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Cómo los psicodélicos reorganizan las redes neurales del cerebro

Investigadores de múltiples continentes descubrieron patrones consistentes en cómo los psicodélicos alteran la actividad cerebral. Lejos de causar desorden neuronal, estas sustancias reorganizan conexiones clave de formas medibles y específicas.

Autor
Editorial

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Un hallazgo que cambia la perspectiva sobre los psicodélicos

Durante años, la comunidad científica ha debatido cómo actúan realmente los psicodélicos en nuestro cerebro. Ahora, una investigación coordinada a escala internacional ofrece respuestas concretas basadas en el análisis de más de 550 imágenes de resonancia magnética funcional provenientes de 267 voluntarios distribuidos en once proyectos de investigación independientes, abarcando cinco naciones y tres continentes.

El trabajo, coordinado por el Consorcio Psicodélico BOLD —fundado en 2021 por especialistas de instituciones de renombre como la Universidad de California en San Francisco, la Universidad McGill y la Universidad de Cambridge—, identificó patrones neurales compartidos entre cuatro sustancias psicoactivas: psilocibina, LSD, DMT (incluida la ayahuasca) y mescalina.

El puente entre el pensamiento y la percepción

Uno de los descubrimientos más relevantes refiere a cómo estas sustancias modifican la comunicación entre sistemas cerebrales que normalmente operan de manera segregada. En condiciones ordinarias, las áreas responsables del pensamiento abstracto y la autorreflexión funcionan independientemente de aquellas que procesan información sensorial directa —visión, audición, tacto—.

Sin embargo, bajo los efectos de estos compuestos, esa separación se disuelve. La corteza de asociación transmodal (vinculada al pensamiento complejo) comienza a comunicarse intensamente con la corteza sensorial unimodal (procesamiento de sentidos), generando una integración neuronal inusual. Como lo expresó el investigador principal del proyecto, esto equivale a que «las regiones de pensamiento de alto nivel y las sensoriales empezaran a hablar entre sí con una libertad que no es habitual».

Este fenómeno sugiere una reducción temporal en la barrera que separa cómo pensamos del modo en que percibimos la realidad, lo cual podría explicar experiencias subjetivas reportadas por usuarios de estas sustancias.

Cambios en estructuras profundas del cerebro

Más allá de la corteza cerebral, la investigación detectó alteraciones significativas en regiones subcorticales, particularmente en el núcleo caudado y el putamen. Estas zonas resultan cruciales para coordinar cómo percibimos el entorno y cómo respondemos motrizmente a él.

Reorganización, no caos cerebral

Un aspecto fundamental del estudio radica en lo que refuta respecto a investigaciones previas de menor escala. Trabajos anteriores sugirieron que los psicodélicos provocaban un «colapso» generalizado en las redes cerebrales, una afirmación que este análisis cuestiona frontalmente.

Utilizando modelos probabilísticos bayesianos sofisticados, los investigadores demostraron que estas sustancias no generan desorden neuronal global, sino que reorganizan la comunicación interna de formas específicas, medibles y reproducibles. Esta distinción resulta crucial: no se trata de caos, sino de reconfiguración.

Implicaciones para la investigación futura

En un contexto donde el interés en terapias asistidas con psicodélicos crece exponencialmente —particularmente para depresión y estrés postraumático—, este estudio establece límites claros sobre qué afirma y qué no.

Los autores enfatizan que:

  • El análisis examinó efectos agudos durante el estado psicodélico, no cambios cerebrales permanentes
  • No demuestra eficacia clínica para tratar trastornos psiquiátricos
  • Aunque identificó patrones compartidos, cada psicodélico mantiene características particulares

La necesidad de estudios más robustos

Según los investigadores, el siguiente paso requiere comparaciones directas entre diferentes psicodélicos bajo condiciones estandarizadas, utilizando metodologías consistentes y cohortes más amplias. Solo así será posible construir «un mapa más confiable y robusto de cómo estos compuestos afectan el cerebro» y, eventualmente, convertir esos hallazgos en intervenciones clínicas significativas.

Como advierte uno de los coordinadores principales, «si la investigación con psicodélicos quiere madurar responsablemente, necesita evidencia coordinada a gran escala». Este trabajo representa un paso fundamental en esa dirección.

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Editorial