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TikTok y el mito paracetamol-autismo: cómo la desinformación gana la batalla

La falsa relación entre el paracetamol y el autismo encontró en TikTok un terreno fértil. Un análisis científico demuestra que el algoritmo prioriza el contenido conspirativo por sobre la evidencia médica, generando confusión en embarazadas y familias.

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Editorial

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Las redes sociales se convirtieron en el nuevo campo de batalla por la información sanitaria. Y en esa guerra, la evidencia científica parece llevar las de perder. Un estudio reciente volvió a poner el foco sobre cómo el algoritmo de TikTok amplifica contenidos falsos y planteamientos conspiranoicos, esta vez alrededor de una supuesta conexión entre el paracetamol y el autismo.

El origen de esta ola de desinformación se remonta a septiembre de 2025, cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su secretario de Salud, Robert Kennedy, hicieron declaraciones públicas sugiriendo una asociación entre la exposición prenatal al paracetamol y el desarrollo posterior de un trastorno del espectro autista (TEA).

La comunidad médica salió rápidamente a desmentirlo. No existe evidencia científica que respalde esa tesis. Sin embargo, el daño ya estaba hecho: una marea de confusión y preocupación llevó a miles de usuarios a buscar respuestas en Internet, y TikTok fue el lugar elegido por muchos.

“Tuvimos una oleada de consultas de pacientes embarazadas que se preguntaban si era seguro tomar paracetamol durante el embarazo, y quisimos comprender qué información había disponible para generar esta confusión, especialmente en TikTok que es donde decían haberla visto”, explicó Shivani Srivastava, investigadora médica en la Facultad de Medicina de Rutgers, en Nueva Jersey.

Srivastava es una de las autoras de la investigación presentada en el Congreso de la Academia Estadounidense de Pediatría. El trabajo concluye que TikTok, principal fuente de información sobre salud para adolescentes y adultos jóvenes, “contribuyó a expandir la noticia falsa y las teorías conspiranoicas sobre el falso vínculo entre el paracetamol y el autismo”.

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores analizaron 53 videos publicados entre septiembre y noviembre de 2025, utilizando búsquedas con etiquetas como “paracetamol autismo” o similares. Dos revisores independientes codificaron cada pieza según su estado de desinformación, el tipo de creador, la calidad educativa, el encuadre temático y las métricas de interacción.

Los números que preocupan

Del total de videos examinados, los resultados fueron contundentes:

  • 52,8% se ajustaba a la evidencia científica sobre la relación entre paracetamol y autismo.
  • 28,3% contenía desinformación directa.
  • 18,9% presentaba información ambigua.

Los videos elaborados por profesionales sanitarios mantenían contenido acorde a la evidencia. En cambio, los influencers fueron responsables del 73,3% de los videos con noticias falsas y teorías conspiranoicas.

Los contenidos erróneos no solo tenían menor calidad educativa, sino que además eran más propensos a incluir planteamientos conspirativos (46,7%) y desconfianza hacia la industria farmacéutica (53,3%).

Pero el dato más alarmante tiene que ver con la viralización: a pesar de representar solo el 28,3% de los videos, los contenidos con desinformación concentraron el 52,4% del total de visualizaciones, sobre un total de 28,13 millones de reproducciones sumadas entre todos los videos analizados.

“A pesar de constituir una parte menor del contenido total disponible sobre el tema, los videos con noticia falsa representaron más de la mitad del total de visualizaciones de todo el contenido que examinamos”, enfatizó Srivastava.

Un solo video con información falsa alcanzó los 10,3 millones de visualizaciones, lo que equivale al 36,6% de todos los visionados de la muestra analizada.

El algoritmo como amplificador

“Nuestros resultados indican que el algoritmo de TikTok amplificó la expansión de videos con un enfoque conspirativo y que contenían información errónea sobre un tema de salud muy delicado. También permitió que los videos con noticia falsa se difundieran mucho más ampliamente que aquellos basados en la evidencia”, concluyeron los investigadores.

Los hallazgos dejan una enseñanza clara, según la investigadora de Rutgers: “lo importante que es que las instituciones médicas y sus profesionales formen parte de las conversaciones en las redes sociales creando y compartiendo contenido preciso y atractivo que llegue a los pacientes”.

La batalla contra la desinformación sanitaria no se libra solo en consultorios y laboratorios. Hoy, el campo de juego también está en las pantallas, y los profesionales de la salud parecen haber llegado tarde al partido.

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