Con la llegada de las temperaturas bajas, la preocupación por las afecciones respiratorias se intensifica. Este fenómeno no ocurre porque el frío debilite las defensas por sí solo, sino porque confluyen varios factores que crean un escenario propicio para las infecciones: mayor densidad viral en circulación, permanencia prolongada en espacios cerrados, ventilación reducida, aire seco que daña la mucosa respiratoria, alteraciones del sueño y menor exposición a la luz solar.
Según especialistas en medicina interna consultados, durante los meses de otoño e invierno el contexto ambiental y los cambios en los hábitos generan condiciones que favorecen las infecciones respiratorias. En este período, virus como la influenza, el sincicial respiratorio y el rinovirus presentan un patrón estacional de circulación intensificada. El aire frío y seco afecta particularmente el sistema mucociliar, una barrera defensiva que funciona como una cinta transportadora eliminando partículas virales, bacterias y contaminantes hacia la boca. Cuando esta función se ve comprometida, los patógenos encuentran un camino más fácil hacia las vías respiratorias.
Nueve pilares para fortalecer las defensas naturales
La renovación constante del aire en espacios cerrados representa una de las medidas más efectivas para reducir la transmisión viral. Ventilar diariamente disminuye significativamente la carga viral acumulada en ambientes interiores. Esta práctica también previene intoxicaciones por monóxido de carbono, un riesgo que en Argentina registra cientos de casos anuales, la mayoría prevenibles.
La exposición solar razonable mantiene niveles adecuados de vitamina D, un modulador crucial de la respuesta inmunológica. La menor exposición solar invernal se asocia con deficiencia de este nutriente, vinculado a mayor susceptibilidad ante infecciones respiratorias. Se recomiendan entre 10 y 20 minutos diarios de exposición solar, adaptados según el tipo de piel, condiciones climáticas y horarios, evitando las horas de mayor intensidad.
Una alimentación equilibrada asegura el aporte de micronutrientes esenciales como zinc, hierro y vitaminas A, C, D y E. Priorizar frutas, verduras, legumbres, proteínas de calidad, yogur, frutos secos, pescado y cereales integrales mientras se limitan alimentos ultraprocesados, azúcares refinados y alcohol, fortalece la inmunidad. Contrario a creencias populares, no existe evidencia de que el consumo excesivo de vitamina C mejore las defensas; lo que sí funciona es el aporte equilibrado de nutrientes para acortar tiempos de infección.
La higiene de manos frecuente constituye una herramienta fundamental para prevenir enfermedades infecciosas más allá de afecciones respiratorias. Se recomienda especialmente el lavado al llegar a casa y antes de comer.
El ejercicio físico regular de intensidad moderada, con al menos 150 minutos semanales o 75 minutos de actividad intensa, se asocia con menor incidencia de infecciones respiratorias. La actividad física mejora la circulación de células inmunológicas y modera la inflamación sistémica.
El descanso adecuado entre siete y nueve horas diarias fortalece la inmunidad y mejora la recuperación ante exposición viral. Dormir menos de seis horas por noche aumenta la probabilidad de desarrollar infecciones respiratorias tras contacto con virus. Además, el sueño insuficiente afecta la respuesta a vacunas y ralentiza la recuperación.
El manejo del estrés crónico es fundamental porque su persistencia altera la respuesta inmunológica a través del eje hipotálamo-hipófiso-adrenal, elevando cortisol y reduciendo la función de linfocitos T y células NK, favoreciendo inflamación crónica. Estudios controlados demuestran que personas con mayor estrés psicológico presentan mayor riesgo de desarrollar síntomas tras exposición a virus respiratorios.
Evitar hábitos tóxicos como tabaquismo y consumo excesivo de alcohol es clave. El humo del cigarrillo deteriora las defensas locales pulmonares e incrementa significativamente el riesgo de infecciones respiratorias.
Una hidratación suficiente de al menos dos litros de agua diarios mantiene la función de las mucosas y la respuesta inmunológica en condiciones óptimas.
La vacunación: estrategia central de protección
La vacunación anual contra la influenza y los refuerzos de COVID-19, junto con la vacuna contra el neumococo en grupos de riesgo, representan estrategias centrales para prevenir formas graves de enfermedad, hospitalización y muerte, especialmente en poblaciones vulnerables. La efectividad varía según la coincidencia con las cepas circulantes cada año, pero múltiples estudios internacionales demuestran beneficios consistentes en la reducción de complicaciones graves.
En Argentina, la vacunación antigripal es gratuita para grupos definidos por el Ministerio de Salud: personal sanitario, embarazadas, niños pequeños, adultos con enfermedades crónicas y mayores de 65 años. El esquema contempla una dosis anual adaptada a las cepas circulantes. Para menores de seis a 24 meses que reciben la vacuna por primera vez, se requieren dos dosis separadas por cuatro semanas, seguidas de una dosis anual posterior.
Recientemente, la vacuna contra el virus sincicial respiratorio ha ganado relevancia para embarazadas y adultos mayores de 60 años, ampliando las opciones de protección en grupos vulnerables.
Qué hacer ante síntomas respiratorios
Frente a síntomas leves como congestión, dolor de garganta, tos o febrícula, la recomendación es permanecer en casa, hidratarse, descansar, ventilar ambientes y mantener higiene de manos. Evitar contacto cercano con otras personas, especialmente aquellas con mayor riesgo de complicaciones, es fundamental. Si es necesario estar cerca de otros, el uso de barbijo es aconsejable.
No se recomienda automedicarse con antibióticos, ya que la mayoría de las infecciones respiratorias son de origen viral y los antibióticos no las tratan. Ante síntomas leves, la conducta inicial debe incluir paracetamol o ibuprofeno si corresponde, descanso y ventilación.
Es importante consultar al médico ante fiebre persistente, dificultad respiratoria, dolor torácico, empeoramiento rápido o si la persona tiene enfermedades crónicas, está inmunodeprimida, es embarazada o mayor de 65 años.
Ambos especialistas coincidieron en que la prevención depende de sostener hábitos saludables de forma consistente y de la vacunación, más que de intervenciones aisladas o puntuales. El fortalecimiento del sistema inmunológico es un proceso continuo que requiere compromiso con estos pilares fundamentales.