Una imagen que regresa periódicamente a las redes sociales promete revelar el nivel de tensión emocional de quien la observa mediante la velocidad aparente de su movimiento. Desde 2018, esta ilustración circular con patrones hipnóticos reaparece en Facebook, X y Reddit acompañada de afirmaciones pseudo científicas que millones de usuarios comparten sin verificar.
El relato que acompaña la imagen es siempre similar: atribuye su creación a un supuesto neurólogo o psicoterapeuta japonés y ofrece una escala diagnóstica que va desde tranquilidad total hasta agotamiento peligroso. La fórmula resulta efectiva porque combina curiosidad, ansiedad y la promesa de autoconocimiento instantáneo. Los comentarios en redes reflejan esta dinámica: usuarios bromean sobre su nivel de estrés, expresan preocupación genuina o resignación ante los resultados que creen obtener.
La verdad sobre el origen de esta ilustración es completamente distinta. El autor real fue Yurii Perepadia, un artista digital ucraniano que creó la imagen en 2016 con propósitos puramente artísticos, no clínicos ni diagnósticos. Perepadia utilizó Adobe Illustrator y basó su trabajo en principios conocidos de la percepción visual, específicamente en efectos estudiados por Akiyoshi Kitaoka, profesor de psicología en la Universidad Ritsumeikan de Osaka.
La desinformación alcanzó tal magnitud que organismos de verificación internacionales intervinieron. La BBC, BuzzFeed News y Snopes desacreditaron la afirmación en 2018, cuando la imagen alcanzó su primer pico masivo de viralidad. Reuters volvió a desmentirla en 2020 tras detectar un nuevo ciclo de circulación. Todos los análisis coincidieron: la imagen carece de capacidad para medir estrés o cualquier aspecto de la salud mental.
El propio Perepadia explicó en múltiples ocasiones cómo fue creada su obra. En una publicación de Instagram del 18 de noviembre, detalló: «Dibujé esta ilusión óptica en Adobe Illustrator el 26 de septiembre de 2016» y aclaró que le llevó aproximadamente dos horas completarla. Nunca la concibió como herramienta psicológica. Cuando descubrió las publicaciones falsas en redes, su reacción fue de enojo legítimo: se trataba de una violación de derechos de autor y una tergiversación deliberada de su trabajo.
El artista también fue categórico respecto a los supuestos expertos mencionados: «El psicoterapeuta japonés Yamamoto Hashima no existe realmente» y no tiene relación alguna con su creación. Esta figura ficticia fue inventada para otorgar credibilidad falsa al relato viral.
Cómo funciona realmente la ilusión óptica
El efecto visual que produce la imagen se basa en mecanismos neurológicos bien documentados. El contraste entre blanco y negro, combinado con fondos de color y patrones repetitivos, provoca micro movimientos involuntarios de los ojos. El cerebro interpreta estas señales como desplazamiento real, aunque la imagen sea completamente estática.
La percepción varía significativamente entre individuos según factores como:
- Iluminación del ambiente
- Cansancio visual acumulado
- Tiempo de observación sostenida
- Diferencias neurológicas individuales
Ninguno de estos elementos funciona como indicador clínico del estrés mental. Los especialistas en salud mental coinciden en que diagnosticar estados emocionales complejos a partir de una imagen carece completamente de sustento científico. El estrés, la ansiedad y el agotamiento psicoemocional requieren evaluaciones integrales que contemplen contexto personal, historia clínica y síntomas específicos evaluados por profesionales calificados.
El mecanismo de propagación de la desinformación
El episodio ilustra claramente cómo funcionan las redes sociales en relación con la información falsa. Una imagen impactante, un relato simple y la promesa de autoconocimiento rápido fueron suficientes para instalar una creencia falsa durante años. La invención de autoridad científica y el uso de lenguaje técnico reforzaron la ilusión de veracidad.
La velocidad de difusión superó cualquier intento individual de corrección. Cada nuevo usuario que compartía la imagen reforzaba el mito y le otorgaba apariencia de legitimidad colectiva. Los desmentidos, aunque existieron, nunca alcanzaron la misma viralidad que la afirmación original.
Con el tiempo, Perepadia observó un cambio alentador cuando más personas descubrieron la verdad sobre el origen de su trabajo. Aunque la corrección no se propagó con la misma intensidad, permitió frenar parcialmente la desinformación y generar cuestionamiento crítico en parte de la audiencia.
La recomendación final es consistente y clara: frente a preocupaciones genuinas sobre salud mental y bienestar emocional, consultar con un profesional calificado siempre representa una opción infinitamente más segura y confiable que intentar autodiagnósticos basados en imágenes compartidas en redes sociales. Las ilusiones ópticas, por fascinantes que sean, no son herramientas clínicas válidas para evaluar la salud psicológica.