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Movimiento infantil según cada etapa: guía práctica para padres

La reducción del tiempo de juego y movimiento en la infancia preocupa a expertos en desarrollo infantil. Descubrí cómo potenciar la actividad física según la edad de tus hijos para garantizar un crecimiento saludable y equilibrado.

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Editorial

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El sedentarismo infantil es una realidad cada vez más presente en nuestras sociedades. Con el aumento de tareas escolares y la omnipresencia de pantallas, muchos chicos pierden oportunidades valiosas para moverse, jugar y desarrollarse plenamente. Esta tendencia genera preocupación entre profesionales de la salud, quienes señalan que la falta de movimiento impacta negativamente en el desarrollo físico, emocional y social de los pequeños.

Frente a este panorama, especialistas en medicina deportiva enfatizan la necesidad de crear espacios que estimulen el movimiento de manera natural y placentera. Integrar el juego, la exploración y la participación conjunta en la rutina familiar no solo combate el sedentarismo, sino que también fortalece la salud integral, mejora el estado emocional y prepara el terreno para una adultez más activa y equilibrada.

La pregunta que muchas familias se hacen es: ¿cómo convertir el ejercicio en algo natural y disfrutado por los niños? La respuesta requiere entender qué tipo de actividades resultan apropiadas en cada momento del crecimiento.

Impacto del movimiento en el desarrollo infantil

La actividad física regular en la infancia genera beneficios que van más allá de lo evidente. Fortalece el sistema óseo y muscular, mejora la calidad del sueño y potencia el rendimiento académico. Además, favorece la salud cardiovascular y respiratoria, desarrolla la coordinación motriz y contribuye a mantener un peso saludable.

Desde una perspectiva emocional, el movimiento actúa como regulador natural del estrés y la ansiedad. Los especialistas en fisiología del ejercicio subrayan que establecer patrones de movimiento durante la infancia es fundamental para prevenir lesiones futuras y consolidar un estilo de vida activo en la edad adulta.

Recomendaciones según cada etapa del crecimiento

Menores de cinco años: En esta etapa, el juego espontáneo es el protagonista. Actividades como correr, saltar, jugar con agua y bailar permiten que los pequeños descubran distintas formas de moverse mientras desarrollan habilidades motrices básicas. La clave está en la exploración libre, sin presión competitiva ni estructuras rígidas.

Entre seis y ocho años: Es momento de introducir actividades más organizadas que refuercen la motricidad gruesa. Ejercicios simples de calistenia, yoga adaptado para niños y juegos tradicionales de patio resultan ideales. Los deportes comunitarios, gimnasia, artes marciales o boxeo pueden sumarse en ambientes inclusivos, priorizando siempre la diversión sobre el rendimiento.

Niños de nueve a doce años: Esta etapa permite incorporar ejercicios de fuerza usando el peso corporal, como flexiones, abdominales y sentadillas. Los deportes de equipo, rutinas de estiramiento y actividades como ciclismo, natación y atletismo son especialmente motivadoras. Es crucial enseñar la técnica correcta para prevenir lesiones, especialmente durante los cambios físicos de la pubertad.

Adolescentes de trece a diecisiete años: Los jóvenes pueden avanzar hacia entrenamientos más complejos, incluyendo circuitos de resistencia y programas deportivos específicos. El entrenamiento de fuerza supervisado es completamente seguro a esta edad y resulta fundamental para prevenir lesiones y mejorar el desempeño general, contrario a lo que algunos mitos sugieren.

La familia como modelo y motivadora

El ejemplo familiar es determinante para consolidar hábitos de movimiento duraderos. Salidas a caminar, juegos grupales y aprovechamiento del tiempo libre en conjunto estimulan la participación de niños y adolescentes de manera natural.

Los expertos recomiendan variar constantemente las actividades recreativas para evitar el aburrimiento y la especialización temprana, que podría causar lesiones por sobreesfuerzo. Distribuir el movimiento en pequeños fragmentos a lo largo del día y priorizar el juego libre permite que cada niño encuentre sus propias preferencias, ya sea en grupo o de forma independiente.

Lo fundamental es apoyar y motivar sin imponer, permitiendo que experimenten con diferentes deportes y formas de moverse. El objetivo final es cultivar el gusto genuino por un estilo de vida activo, flexible y sostenible en el tiempo.

Lo esencial: movimiento sin complicaciones

No se requieren equipos costosos ni rutinas elaboradas para lograr que los niños se muevan. Lo importante es brindar oportunidades para jugar, explorar y fortalecer el cuerpo disfrutando de cada fase del crecimiento. Cuando los chicos encuentran placer en el movimiento desde pequeños, la actividad física se convierte en parte natural de sus vidas, sentando las bases para una salud integral a largo plazo.

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