Hay episodios cardíacos que ocurren sin hacer ruido. La persona los atraviesa sin darse cuenta, sigue con su rutina y recién meses o años después descubre, en un chequeo por otro motivo, que su corazón tiene una cicatriz. Es el llamado infarto silencioso, una realidad que no por invisible deja de ser peligrosa.
Las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en el planeta. La Organización Mundial de la Salud estima que provocan alrededor de 17,9 millones de fallecimientos anuales, y más de cuatro de cada cinco de esas muertes se vinculan con infartos y accidentes cerebrovasculares.
El dato que más incomoda es el de los infartos que nunca se diagnostican. La American Heart Association calcula que en Estados Unidos, de los 805.000 infartos anuales, unos 170.000 pasan inadvertidos. Es decir, una porción considerable de la población convive con daño cardíaco sin saberlo.
Qué pasa en el cuerpo cuando el infarto no se siente
Un infarto se produce cuando el flujo sanguíneo que alimenta una zona del músculo cardíaco se interrumpe o se reduce. Sin oxígeno, ese tejido se daña y forma una cicatriz. En los episodios silenciosos, el problema no es la lesión en sí, sino que las señales son tan leves o atípicas que la persona no las asocia con una urgencia cardíaca.
El cardiólogo Elsayed Soliman, profesor de la Universidad Wake Forest, lo resume con crudeza: este tipo de infarto puede causar el mismo daño permanente que uno reconocido a tiempo. La diferencia está en que nadie lo advirtió.
Muchas veces el malestar se confunde con estrés, cansancio, indigestión o simplemente el paso de los años. Esa interpretación errónea demora la consulta, sobre todo cuando las molestias desaparecen solas y la persona cree que ya pasó todo.
Las señales que suelen pasar de largo
El dolor opresivo en el pecho es el síntoma más conocido, pero no siempre se presenta con intensidad. También pueden aparecer:
- Fatiga inusual o agotamiento sin explicación
- Falta de aire ante esfuerzos mínimos
- Náuseas o malestar estomacal
- Mareos o sudoración fría
- Molestias en cuello, mandíbula, espalda o brazos
El neurólogo Mohamed Ridha, del Centro Médico Wexner de la Universidad Estatal de Ohio, advierte que estos cuadros se confunden con problemas comunes y por eso tantas personas entienden lo ocurrido recién cuando miran hacia atrás.
Quiénes tienen más riesgo
Los factores de riesgo de un infarto silencioso son los mismos que los de cualquier episodio cardíaco:
- Edad avanzada
- Diabetes
- Presión arterial alta
- Colesterol elevado
- Tabaquismo
- Exceso de peso
- Enfermedad renal crónica
- Antecedentes familiares de problemas cardíacos
La diabetes merece un párrafo aparte. El daño en los nervios que provoca la enfermedad reduce la percepción del dolor, con lo cual las señales de alarma se vuelven más difíciles de registrar. En las mujeres, en tanto, predominan manifestaciones como cansancio extremo, náuseas, falta de aire o dolor de espalda, cuadros que el imaginario popular no asocia directamente con el corazón.
Las consecuencias no esperan
La frase de Soliman es contundente: «La ausencia de síntomas no significa ausencia de lesión». Ese daño acumulado eleva el riesgo de insuficiencia cardíaca, accidente cerebrovascular y otras complicaciones cardiovasculares.
Un estudio realizado en Islandia y publicado en 2018 en JAMA Cardiology reveló que, diez años después, la mortalidad de los adultos mayores que habían sufrido un infarto no reconocido era casi idéntica a la de quienes sí habían recibido diagnóstico. Otro trabajo difundido ese mismo año por el Journal of the American College of Cardiology concluyó que quienes mostraban señales de un infarto silencioso tenían un 35% más de riesgo de padecer insuficiencia cardíaca.
Cómo se detecta un infarto viejo
En muchos casos, el hallazgo surge de casualidad, durante un control de rutina o una consulta por otro tema. El electrocardiograma registra la actividad eléctrica del corazón y puede mostrar rastros de una lesión previa. El ecocardiograma permite ver si alguna zona perdió capacidad de contracción. La resonancia magnética cardíaca ofrece imágenes más detalladas y llega a mostrar la cicatriz.
Esas marcas pueden permanecer visibles durante años o toda la vida. Por eso, si alguien recuerda haber tenido cansancio fuera de lo común, falta de aire o molestias en el pecho sin causa clara, conviene que lo hable con un profesional.
Qué hacer ante la duda
Si los síntomas están presentes ahora, la consulta de urgencia no se negocia. Dolor o presión en el pecho, dificultad para respirar u otras señales compatibles con un infarto requieren atención inmediata.
Si las molestias ya pasaron pero queda la sospecha, lo indicado es pedir un turno médico y evitar sacar conclusiones por cuenta propia. El profesional podrá revisar antecedentes, controlar la presión y evaluar colesterol y glucosa para decidir si hacen falta estudios complementarios.
La prevención, como siempre, pasa por alimentación equilibrada, actividad física regular, descanso adecuado, abandono del tabaco y control del peso, la presión, el colesterol y la glucosa. Según el riesgo de cada paciente, el equipo de salud puede indicar medicamentos u otras medidas para reducir la probabilidad de nuevos episodios cardíacos.