Instagram Twitter Facebook
RedSaludArgentina

Posparto y lactancia: cómo cuidar la alimentación de la mamá

La llegada del bebé suele copar todas las conversaciones y cuidados. Sin embargo, el bienestar de quien amamanta también importa: qué come, cómo descansa y quién la ayuda son factores clave en el posparto.

Agregar RedSaludArgentina en Google
Autor
Editorial

Compartir

Cuando nace un bebé, todas las miradas apuntan al recién nacido: cuánto come, si duerme bien, si sube de peso. La madre, en cambio, suele quedar en un segundo plano. Así lo planteó la nutricionista Fiorella Vitelli, madre de tres hijos, quien sostuvo que la alimentación materna, el descanso y la red de apoyo son pilares del bienestar durante el posparto y la lactancia.

Según la especialista, la comida no responde únicamente al hambre física. El cansancio, la ansiedad, la falta de tiempo y la organización del entorno condicionan qué, cuándo y cómo come una mujer después de parir. Por eso insiste en correr el foco: «¿Y la mamá dónde está?», se pregunta.

El entorno también alimenta

Vitelli remarcó que una visita puede transformarse en ayuda concreta si incluye preguntas simples: «¿en qué te puedo ayudar?», «¿qué te llevo?» o «¿te lavo los platos?». Sostener al bebé unos minutos, preparar una comida caliente o permitir que la madre se duche y descanse son gestos que hacen la diferencia.

La maternidad, explicó, es una experiencia que muchas mujeres comprenden a fondo recién cuando la atraviesan. No contestar mensajes, postergar una ducha o no registrar que pasaron horas desde la última comida son situaciones habituales. «Necesitamos empezar a poner el foco en ella», afirmó, sin quitarle importancia al bebé: su bienestar también depende de quien lo cuida.

Densidad nutricional: la clave para comidas rápidas

La recomendación central de Vitelli es priorizar alimentos con densidad nutricional, es decir, aquellos que aportan varios nutrientes en una porción accesible. Un omelette es el ejemplo perfecto: se hace en minutos y brinda proteína, grasas y vitamina A.

La especialista destacó además:

  • Yema de huevo, por su aporte de colina, nutriente clave en esta etapa.
  • Pescado, por su contenido de omega 3.
  • Frutos secos, frutas y vegetales, opciones prácticas para tener a mano cuando no hay tiempo de cocinar.

La diferencia con los productos de paquete es sustancial. Según Vitelli, el consumo de ultraprocesados se asocia con un riesgo entre 22% y 43% mayor de trastornos de ansiedad o depresión, un dato que conecta directamente con la salud mental materna.

Lactancia: más energía y atención al hambre emocional

Amamantar implica un desgaste energético extra: el cuerpo produce el alimento del bebé y la demanda puede sumar hasta 400 calorías diarias adicionales. Aunque los requerimientos varían según cada persona, la nutricionista desaconseja reducir todo a un conteo rígido.

El aumento del apetito es esperable, pero conviene distinguir el hambre física del hambre emocional. La primera aparece de forma progresiva; la segunda se manifiesta como una necesidad puntual de un alfajor, galletitas o gaseosa. «La alimentación es emocional», sentenció, y esa diferencia puede ser una señal para mirar la salud emocional.

El sueño también influye: dormir menos lleva a elegir alimentos más calóricos pero menos nutritivos, en una búsqueda de energía frente al descanso insuficiente. La propuesta es simple: tener frutos secos, frutas, vegetales o comidas listas en casa, y que la pareja, una abuela o alguien de confianza prepare un omelette cuando la madre no registra que pasó demasiado tiempo sin comer.

Planificar antes del parto y armar red

Organizar apoyos antes y después del nacimiento alivia la carga cotidiana. Entre las alternativas, Vitelli mencionó dejar comidas listas en el freezer durante las últimas semanas del embarazo, pedir a familiares que cocinen, anticipar las compras y usar entrega a domicilio de verduras, carnes u otros alimentos. Tener materia prima en casa reduce la chance de terminar pidiendo comida por cansancio o falta de tiempo.

Sobre lo que se consume durante la lactancia, aclaró que alimentos comunes como una zanahoria o una naranja no representan un problema para el bebé. Sí conviene cuidar el exceso de cafeína: recomienda no superar los 300 miligramos diarios, limitar el café a una taza por la mañana y tomar mate lavado. También afirmó que durante la lactancia no se debería consumir alcohol, tabaco ni drogas recreativas, y cuestionó el mito de beber una copa y esperar tres horas antes de amamantar. Ciertos medicamentos, agregó, requieren consulta y precaución.

El cierre fue claro: construir una red de apoyo sin juzgar las decisiones de cada madre. Pareja, familiares, vecinas, amistades o comunidades de otras mamás pueden formar parte. La clave, según Vitelli, es hablar claro sobre qué ayuda necesita cada persona después del parto.

Autor
Editorial