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Infecciones urinarias por catéter: hospitales ignoran medidas clave

Aunque parezca mentira, algo tan simple como revisar si un paciente todavía necesita un catéter puede salvarle la vida. Sin embargo, un estudio reciente muestra que muy pocos hospitales lo hacen. Te contamos qué está fallando y por qué esto debería preocuparnos.

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Autor
Editorial
Infecciones urinarias por catéter: hospitales ignoran medidas clave

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Un catéter urinario no es un dispositivo inofensivo. Puede ser la puerta de entrada para una infección que, si no se trata a tiempo, derive en sepsis o complicaciones sistémicas graves. Aun así, muchos hospitales estadounidenses siguen sin implementar las medidas más elementales para evitarlo, según una investigación publicada en JAMA Network Open.

El estudio, liderado por especialistas de la Universidad de Michigan, analizó datos de más de 1.400 hospitales relevados en encuestas periódicas sobre control de infecciones entre 2005 y 2025. La conclusión es contundente: las tres prácticas con mejor evidencia para reducir las infecciones urinarias asociadas a catéter (ITU-CA) siguen siendo minoritarias.

¿Cuáles son esas tres prácticas clave?

  • Recordatorios para reevaluar la necesidad del catéter: solo el 49% de los hospitales generales y el 32% de los hospitales del sistema VA los utilizan.
  • Renovación proactiva de la orden médica: implica que el clínico deba justificar nuevamente la permanencia del catéter tras un tiempo determinado.
  • Autonomía de enfermería para retirar el catéter: apenas el 58% de los hospitales generales y el 38% de los del VA permiten que las enfermeras lo retiren sin orden médica si consideran que el paciente puede orinar solo.

El doctor Sanjay Saint, autor principal y profesor emérito de la Universidad de Michigan, fue tajante: «Las estrategias más efectivas deberían integrarse en la atención diaria». Y agregó que no se trata de tecnología costosa, sino de protocolos simples y de bajo costo que muchos sistemas de historias clínicas electrónicas ya podrían incorporar.

La doctora Jennifer Meddings, coautora del trabajo, señaló su sorpresa ante la falta de avances: «Es bastante llamativo que los recordatorios para reevaluar la necesidad de los catéteres no hayan mejorado significativamente». Para ella, la clave está en aprovechar las órdenes electrónicas para educar a los médicos en formación, que son quienes colocan la mayoría de los catéteres.

El estudio sí detectó un progreso histórico: el uso de recordatorios y pedidos de renovación pasó del 9% en 2005 al 49% en 2025. Sin embargo, ese crecimiento se estancó y deja a más de la mitad de los hospitales sin herramientas elementales de prevención.

Un dato llamativo es que más del 70% de los hospitales ya utilizan ecógrafos portátiles para escanear la vejiga y guiar la decisión de colocar o no un catéter. Es decir, hay voluntad tecnológica, pero falta voluntad organizativa.

Saint lo resumió con crudeza: «El progreso no es autosuficiente». Y tiene razón. Porque en salud, lo que no se mide ni se protocoliza, simplemente no se hace. Y mientras tanto, los pacientes siguen expuestos a un riesgo evitable.

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Editorial