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Bastón Verde: qué significa tener baja visión y por qué no es ceguera

Ver, pero de otra manera. Esa es la realidad de millones de personas con baja visión, una condición incomprendida que el Bastón Verde busca visibilizar. Conocé su historia, qué patologías la causan y cómo acompañar sin vulnerar la autonomía.

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Editorial

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Hay una confusión que se repite en veredas, colectivos y salas de espera: ver a alguien con un bastón no significa automáticamente que esa persona sea ciega. Desde hace más de veinte años, un color busca romper ese malentendido. El Bastón Verde identifica a quienes tienen baja visión, una condición que no es ceguera total pero que tampoco se resuelve con anteojos comunes.

La fecha que visibiliza esta realidad es el 26 de septiembre, Día del Bastón Verde. La elección no fue azarosa: homenajea a Esther Merchán de Mayo, madre de la creadora de la iniciativa, fallecida ese día. Detrás del símbolo hay una historia de trabajo clínico y militancia por los derechos.

Una herramienta nacida en Argentina

La idea surgió en la década del 90 de la mano de Perla Mayo, profesora uruguaya de educación especial radicada en Argentina. Mientras trabajaba con pacientes, detectó un problema concreto: quienes conservaban visión parcial usaban el bastón blanco, reservado para personas ciegas, y la sociedad los trataba de manera contradictoria.

Mayo relató el caso de Analía, una paciente a la que un desconocido ayudó a cruzar la calle y minutos después se sorprendió al verla usar el celular. Ese tipo de situaciones revelaba la necesidad de una señal diferenciadora. El verde vino a decir, sin palabras, que esa persona ve pero puede necesitar asistencia para desplazarse.

Qué distingue la baja visión de la ceguera

La baja visión implica un remanente visual funcional: la persona puede reconocer rostros, leer con estrategias específicas o usar un teléfono. Sin embargo, ese resto visual no alcanza para moverse sin dificultad y no mejora con anteojos, lentes de contacto, medicamentos ni cirugía.

Según la American Foundation for the Blind, se considera baja visión cuando la agudeza visual es de 20/70 o menos en el mejor ojo y no se corrige de forma convencional. La ceguera legal, en cambio, implica 20/200 o menos, o un campo visual reducido a 20 grados. El dato clave: el 85% de las personas con trastornos oculares conserva algún resto visual, y solo el 15% tiene ceguera total sin percepción de luz.

Entre las causas más frecuentes aparecen la degeneración macular, el glaucoma, la retinosis pigmentaria, la enfermedad de Stargardt y diversas neuropatías ópticas. La OMS estima que al menos 2.200 millones de personas tienen algún deterioro visual en el mundo, y que 1.000 millones de esos casos podrían haberse evitado o siguen sin tratamiento.

De la observación clínica a la ley nacional

El reconocimiento oficial llegó con la Ley 25.682, sancionada el 27 de noviembre de 2002. La norma establece al Bastón Verde como instrumento de orientación y movilidad para personas con baja visión en todo el territorio argentino y contempla su cobertura como elemento de apoyo.

En el país conviven tres bastones según el tipo de discapacidad visual:

  • Blanco: para personas ciegas.
  • Verde: para personas con baja visión.
  • Rojo y blanco: para personas con sordoceguera.

La iniciativa trascendió fronteras: tiene presencia documentada en más de 15 países. En Perú, el CONADIS emitió en 2024 una norma para promover su uso.

Rehabilitación visual: el camino después del diagnóstico

Para Mayo, el bastón no es un tratamiento. Es una herramienta de orientación y movilidad que forma parte de un proceso más amplio: la rehabilitación visual. Se trata de intervenciones individualizadas que buscan aprovechar al máximo el remanente de cada persona.

La OMS considera la rehabilitación visual un componente esencial de la atención oftálmica, especialmente eficaz en casos de retinopatía diabética, glaucoma o degeneración macular. Puede incluir entrenamiento con dispositivos de aumento, reorganización del hogar, adaptación de iluminación y contraste, tecnología asistiva y capacitación laboral.

Mayo describió el método: primero se escucha qué actividades necesita recuperar la persona —leer, cocinar, reconocer rostros, desplazarse— y luego se diseña un programa a medida. “Después de cuatro décadas trabajando en baja visión, sigo encontrándome con personas a quienes les dijeron ‘no hay nada más para hacer’. Y muchas veces, justamente ahí, comienza otro camino”, señaló.

Cómo ayudar sin invadir

Cuando alguien se cruza con una persona que usa Bastón Verde, la indicación de Mayo es clara: no suponer, preguntar. Puede ocurrir que la persona esté orientada y no necesite asistencia. Si la respuesta es afirmativa, el paso siguiente también exige una pregunta: cómo.

Tomar del brazo sin consentimiento, empujar o decidir por el otro vulnera su autonomía. Acompañar no es reemplazar: es dar el apoyo justo para que la persona siga haciendo las cosas por sí misma.

Buenos Aires, sede del primer congreso de oftalmología integrativa

El 3 de octubre, el Hotel NH City de Buenos Aires será escenario del primer Full Day de Oftalmología Integrativa del país. La jornada, de 11 horas y con más de 25 disertantes, fue organizada por la doctora Pilar Cirimarco, oftalmóloga con formación en medicina ortomolecular e integrativa, fundadora de OftalmoHacker Academy.

El evento está dirigido exclusivamente a médicos oftalmólogos y propone sumar herramientas de la medicina integrativa a la consulta habitual, sin reemplazar el abordaje quirúrgico. Patologías como el ojo seco, el glaucoma y la degeneración macular asociada a la edad tienen componentes inflamatorios y metabólicos que la consulta estándar no siempre contempla.

Perla Mayo también disertará sobre baja visión, lo que convierte al encuentro en un espacio donde rehabilitación visual y enfoques integrativos se cruzan. La jornada funciona como extensión presencial del primer Experto Universitario en Oftalmología Integrativa del mundo, programa que dirige Cirimarco.

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