPS. Entre sus metas figura impulsar procesos de innovación, transformación y modernización institucional, con foco en la calidad, la accesibilidad y la sustentabilidad de los hospitales.
En ese marco, la investigación clínica deja de ser un lujo académico y pasa a ser una herramienta estratégica: es la base para desarrollar nuevos tratamientos y sostener una medicina basada en la evidencia.
¿Cómo se baja el acuerdo a la práctica concreta? A través de Actas de Proyecto por hospital y cuatro ejes de colaboración:
- Diagnóstico técnico y regulatorio: relevar las barreras administrativas, de infraestructura, logísticas y organizacionales que frenan los estudios en el sector público.
- Capacitación científica: formar a los profesionales en metodología de investigación, Buenas Prácticas Clínicas, normativa nacional e internacional, ética y gestión de proyectos.
- Planes de mejora: estandarizar procedimientos operativos y documentación, y armonizar el trabajo entre investigadores, coordinadores y áreas de soporte.
- Monitoreo y seguimiento: mesas de trabajo periódicas para revisar avances, compartir experiencias y ajustar lo que haga falta.
El primer paso será detectar brechas y oportunidades de mejora junto a los equipos de cada institución. La idea es que los propios hospitales identifiquen qué los traba y qué necesitan para recibir estudios de mayor complejidad. En paralelo, la capacitación apunta a fortalecer las capacidades científicas locales y a preparar a las instituciones para procesos de monitoreo y auditoría, algo indispensable para competir por ensayos de alto nivel.
Este convenio no es un hecho aislado: da continuidad al trabajo conjunto entre el Ministerio de Salud de la Nación y el sector privado para ampliar las capacidades científicas y tecnológicas del sistema sanitario. La apuesta es combinar la experiencia de los hospitales públicos con el know-how técnico de la industria.
El impacto potencial excede lo sanitario. Una actividad científica federalizada puede traducirse en acceso temprano a terapias innovadoras, formación de recursos humanos, generación de empleo calificado y desarrollo económico para las regiones que hoy quedan al margen. El desafío, ahora, es que el diagnóstico no quede en un cajón y que los planes de mejora se sostengan en el tiempo.