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Estrés crónico y memoria: cómo impacta distinto en mujeres y hombres

El estrés crónico no golpea igual a todos. Una investigación reciente sugiere que las mujeres y las personas hispanas mayores de 50 años son más vulnerables al deterioro cognitivo asociado al estrés, mientras que las redes de contención aparecen como un escudo clave.

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Editorial

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El estrés sostenido en el tiempo no solo desgasta el ánimo: también puede jugar en contra de las funciones cognitivas a medida que envejecemos. Y no lo hace de manera uniforme. Un estudio reciente, publicado en la revista Alzheimer’s & Dementia, encontró que las mujeres mayores de 50 años con altos niveles de estrés crónico muestran un deterioro más marcado en atención y lenguaje que los hombres en la misma franja etaria.

La investigación siguió a casi 3.900 adultos sanos, todos mayores de 50 años y sin diagnóstico de demencia. Durante el seguimiento, los participantes reportaron fuentes de tensión prolongada vinculadas al dinero, el trabajo, la salud, las relaciones personales y las tareas de cuidado. Además, se evaluó cada dos años su rendimiento en pruebas de pensamiento y memoria.

Los resultados también arrojaron una diferencia llamativa según el origen étnico: los participantes hispanos con mayor estrés mostraron un deterioro de memoria más acentuado que los participantes blancos no hispanos. Los investigadores aclararon que todavía no pueden determinar si estas brechas responden a factores biológicos —como las hormonas— o a cuestiones sociales, entre ellas los roles de género y las condiciones de vida.

Sin embargo, apareció un dato alentador que atravesó a todos los grupos: contar con un mayor apoyo social se asoció a una menor pérdida de atención. Es decir, las redes de contención parecen amortiguar el impacto del estrés sobre el cerebro que envejece.

Como se trata de un estudio observacional, los autores son cautos: no se puede afirmar una relación de causa y efecto entre estrés y deterioro cognitivo. Aun así, remarcan que estos hallazgos ponen la lupa sobre factores potencialmente modificables del envejecimiento cerebral saludable.

«Las conexiones sociales y el estrés son partes de la vida cotidiana que pueden ser posibles de cambiar», señaló Michelle Mielke, coautora del trabajo y profesora de epidemiología y prevención en la Facultad de Medicina de la Universidad Wake Forest, en Winston-Salem, Carolina del Norte.

El próximo paso para el equipo de investigación es evaluar si reducir el estrés o fortalecer los vínculos significativos puede contribuir a preservar la función cognitiva con el paso de los años. También buscan comprender mejor cómo estos factores inciden en el riesgo de desarrollar Alzheimer y otras demencias.

Más allá de los números, el mensaje de fondo invita a mirar con atención el entorno emocional y social de las personas mayores. La ciencia empieza a mostrar que cuidar los lazos y gestionar la tensión podría ser tanto o más importante que cualquier pastilla a la hora de mantener la cabeza en forma.

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