El sarampión es una de esas enfermedades que parecían cosa del pasado, pero que vuelven a golpear la puerta. Se trata de una infección viral, eruptiva y febril, que se transmite por vía respiratoria y que tiene un poder de contagio altísimo. Los cuadros más severos suelen darse en menores de 5 años, en personas con las defensas bajas o con desnutrición. La única herramienta realmente eficaz para frenarla es la vacunación.
Según explica la infectóloga pediátrica Virginia Verdaguer (M.N. 95.673), aunque es una enfermedad prevenible, los brotes reaparecen por una combinación de factores: coberturas de vacunación insuficientes, esquemas atrasados, falta de información, barreras de acceso y un aumento de los viajes internacionales de personas no inmunizadas que reintroducen el virus en comunidades vulnerables.
Un ejemplo concreto ocurrió en Nueva York, donde el 5 de octubre de 2026 se declaró una emergencia por desastre. Hasta el 3 de octubre se habían notificado 108 casos: 7 en la ciudad y 101 en el resto del estado. De ese total, 92 se registraron desde el 15 de julio en comunidades rurales con inmunización insuficiente, distribuidas en 18 condados. La orden amplió el grupo de profesionales habilitados para vacunar y pedir pruebas.
Cómo se contagia y qué señales aparecen
El virus viaja de persona a persona a través de las gotitas respiratorias que quedan suspendidas en el aire cuando alguien respira, habla, tose o estornuda. Esas partículas pueden permanecer en el ambiente y en las superficies hasta dos horas. La contagiosidad es enorme: hasta 9 de cada 10 contactos susceptibles pueden infectarse. Una persona puede transmitirlo desde cuatro días antes hasta cuatro días después de que aparece la erupción.
Los síntomas suelen arrancar entre 7 y 14 días después del contacto: fiebre alta, tos, secreción nasal, ojos rojos y malestar general. Después aparece una erupción que empieza en la cara y se extiende al resto del cuerpo. Ante fiebre y erupción, hay que consultar de inmediato. Si se puede, conviene llamar antes al centro de salud o avisar que se sospecha sarampión, para que el personal tome medidas de aislamiento respiratorio y no exponga a otros pacientes en la sala de espera. También hay que informar viajes o contactos y evitar el transporte público, la escuela y el trabajo.
Las complicaciones no son un detalle menor
Lejos de ser una enfermedad benigna, el sarampión puede derivar en cuadros graves e incluso causar la muerte. Entre las complicaciones más habituales aparecen la otitis, la diarrea y la neumonía, que es una de las principales causas de hospitalización. También puede provocar encefalitis (inflamación del cerebro), poco frecuente pero potencialmente grave y con posibles secuelas neurológicas permanentes.
A esto se suma que la infección puede debilitar temporalmente el sistema inmunológico y aumentar la susceptibilidad a otras infecciones. Durante el embarazo, el sarampión se asocia con complicaciones para la madre y el bebé, incluyendo parto prematuro. Los grupos con mayor riesgo de cuadros severos son:
- Niños menores de 5 años.
- Adultos.
- Mujeres embarazadas.
- Personas con inmunocompromiso.
- Personas con desnutrición.
La vacuna, esa gran aliada
La prevención mediante la vacunación sigue siendo la medida más importante para evitar complicaciones y proteger a los más vulnerables. La Triple Viral protege contra sarampión, rubéola y paperas, es gratuita y se aplica en vacunatorios y hospitales públicos. Desde el 1° de enero de 2026, el esquema depende de la edad y la fecha de nacimiento:
- 12 meses: primera dosis de Triple Viral para todos los niños y niñas.
- 15 a 18 meses: segunda dosis para los nacidos desde el 1° de julio de 2024.
- A los 5 años (ingreso escolar): segunda dosis para los nacidos en 2021, 2022, 2023 y hasta el 30 de junio de 2024.
Las dosis de campaña, bloqueo, control de brote o «dosis cero» no reemplazan las dosis regulares. Si una dosis se atrasó, el esquema puede completarse sin reiniciarlo.
Los adultos también tienen que ocuparse
En Argentina sigue latente el riesgo de reintroducción del virus a través de viajeros que llegan de países donde la enfermedad circula. Un solo caso importado podría generar transmisión local si entra en contacto con personas mal protegidas. La situación de Nueva York es un espejo de ese riesgo: más de cien casos concentrados en comunidades con bajos niveles de vacunación.
Para evitar brotes no alcanza con un buen promedio nacional de cobertura. Hace falta que la vacunación sea alta y homogénea en todas las comunidades. Cuando se acumulan grupos sin vacunar, el virus encuentra el terreno ideal para propagarse. Además, las altas coberturas generan una protección indirecta para quienes no pueden vacunarse por indicación médica, como algunas personas inmunocomprometidas o embarazadas.
La forma más simple de chequear la protección es revisar el carnet o cualquier registro disponible. En el país, las personas mayores de 5 años, adolescentes y adultos deben acreditar dos dosis de vacuna con componente contra sarampión y rubéola aplicadas después del año de vida, o bien contar con una serología IgG positiva. Los nacidos antes de 1965 se consideran protegidos porque estuvieron expuestos al virus cuando circulaba ampliamente.
Muchos adultos no conservan el carnet o no recuerdan si recibieron las dosis. En esos casos conviene consultar en un vacunatorio o con un profesional. Ante la duda, nunca hay que asumir que se está protegido. Verificar el estado de vacunación es clave antes de viajar o frente a la aparición de brotes.
Qué mirar antes de subirse a un avión
Quienes planean viajar deberían revisar su esquema con suficiente anticipación, sobre todo si el destino tiene circulación activa del virus. Los lactantes de 6 a 11 meses que viajen a zonas de riesgo pueden necesitar una dosis anticipada, aunque esa dosis no reemplaza las del Calendario Nacional, que deberán aplicarse después según la edad.
Los niños más grandes, adolescentes y adultos deben confirmar que tengan las dosis recomendadas. Si hay dudas, lo ideal es consultar antes del viaje para completar el esquema. También hay que estar atentos a los síntomas posteriores: si durante el viaje o dentro de las tres semanas siguientes aparecen fiebre, erupción, tos, secreción nasal u ojos rojos, hay que consultar de inmediato e informar el antecedente de viaje. Ese dato facilita el diagnóstico precoz y ayuda a frenar nuevos contagios.
El sarampión es altamente contagioso, pero también una de las enfermedades prevenibles por vacunación con mayor efectividad. Revisar las vacunas antes de viajar es una medida simple que reduce de manera significativa el riesgo individual y comunitario.