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RedSaludArgentina

Testosterona y corazón: el delicado equilibrio que pocos conocen

La testosterona no es solo la hormona de la vitalidad masculina; su desequilibrio puede jugar una mala pasada al corazón. Una nueva revisión científica pone el foco en los riesgos cardíacos asociados a niveles extremos de esta hormona, desafiando la idea de que "más es mejor".

Autor
Editorial

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El mito de la «fuente de la juventud» masculina tiene nombre propio: testosterona. Pero, ¿qué pasa cuando esa fuente se desborda? Una revisión reciente publicada en el Journal of the Endocrine Society sacude el avispero al señalar que tanto el déficit como el exceso de esta hormona pueden ser un detonante de problemas cardíacos serios, específicamente de fibrilación auricular.

El cardiólogo Rajat Barua, del Centro Médico de Asuntos de Veteranos de Kansas City, lideró el análisis que evaluó datos de estudios previos. La conclusión es contundente: la relación entre testosterona y salud cardíaca no es lineal, sino que dibuja una curva en forma de «U». Es decir, los extremos son peligrosos; el punto justo, el equilibrio, es lo que protege.

La fibrilación auricular no es un detalle menor. Se trata de un trastorno del ritmo cardíaco que multiplica el riesgo de sufrir un ictus y que, en muchos casos, obliga a un tratamiento anticoagulante de por vida. Por eso, entender qué rol juega la testosterona en este escenario es clave, sobre todo en una época donde la terapia de reemplazo hormonal se receta con entusiasmo para hombres de mediana edad y mayores.

¿Cómo afecta la testosterona al sistema eléctrico del corazón?

Según los investigadores, la hormona influye directamente en el sistema eléctrico cardíaco. Niveles bajos o altos pueden alterar el ritmo natural del corazón, generando arritmias que, en el peor de los casos, derivan en eventos cerebrovasculares. El mecanismo biológico detrás de cada extremo sería diferente, pero el resultado final es el mismo: un corazón que late fuera de compás.

Esto pone en jaque la práctica médica habitual. Barua es claro al afirmar que «el tratamiento debe individualizarse y supervisarse». No se trata de llegar a cualquier número, sino de apuntar a un rango óptimo.

¿Cuál es el nivel «ideal» de testosterona?

La revisión sugiere que los médicos deberían buscar restaurar la testosterona a niveles normales, cerca del rango medio de 350-550 dg/dL, en lugar de llevarla al límite superior. Esta recomendación choca con la tendencia de algunos tratamientos que buscan maximizar la hormona para potenciar la masa muscular o la libido, sin considerar el impacto cardiovascular.

Para minimizar riesgos, los especialistas proponen un enfoque integral:

  • Usar fármacos de liberación continua para estabilizar los niveles hormonales.
  • Monitorear de cerca el ritmo cardíaco, la presión arterial y los análisis de sangre.
  • Controlar la función renal y hepática durante todo el tratamiento.
  • Evaluar factores de riesgo preexistentes como obesidad, apnea del sueño, hipertensión o consumo de alcohol antes de iniciar la terapia.

La conclusión es un llamado a la prudencia. La testosterona no es un juguete; es una hormona poderosa que, mal administrada, puede convertirse en un enemigo silencioso del corazón. La próxima vez que alguien hable de «subir la testosterona» como quien sube el volumen de un equipo de música, habrá que recordarle que el corazón también tiene su propio ritmo, y que no conviene alterarlo.

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Editorial