Un elemento que solemos asociar a las baterías recargables y a ciertos tratamientos psiquiátricos podría tener un rol inesperado en la salud cardíaca infantil. Según una investigación reciente, los chicos que viven en zonas donde el agua potable presenta concentraciones más altas de litio tendrían más chances de padecer una afección cardíaca congénita poco común.
El trabajo, difundido en una publicación científica especializada, encontró que en los condados de California con los mayores niveles de este elemento en el agua, los menores mostraron un 71% más de probabilidades de recibir un diagnóstico de síndrome de Wolff-Parkinson-White (WPW). Se trata de un defecto que puede desencadenar latidos peligrosamente acelerados.
¿Qué es exactamente el WPW? Se produce cuando un chico nace con una hebra extra de músculo cardíaco que genera una conexión eléctrica anómala en el corazón. La mayoría de los pacientes no tiene antecedentes familiares, lo que llevó a los investigadores a sospechar de factores ambientales, como la exposición al litio durante el desarrollo fetal.
El doctor Gregory Marcus, investigador principal y profesor titular en fibrilación auricular de la Universidad de California San Francisco, explicó que estas vías se conocen desde hace décadas y se saben tratar, pero hasta ahora no se comprendía por qué se desarrollaban. En ese sentido, calificó el hallazgo como un paso prometedor porque apunta a un posible factor ambiental modificable, aunque remarcó la necesidad de más estudios para confirmar si el litio realmente contribuye a su aparición.
El WPW se asocia con un leve incremento del riesgo de muerte súbita por paro cardíaco. El tratamiento habitual es la ablación, un procedimiento que emplea electricidad para destruir el tejido cardíaco responsable de las conexiones anormales.
Investigaciones anteriores ya habían relacionado las dosis medicinales de litio consumidas durante el embarazo con un mayor riesgo de defectos cardíacos congénitos. Eso motivó al equipo a preguntarse si el litio presente de forma natural en el agua potable podría tener un efecto similar.
Para el estudio, los científicos cruzaron datos locales de calidad del agua con registros de salud de más de 2,3 millones de niños en California y casi 2 millones en Nueva York. Los resultados fueron consistentes: el cuarto superior de los condados californianos con más litio mostró probabilidades significativamente mayores de WPW, y algo parecido ocurrió en Nueva York.
Vale aclarar que el litio en el agua potable no está regulado actualmente en Estados Unidos, aunque las autoridades federales exigen monitorear los niveles. El Servicio Geológico de ese país también mide su presencia en las aguas subterráneas.
Los propios autores fueron cuidadosos: el estudio no puede probar que el litio cause directamente el WPW, solo establece un vínculo posible. Otros factores ambientales o genéticos podrían explicar la asociación.
Además, pidieron no alarmarse por la seguridad del agua potable, incluidas las embarazadas. El WPW es realmente raro: solo 686 de los más de 2,3 millones de niños californianos tenían un diagnóstico documentado.
- El siguiente paso, según Marcus, es determinar si el litio en sí contribuye al desarrollo de estas vías.
- También habrá que precisar cuánto importa la exposición y en qué momento del desarrollo pesa más.
- Eso exigirá estudios capaces de medir la exposición con mucha mayor precisión.
En definitiva, la investigación abre una puerta interesante pero deja más preguntas que certezas. Como suele pasar en ciencia, conviene tomar los resultados con pinzas y esperar nuevas evidencias antes de sacar conclusiones definitivas sobre el agua que tomamos todos los días.